“Yo quería una novela que no cantara ópera, sino que hablara”

Entrevista a Gonzalo Garcés

Por Mariano Bello // marianoandresbe@gmail.com

Después de diecisiete años de vivir en el exterior, Gonzalo Garcés volvió a Buenos Aires para quedarse. Su venida al país coincide con la publicación de su última novela El miedo, donde explora las diversas máscaras que atraviesa un matrimonio desde el inicio hasta la separación. Asegura haber encontrado en esta novela su propia voz, que ya no cree que cambie a la hora de contar las historias de sus trabajos por venir. En un bar poco concurrido de Palermo nos encontramos para charlar de su último libro.

 

En El miedo hacés un trabajo interesante al contar a partir de la experiencia, que sería no ficción, pero tomando distancia a través del análisis de la construcción de los personajes.

Para mí es una novela totalmente atípica, muy diferente de las que hice antes. Publiqué tres novelas antes y tengo un par inéditas, y nunca me había hecho el planteo que me hice con ésta, que viene a ser, te diría, la novela como remolino, en el sentido de que lo primero que tratás de crear es un lenguaje, una voz, y después la novela ya no es un artefacto que se agota en sí mismo, una obra en sentido palaciego, sino un rulo, un remanso, un remolino en la corriente de un lenguaje que existe antes de la historia que estás contando y va a seguir después de la historia que estás contando. La historia que contaste es solamente un punto donde hay anécdota, pero a mí me gustan los libros donde tenés la sensación de que hay una voz que va a seguir después y donde el foco de la creación no es la historia sino la creación de ese lenguaje, de esa voz, y donde tenés la sensación de que esa voz serviría para contar cualquier cosa. Se ha dado que con esa voz el tipo nos está contando la historia de un matrimonio pero con esa voz también podrías contar una historia de ciencia ficción, o una historia política, u otro momento en la vida del narrador. Y eso es excitante para mí porque es trabajar no con la literatura como creación de objetos autónomos sino de una red que podés ir tejiendo y que eventualmente podría continuar durante toda tu vida.

 

¿Qué tipo de narración impone un matrimonio?

Cuando salís de un matrimonio no es raro que tengas la impresión de que estar casado es crearte una máscara o muchas máscaras y que por lo tanto eso está directamente relacionado con la creación de personaje. El matrimonio es una institución y la novela es una institución y cuando el matrimonio se viene abajo no es raro que junto con el cuestionamiento inevitable del matrimonio cuestiones también la novela. Me llamó la atención que, cuando estaba escribiendo este libro, salió una novela de Alejandro Zambra que se llama Formas de volver a casa, que habla de una separación y también es un cuestionamiento del formato novela, y ahí empecé a fijarme que hay toda una tradición de narraciones que se ocupan de un duelo, y que cuestionan la forma establecida de esa narración, como si las dos cosas estuvieran conectadas. Cuando te separás, vivís la era de la sospecha, como si algo en tu cabeza te dijera “si el refugio o la casa que representaba mi matrimonio se vino abajo es que todos los refugios se pueden venir abajo, no confíes en ninguno, todos te pueden traicionar”, y la novela es otro refugio.

 

El momento donde el narrador dice “¿Estas estupideces me pasaron sólo a mí, o también a otros?” y encuentra que no, es como una expansión, una dimensión más social de eso que parecería acotado a la vida sentimental individual.

Esa es una de las lindas paradojas de hablar en primera persona y en un registro autobiográfico. Yo pensé mucho en esto, y en Argentina, en general, tenemos un prejuicio con la narración autobiográfica. Está, por un lado, el impudor argentino, por el cual somos conocidos en el mundo entero. Nos gusta hablar de nosotros. Pero, por otro lado, está el pudor argentino, que nos lleva a usar en la vida cotidiana expresiones como “lo que uno piensa de eso”, “yo soy un convencido de que”. Es típico del habla argentino preferir, a la hora de hablar de uno mismo, expresiones impersonales, como si decir directamente “a mí me pasó”, “yo pienso que”, nos diera pudor. Creo que eso es una forma de impudor disfrazado. Primero, no creo que mi vida sea algo tan importante como para que merezca dar tantas vueltas. Por otro lado, en la forma típicamente argentina de contar tu propia vida en general, tiendo a encontrar estereotipos. El psicoanálisis pegó muy fuerte acá porque nos gustan los estereotipos, nos gusta la idea de poder contar tu matrimonio o la relación con tus padres a través de ciertos arquetipos establecidos, el arquetipo edípico, el arquetipo parricida. Pero eso son las cosas que Sartre llamaba con bastante desprecio “los cuerpos simples de la psicología”. Para poder hablar realmente de una vida, la tuya o la de otro, tenés que ir más allá de eso, tenés que ir a los hechos desnudos. La paradoja hermosa a la que yo me refería antes es que cuando llegás a los hechos desnudos te das cuenta de que trascendés tu propia historia, capaz hablás de las historias de otros o de cualquiera. Te encontrás en el camino de la introspección honesta, la introspección que busca lo que pasó y no la definición de lo que pasó, sino desnuda y humildemente los hechos que sucedieron. Misteriosamente te volvés a encontrar con lo colectivo, porque tocás vetas de experiencia que han sucedido también a otros. Estas cosas, estas estupideces, ¿me pasaron solamente a mí o también a otros? No, también a muchos otros.

 

El narrador busca algo para poder entender este derrumbe. Esa puerta la abre la literatura pero también una canción de Leonard Cohen o un capítulo de Dr. House. No hay una división entre arte e industria cultural como sí hubo en teorizaciones que pesaron durante el siglo XX.

Yo creo que no hay que cercenar a los personajes en las novelas. Si me dejás te contesto con una pregunta. ¿A vos te gusta House?

 

Sí.

¿Te gusta Abelardo Castillo?

 

Sí.

¿Me decís otro escritor preferido?

 

No sé, Borges.

¿Un músico?

 

Silvio Rodríguez.

Bárbaro. Con eso ya alcanza. Si yo hiciera una novela tradicional e hiciera un personaje con vos tendría que descartar a Silvio Rodríguez y a House y quedarme con el lector de Borges para darle coherencia al personaje. Estoy exagerando pero apenas. Creo que eso es ridículo, es una concepción tan artificiosa de la novela que al final no termina quedando de vida en la novela. Integrar las diferentes dimensiones de una persona es fundamental para que el texto viva, y el primer lugar para hacer eso es el registro del lenguaje. ¿Por qué si en una novela empezás en un tono coloquial tenés que mantenerlo hasta el final? Si yo, en un sólo día cualquiera, según con quién esté hablando, según mi estado de ánimo, según cuánto sueño tengo o cuánto haya dormido, voy a usar diferentes registros. En algún momento voy a usar al menos una frase que sea correcta y borgeana y como sacada de un libro, en otro momento voy a decir “¡qué garrón!”, en otro momento apenas voy a poder balbucear. Para poder empezar a dar cuenta de la experiencia real tenés que poder integrar esos tonos. Eso es algo que trato de hacer en la novela y que no había realmente intentado antes. Yo quería una novela que no cantara ópera, sino que hablara.

 

Si bien no está formulado explícitamente, hay una apuesta por un lugar del arte, de la ficción, de las producciones culturales, que tienen una función social.

La función social de la novela para mí es traer a la conciencia con la creación de un lenguaje inclusivo, que meta adentro todo lo que la novela tradicional deja afuera, abrir la posibilidad de poner en cuestión ciertas cosas. Si vos hablás del matrimonio como realmente sabés que es, no como se representa habitualmente en la novela o en el cine o en la televisión o en lo que sea, estás contribuyendo, aunque sea de manera mínima, a que se pueda hablar de verdad del matrimonio, y así con todo, con la política y con las instituciones.

 

Aunque se puede pensar tu novela en el género “novela de artista”, no se concentra en la obra del escritor sino que toca cuestiones de la vida material.

Para mí esta novela es una gran limpieza. Quería barrer del patio, digamos, todas las ideas preconcebidas que tenía sobre literatura, todas las impostaciones, todas las diferentes caretas literarias, y primero que nada hablar de mi experiencia del modo más honesto que fuera capaz, y a partir de ahí volver a empezar. Entonces, claro, hablé de mi experiencia que es la de alguien que se dedica a escribir, no hablé del arte de escribir o de mis ideas sobre literatura, o sólo lateralmente. Hablo de la vida de escritor. De cómo te preocupás por la guita cuando sos escritor, del garrón de pasarte dos semanas escribiendo un ensayo para un suplemento literario y cobrar doscientos dólares. Te diría, para hablar de modo semi-marxista, de las condiciones materiales de la vida de escritor. Ahora que esta voz limpia para mí está establecida, tengo ya cuatro o cinco proyectos de novela hablando de otras historias, de otros personajes que no son escritores; pero antes tenía que barrer el patio. Voy a hablar de otras historias, voy a hablar en los próximos años si tengo suerte y puedo hacer lo que quiero, de personajes que no tienen que ver conmigo. Pero lo voy a hacer desde mi voz real, que encontré acá.

 

Apostás en esta novela por una forma abierta, por algo, como contabas al principio, que es un punto dentro de un transcurrir y no la obra monolítica. Esta nueva búsqueda, ¿afecta otros proyectos en los que venías trabajando?

Sí, totalmente. Porque yo tenía un par de novelas monolíticas en camino que dejé de lado. Pedazos de esas novelas, historias de ahí, seguramente los terminaré contando pero de otra manera. Yo no creo que cambie mucho de ahora en más mi manera de narrar, la voz de mi narrador, es uno. Hay miles de historias para contar y miles de cuestiones para indagar y miles de libros para escribir pero este narrador tiene mi voz, que no es más piola ni menos que yo, que es resignadamente yo, ése es el que va a contar las historias en mis libros, no tengo otra.

 

¿Ahora estás trabajando en alguna otra novela?

Sí, acabo de empezar otra que retoma este narrador pero es una novela grupal, colectiva. Habla de personajes que conocí durante todo este año que viví en Barcelona. Barcelona es una ciudad donde resaltar o hacer cosas ambiciosas es difícil pero sobrevivir es fácil. Es una ciudad amable, relativamente barata, donde tener un laburito y mantener la cabeza afuera del agua es relativamente fácil. Atrae mucho a gente lastimada, a gente que tuvo algún tipo de golpe en su vida, laboral, afectivo, y vienen a naufragar a las playas de Barcelona. Yo era uno de esos naufragados y me encontré viviendo una vida virtualmente comunitaria con gente de muy diversos países que viven en Barcelona, que como ninguno tiene lazos familiares, ni tampoco lazos laborales muy fuertes, remplazan todo eso con la familia que representan los amigos. Nos juntamos mucho a comer, nos vemos varias veces por semana, y nos hacemos el aguante así. Bolivianos, austríacos, yanquis, argentinos, iraníes. Esa comunidad de naufragados es muy interesante. ¿Por qué es interesante? No es una pregunta retórica, estoy pensando mientras lo digo. Para mí es interesante porque yo, en mi experiencia personal, vengo de una forma de vivir muy necesitada siempre de referentes de autoridad. Siempre necesité alguien que me amparara, una esposa, una madre, un padre, una editorial grande, un diploma. Tuve realmente la experiencia de que eso se viniera abajo, de empezar a desconfiar de todos los amparos, y tener que elegir entre hundirte junto con el refugio y salir a la intemperie, salir a la pradera a cazar mamuts con los otros miembros de la tribu, con los otros desamparados. Para decirlo un poco más sociológico o más abstracto, pasar de un sistema filial donde tu identidad te viene de arriba, a un sistema fraterno donde tu identidad viene de la relación que establecés con tus hermanos, con tus iguales, la colaboración para salir a cazar juntos el mamut.

 

¿Es complicado escribir a partir de la experiencia cuando es traumática, cuando estás muy cerca emocionalmente?

El hecho de escribir sobre un hecho traumático tiene una ventaja, un beneficio que es considerable y es que no tenés suficiente resto, suficiente fuerza para versear, para hacer “literatura”, y encontrar la voz real, la voz propia, es algo que tenés más chances de hacer en esas circunstancias. Es bueno no tener ningún superávit para desperdiciar en adornos literarios. A lo mejor en libros anteriores yo me sentía demasiado bien, pero este libro lo escribí, literalmente y sin ningún tipo de coquetería, para no tirarme por la ventana. Estaba recién separado y en Barcelona, en ese momento no tenía todavía amigos, no tenía trabajo, y con una guita que me quedaba estaba viviendo en un departamento amueblado que me acuerdo que daba a un patio de luz y tenía como adorno principal un dálmata de porcelana de tamaño natural. Todas las mañanas me despertaba aterrorizado, trataba de hacerme un café, y mientras trataba de hacerme el café y de comer algo miraba el perro y lloraba, y cuando me cansaba de hacer algo escribía esto, y realmente lo escribía con lo justo de fuerza para escribirlo. Algo, dicho sea sin falsa modestia, salió bien ahí, tal vez justamente porque no tenía resto.

 

¿Te gustó cómo quedó tu novela?

Me gustó cómo empezó mi novela. Justamente, no tengo la sensación de que sea un libro terminado, es una especie de gramática de un idioma literario que voy a usar en adelante pero para mí es un libro que queda abierto, y tal vez eso es lo que más me gusta. // RT

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1 reply »

  1. Muy buena entrevista. El escritor contando cuantas novelas ineditas y cuantas por venir, da un Narzissmus al menos de rechazo estomacal. La novela me la comprare gracias a esta entrevista. Saludos gente. Q marche bien esto.

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