“Muchos poetas le deben la vida a la televisión”

Entrevista a Héctor Kalamicoy

Por Adela Salzmann // adelablew@gmail.com

 

Héctor Kalamicoy nació en Bahía Blanca en 1978 y actualmente vive en Neuquén. Estudió Letras en la Universidad del Comahue, donde ahora es profesor, y trabaja como corrector en el diario La Mañana de Neuquén y en la revista Maipué. Su trabajo Introducción a un feo lugar fue editado por el Ministerio de Educación de la Nación para ser distribuido por las escuelas de Neuquén. Ha escrito relatos como Kamasutra apócrifo y No es país para milicos viejos.

 

El Congreso Nacional expresó preocupación y rechazo por la distribución en las escuelas de Neuquén del poemario Introducción a un feo lugar.

El Congreso no tiene autoridad en nada. Igual yo sentía una curiosidad enorme de que esos viejos rábanos ladrones se pusieran a analizar los límites entre literatura y realidad. Me daba risa pensarlos estudiando teoría literaria, analizando elementos estéticos. Hubiera estado bueno, pero son muy perezosos y sólo me tildaron de terrorista y me prohibieron en algunos pueblos de la zona. Ah, y me olvidaba, con la complicidad del sindicato de colectiveros, putos traidores que no terminaron la primaria (por las dudas: desde la mayúscula es ficción).

 

¿Cómo definirías lo feo?

La mayor parte de las veces lo feo tiene que ver con la lucha constante en contra de la imposición de una realidad. Es un reniego exagerado a aceptar la cuchara en la boca, el modelo en el que uno tiene que desempeñar tal o cual papel para complacer al resto. No hay imagen idílica cuando se está abajo y no alcanza con “el pobre pero honesto”. Tampoco satisface el manejo cuasi burgués que se ha hecho de la poesía y del lugar de expresión. Las autoridades tienden a instalar al que expresa un canto de contento como el vate de tal o cual lugar. O se promueve aquel que pintorescamente se comporta como una mosca dentro de un frasco y transcribe en libros sus garabatos existenciales. Ese canto al ombligo satisface en gran modo al que está arriba, se ubica en un casillero al “rebelde”, que termina al fin sufriendo el abuso constante de su propio monumento o no dependiendo esto de vaya a saber uno qué.

 

¿Por qué es provocadora tu poesía?

El arte es una herramienta, y si tristemente es rústica, insultante, muy parecida a una vara, habrá que darle tal uso, al modo de la antigua Roma, donde el poeta se refugiaba en el insulto desnudo y en el derecho para acicatear y pinchar al que estaba arriba y no hacía las cosas bien. También es tarea del poeta el mostrar la sombra de la vara, la exageración, porque al fin y al cabo es nomás un simple palo.

Aunque no lo creamos, la gente en Argentina tiene esa dualidad de inmigrantes chupamedias. Ese tratar de quedar bien con el entorno, así que si la autoridad dice que está mal que una nena abusada de doce no aborte, todos estos inmigrantes no auto asumidos se golpean el pecho y esparcen ceniza sobre sus huecas molleras. Qué mejor movimiento artístico que mostrarles eso, que bien que los irrita y los hace pensar y todo lo que sigue. De todos modos siempre es mejor que mirar para otro lado y decir “yo argenti…”.

 

¿Qué cosas pensás que no se pueden decir, hablar o mostrar?

Sobre hablar o no hablar de algo, sólo impera el gusto particular de cada uno. La gente se enoja si se habla de los alquileres altos, de cómo unos pocos con la complicidad del Estado se aprovechan de sus congéneres y prácticamente los sangran. A los que alquilan no les va a gustar y a los inquilinos les van a brillar los ojos de emoción. A mí particularmente me hace sentir bien hablar de lo que me indigna del comportamiento humano; de aquello que dobla mi sentir como una palmera frente a un huracán. Ese tipo de cosas que uno dice “mi vieja no tenía puta noción de la realidad cuando decía que había que ayudar a los pobres, no robar, etc.”  Parece que para ser humano en estos días hay que entrarle con un taladro a un cajero y refrescar la mecha en la oreja de una anciana. O robar como un político y mentir, mientras desde el más comunista al más derechista ambos se llevan la ostra a la boca en la misma mesa.

 

¿Qué considerás que es “la oscuridad” que algunos encuentran en tu trabajo?

Quizá tenga que ver con una concepción cristiana arraigada que le debo a un temprano lavado de cabeza de unos adventistas vecinos míos (cuando mi mamá se iba a trabajar a una fábrica y nos dejaba solos todo el día). De todas sus charlatanerías poco ingeniosas a mí sólo me atraía el apocalipsis, el después nunca me interesó. ¿Acariciar corderos por el resto de la eternidad? Había que ser muy huevón como para no comérselos a la semana y después querer entrarle a un ángel, que al fin y al cabo es una paloma de setenta kilos. Estaba copado ese momento en que todo se iba a la mierda por un caño: muertos, vivos, putas y mendigos se mezclaban con fuego a discreción. Más allá de eso yo no pensaba una mierda en nada más. Quizá también tenga que ver con vivir en Argentina donde todos son unos hijos de puta intolerantes y unos nazis clasistas, envidia del Tercer Reich. Tantas crisis hacen que uno tenga por horizonte el alambrado de púas, como los que vivieron los campos de concentración nazi. Entonces cuando vienen los buenos tiempos, ¿uno tiene que desaparecer? ¿La amnesia quizá? Y todo para favorecer a unos pocos positivos a los que les va bien. A veces deseo tener un torno de dentista gigantesco para hacerlo sonar todo el tiempo. Por lo tanto que se irrite todo el mundo y lo que vean de negro en lo que escribo, que lo sigan viendo y que se jodan, como se jode todo el mundo.

 

¿Cómo usas la exageración?

Siempre está esa vocecita interior con acento francés que me dice “¿por qué no?” Entonces por qué no exagerar, comportarse como un futbolista al que el rival le muestra el botín y cae fulminado como por un rayo divino. De chico me quedaba viendo un dibujito animado en el que todo giraba alrededor de un pajarillo pequeño que se anunciaba con una sombra gigante y ante el cual las montañas se abrían como si fuera un gigante y sólo era un ave sin ninguna gracia. Eso es exagerar. La exageración tiene que ver también con el procedimiento de fijar algo en la mente del oyente argentino, para el que si no se gana el Mundial estamos perdidos y es el fin del mundo. A veces uno exagera y se queda corto, como por ejemplo cuando me refiero al colectivo como una porquería que transporta a la gente como ganado y que sin frenos algún día va a chocar y no va a quedar ni uno para dar testimonio. Debería haberme extendido a los trenes, me quede corto en la crítica al sistema de transporte, debí exagerar. En este momento me extendería a los barcos y aviones y desconfiaría hasta de las piernas de la gente, que tan seguras no parecen ser, porque de vez en cuando alguna vieja da por el suelo.

 

¿Qué relación encontrás entre televisión y poesía?

Muchos poetas le deben la vida a la televisión. Muchos escritores que conozco se expresan como personajes de series yanquis mal traducidas a un mexicano estándar. Otros se manejan como habitantes de películas europeas que buscan hacer aquello que “los completa y los hace felices”. Buscan la paz en la escritura y pocos dicen la verdá de la milanesa, que escribir es un trabajo aburrido y mal pago, en el que los editores la juntan en pala y los escritores se rompen el culo tratando de ser ingeniosos para darle de comer a la musa que tiene en casa y al producto de ese amor inspirador que venido al caso no son poemas y lloran y toman leche.

La televisión es parte de todo actualmente, pero te cuento un secreto: cuando yo era chico en mi casa no había televisión por ser pobres (situación que he heredado y sigo perfeccionando) y me dedicaba a leer. La pasé bien, es lo único de lo que no me puedo quejar. // RT

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