“Nuestro deseo es que ciertos libros existan”

Entrevista a Ezequiel Fanego de Caja Negra Editora

Por Natalia Gauna // naty_gauna3@yahoo.com.ar

 

Caja Negra es más que una editorial independiente. Es una “editorial por catálogo” como prefiere llamarla Ezequiel Fanego, uno de sus directores. El gusto y el interés personal rigen a la hora de elegir qué publicar para vincularse con sus lectores de un modo especial. Según Fanego, es una relación que “se caracteriza más por la pasión del coleccionista de objetos culturales que por el automatismo compulsivo del consumidor de mercancías”.

 

¿Cuáles fueron las inquietudes o necesidades que llevaron a formar esta editorial?

Caja Negra surgió como respuesta a la necesidad vital de generar un espacio de trabajo en el que confluyan distintos universos de interés: literarios, visuales e incluso musicales, ya que sellos como Factory Records, Mute o Rough Trade fueron una gran influencia desde el comienzo.

 

Teniendo en cuenta que existían editoriales similares anteriores como Interzona o Entropía, ¿en cuánto ayudaron estas experiencias previas?

Nos ayudó mucho. Nosotros no teníamos ninguna experiencia editorial. Una vez que se nos ocurrió la idea de armar Caja Negra estuvimos durante algo así como dos años reuniéndonos con editores, libreros, corredores y con un montón de personas que desinteresadamente compartieron con nosotros sus experiencias y conocimiento. Además nos brindaron sus opiniones sobre nuestro proyecto. Por ejemplo, varios de los integrantes de Interzona nos acompañaron durante el armado de nuestra editorial. El hecho de que muchas de esas personas trabajaran en proyectos similares a Caja Negra no sólo nos sirvió para adquirir información sino también nos sirvió para convencernos de que en ese momento era posible montar una editorial aunque contáramos con pocos recursos.

 

¿Cómo describirías el mercado editorial en Argentina?

Actualmente el panorama es bastante desalentador. Por un lado, los costos de producción aumentaron muchísimo, y continúan aumentando, lo cual limita a las editoriales pequeñas que tienen menor capacidad que las grandes editoriales para negociar con proveedores, distribuidores y librerías. En contraposición, las grandes editoriales pueden establecer precios de venta muy altos (con el marketing que tienen igualmente venden libros), negocian mejores descuentos con las librerías, mejores precios con las imprentas y con los proveedores de papel porque publican en grandes cantidades. De este modo mantienen grandes márgenes de rentabilidad e inundan las librerías con novedades que rápidamente pasan a venderse como saldos una vez que termina su ciclo. En este contexto, que una editorial como la nuestra subsista es prácticamente un milagro. Sólo es posible porque todos los que estamos involucrados (traductores, diseñadores, editores, correctores e incluso libreros) le damos valor a ese plus de goce que nos genera relacionarnos con la literatura que nos gusta.

 

¿Qué virtudes y desventajas tiene una editorial independiente?

En general, no nos sentimos muy identificados con ese concepto de “editoriales independientes”, que hace un tiempo circula en el mundo editorial, básicamente porque suele funcionar como una etiqueta que engloba a todas las editoriales que no forman parte de un grupo económico mayor: una multinacional o un multimedios. Es decir, editoriales que en teoría son independientes económicamente y que por lo tanto (también en teoría) toman sus decisiones editoriales de manera independiente. Pero el tema es hasta qué punto una editorial que no pertenece a un grupo económico es automáticamente independiente. Existen muchos otros factores que determinan el armado de los catálogos. Hay muchas editoriales que publican libros porque algún organismo o institución se los subsidia, porque el autor paga la publicación o porque sencillamente ese libro o autor está de moda. También existen casos inversos, en los que editoriales financiadas externamente poseen absoluta libertad para armar su catálogo. Quizás responda justamente a que no dependen tanto del rendimiento económico de sus decisiones editoriales. Creo que lo confuso de la idea de “editoriales independientes” es que relaciona de un modo muy simplificado la “independencia/dependencia” financiera de la “independencia/dependencia” del criterio editorial. Nosotros nos sentimos más identificados con la noción de editorial “de catálogo” (es decir, una editorial que vive a partir del catálogo que construye y no del lanzamiento seriado de novedades fugaces). Como le dije alguna vez a un colega, somos una editorial “amiga del riesgo”. La gran ventaja de las editoriales pequeñas es el hecho de no estar obligadas a exigirles a sus libros volúmenes de ventas formidables. Esto nos permite tomar riesgos, experimentar y explorar zonas desatendidas por el sector más mainstream del mercado editorial.

 

¿Qué relación los une con otras editoriales “independientes”?

Desde antes de la publicación de nuestros primeros libros hasta la actualidad mantuvimos siempre una relación bastante cercana con otras editoriales independientes, tanto de Argentina como de otros países. Ya hace varios años por ejemplo que en la Feria del Libro de Buenos Aires alquilamos conjuntamente un stand (este año estaremos junto a Eterna Cadencia, Bajo la Luna y Mar Dulce) y hemos repetido la experiencia en la Feria de Guadalajara y Madrid. Incluso el año pasado armamos junto a Cactus una pequeña distribuidora, Coma Cuatro: una experiencia de autogestión que nos permitió tener un mayor control sobre la presencia y funcionamiento de nuestros libros en los puntos de venta con el plus de disminuir los costos que representa la distribución.

 

¿Cómo se financia la editorial? ¿Cuentan con algún tipo de subsidio o apoyo por parte de entidades privadas u organismos públicos?

En líneas generales la editorial se financia a sí misma. Son las mismas ventas de Caja Negra las que permiten que editemos más libros y multipliquemos el catálogo. Pero para ello tenemos que mantener una estructura de funcionamiento muy pequeña, con muy pocos gastos fijos.

Por el momento sólo hemos recibido subsidios de parte de organismos extranjeros que promueven la traducción de autores de sus respectivos países como son el Goethe Institut, el Servicio de Cooperación y Acción Cultural de la Embajada de Francia, la Biblioteca Nacional de Brasil y del Centro Cultural de España de Buenos Aires.

 

¿Cuáles son los criterios a la hora de definir qué autores publicar?

Nuestro criterio de selección es bastante elemental. Es principalmente el reflejo de nuestros intereses y lecturas. Nuestra editorial responde más a la lógica de una biblioteca personal con libros que se agrupan de una manera aparentemente caprichosa pero cargada de conexiones internas, más sutiles y probablemente más significativas que las clasificaciones de género o regionales que son las que suelen organizar las librerías o las grandes editoriales. Eso creo que es lo que nos permitió generar un lazo especial con nuestros lectores, un vínculo estrecho y prolongado en el tiempo que se caracteriza más por la pasión del coleccionista-buscador de objetos culturales que por el automatismo compulsivo del consumidor de mercancías. En ese sentido las colecciones de Caja Negra le hacen honor a la acepción más literal del término. Son verdaderas colecciones en donde tratamos de reunir todo lo que nos interesa. Ahora bien la pregunta sobre qué publicar y qué no viene después, ya que no todo lo que nos atrae nos parece publicable. Tiene que ver con responderse si un texto “va a funcionar” y si despierta interés.

 

¿Existe una intención de formar un nuevo público o gusto?

Nuestro deseo es que ciertos libros existan, que sean traducidos y publicados en español. No creo que tengamos la capacidad de formar un nuevo público o un gusto. En todo caso sí pensamos que hay nuevos públicos y gustos gestándose todo el tiempo y puede ser que a veces la oferta editorial de habla hispana se queda un poco rezagada, congelada en ciertos modos clásicos de editar y de pensar al lector. En este sentido el trabajo de Caja Negra también implica armar un catálogo coherente y reconocible, no sujeto a la aleatoriedad y fugacidad de las modas. // RT

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