Laberintos judiciales

La heredera de Borges engorda su archivero con un nuevo fallo

Por Lucía Fortunati // luciafortunati@gmail.com

 

¿María Kodama es una defensora incansable de la propiedad intelectual o una obstinada generadora de polémicas? El reciente pleito con Pablo Katchadjian reavivó el debate sobre la figura de la viuda de Borges, la noción de intertextualidad y la vigencia de los derechos de autor.

Todo comenzó en marzo del 2009 cuando este joven escritor y docente universitario publicó El Aleph engordado bajo el sello editor IAP (Imprenta Argentina de Poesía). Su consigna: entretejer entre las 4000 palabras del cuento unas 5600 más con la idea de que el texto de Borges permaneciera intacto y aún así totalmente cruzado por el suyo.

Kodama y sus abogados presentaron en junio del 2011 una denuncia penal contra Katchadjian por violar los artículos 72 y 73 de ley 11.723 de propiedad intelectual. Se lo acusó, entre otras cosas, de reproducir una obra “suprimiendo o cambiando el nombre del autor o el título de la misma y transformando dolosamente su texto”. En otras palabras, se lo culpó de atribuirse un texto que no era suyo y lucrar con esa publicación sin pedirle permiso a la heredera de los derechos. En caso de ser condenado el autor podría pasar entre un mes y un año en prisión.

Los engranajes se pusieron en funcionamiento y Ricardo Straface, escritor y abogado defensor, propuso un panel de testigos compuesto por Beatriz Sarlo, César Aira, Jorge Panesi y Leonor Acuña para explicarle al juez en qué consisten los procedimientos vanguardistas y cómo la tradición cultural del siglo XX sostiene o legitima el recurso literario adoptado por el acusado. Es inevitable pensar en El Aleph engordado como un texto deudor de esta tradición artística; sin embargo, muchos medios (como la revista Ñ o La Nación) confundieron las nociones de vanguardias históricas con los motivos por los cuales el juez de primera instancia lo absolvió finalmente el 27 de abril de este año. Los testigos propuestos por la defensa no fueron citados ya que el juez Guillermo Caravajal determinó que la referencia a las vanguardias históricas no era un argumento necesario, y resolvió que no hubo intención de engañar al lector ya que Katchadjian especificó en su versión que “El Aleph” fue escrito por Borges.

Se habló de lo curioso que resultaba que la viuda de Borges no reconociera en el texto en cuestión procedimientos que utilizaba su difunto marido; de cómo el propio Borges recurría permanentemente a la intertextualidad, citando como ejemplo el relato “Pierre Menard autor del Quijote”. La resolución de 16 carillas no se detiene en estas concepciones. Puede que los críticos se desvivan por encontrar el origen de cada una de las referencias a las que hace mención Borges, pero eso en términos legales es indiferente, y por lo tanto su utilización como argumento en este juicio resultó irrelevante. Puede haber sido un buen recurso para darle color a los suplementos culturales, pero lo que importó fue en definitiva si Katchadjian lucró o engañó a sus lectores disimulando la autoría de Borges de “El Aleph”. En esta instancia legal, los tecnicismos literarios fueron tan poco definitivos que inclusive fue necesario que Kodama demostrara que “El Aleph” había sido efectivamente escrito por Borges.

Demasiados elementos pueden ser objeto de crítica respecto a la actitud de Kodama en general y en este juicio en particular. Es excesiva la demanda penal por perjuicios económicos ante una tirada de 200 ejemplares y hay evidencia suficiente para despreciar el accionar de Kodama, pero ¿resulta productivo insistir en la discusión sobre la intertextualidad en El Aleph engordado? ¿Por qué no aprovechar el envión de esta polémica para entrar en debates más vigentes? // RT2

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2 replies »

  1. hay mucho para deshilar en este tema, pero a falta de buen escritor voy al punto 😉

    re-lei El Aleph, y luego lei el Aleph engordado, no me gusto en absoluto, ni siquiera como lugar de inspiracion, y aun mas, con los antecedentes de este tema de kodama y los defensores de uno y otro, mas bien me desagrado leer el Aleph engordado.
    como tecnica creativa, no tengo objeciones, yo estoy del lado de donde el arte no tiene dueño… sin embargo me parecio que el engordamiento no tiene nada sustancioso, es decir, agregar adjetivos, o aclaraciones al texto no le veo nada de interesante desde el punto de vista creativo. El autor explica su trabajo al detalle, el cruza el texto de Borges con el suyo, y no intenta ser otro que el mismo… es decir cierra las puertas a cualquier critica (desde mi punto de vista)

    desde este punto de partida entonces logro comprender el enojo de Kodama, no por el dinero (a pesar que los abogados puedan mencionarlo, me cuesta creer que en esto estemos hablando de dinero) sino por el desasastre que para ella quedo en el Aleph engordado. casi casi lo comparto, sin embargo tambien entiendo que en esto no hay mas lugar que para un sinsabor si se quiere, no veo lugar para ninguna accion Judicial como ella encaro…

    al final comentar tambien en cuanto a esa supuesta defensa que Sarlo podria haber hecho de la forma creativa… claro que es asi, claro que el arte se retroalimenta y es bueno que asi sea, en mi caso, de todos modos, el Aleph engordado no me inspira, no me recuerda a la creatividad en absoluto.

    muy buena la revista,

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