“Un brazo zombie ha vuelto a poner sus garras sobre nosotros”

Por Ana Vicini // anavicini@hotmail.com

Cristino Bogado es poeta, narrador, ensayista y editor independiente nacido en Asunción en 1967. Aquí reflexiona sobre los hechos y el juicio político que terminó con la destitución del presidente Fernando Lugo, quien en 2008 había logrado romper con 60 años de hegemonía del partido Colorado.

A un poco más de una semana del golpe, ¿cuál es tu reflexión y análisis inmediato de los hechos que terminaron con la destitución del presidente Fernando Lugo?

Creo que este evento es un acto-reflejo de nuestro pasado, un brazo zombie ha vuelto a poner sus garras abyectas sobre nosotros, que pensamos las cosas habían cambiado definitivamente. Lo que irrumpió el 22 de junio pasa a engrosar la larga tradición negra de mandatos inconclusos que en número superan de lejos a otra de nuestras constantes aciagas: la de los gobiernos que tendieron a eternizarse.

Una acelerada alianza coyuntural de partidos políticos desprestigiados, iglesia contemporizadora con los privilegiados por siglos, neoliberales alicaídos, ganaderos y sojeros nostálgicos de los mimos suministrados en cucharitas de oro por parte del estado por ser los ídolos de la productividad y rentabilidad nativa en el mercado exterior, además de las empleadas domésticas, opinión pública shockeada por el matonismo sensacionalista de los medios de comunicación,  alianza non sancta forzada y azuzada por el fantasma de la era del stronismo -del comunismo “¡dios ha muerto, todo está permitido!”- que resucitaron y evocaron todos estos agentes para propinar o legitimar el golpe parlamentario.

Nos sorprendió a todos la velocidad vertiginosa, casi con el  ritmo de las actualizaciones del ciberespacio, del shock de lo virtual. Irónicamente llevaron al polo opuesto los reclamos lanzados habitualmente sobre el poder judicial con un juicio y la posterior condena, materializadas en poco más de 24 horas. La perfecta representación de los parlamentos de la letra de la ley hasta el mazazo final merece más de un Oscar.

¿Cuál dirías que son los puntos o ejes fundamentales para entender lo que está ocurriendo hoy en Paraguay?

Lugo ganó las elecciones del2008 através de una alianza con el partido liberal, partido que ahora lo ha dejado solo. Ganó a otro partido que hacía 60 años ocupaba la silla curul guaraní sin interrupción, más de la mitad con el eternizado Stroessner. Parlamentarios de estos dos partidos, más Patria Querida, casi todos sus miembros católicos y empresarios enriquecidos durante el stronismo, y, finalmente, UNACE, acrónico puramente irónico de Unión de Colorados Éticos, el ala jingoísta del coloradismo cismático y seguidores del cacique condecorado con un conato de coup d’etat el año 1996, Lino Oviedo, el cuate de Menem. El ex obispo no supo ganarse a sus filas a un puñado de esos parlamentarios, liberales o no, para que le sirvieran de soporte y respaldo, tanto para sus proyectos sociales prometidos el día de su asunción de poder como en estos casos extremos de amenaza de juicio político. Un matiz llamativo de la constitución post-stronista paraguaya es su tendencia parlamentaria, pergeñada de ese modo por el temor de dar demasiado poder al presidente, que fue la modalidad de la constitución stronista del 67 que podía, por ejemplo, declarar el estado de sitio sin consultar al congreso y otras liberalidades de ese tenor.

Al no poder seguir comprando fidelidades con los cargos ministeriales a que naturalmente aspiraban y ambicionaban los liberales en concepto de cupo ganado como partido de gobierno aliancista, el presidente (que como buen cura siempre quería quedar bien con todos los sectores) colaboró en la desbandada final. Sí, esa pachorruda actitud del Karaí Guasú sermoneando en el tono canónico del ñembogueta, con el ritmo en ralentí del tiempo neolítico, mientras sus rivales conjurados lo defenestrarían en tiempo virtual, de los fusilazos del ciberespacio. Por eso siempre tenía las manos atadas para las grandes decisiones políticas: era puro amague de cuerpo y buenas intenciones. Su Ministro de Interior fue el ministro que mas campesinos mató pero nadie le acusó de asesinato pues sus caídos tenían el estigma de terroristas y miembros mudos, ya no humanos, del EPP.

El tufo de tener un presi flojo con los pedigüeños y revoltosos de los carperos, campesinos que ocupaban tierras pertenecientes a los sojeros brasiguayos o a tierras mal habidas de ex stronistas, dio pie a hacer correr el bulo que el cura zurdo los protegía por obra y ensalmo de algún pacto mefistofélico y mitológico. La ficción era ya más poderosa que los hechos concretos. Todo ese cúmulo de enredos dio oportunidad para armar la farsa del juicio político, que desde el 2009 fue una espada de Damocles del gobierno de Lugo; una prueba de que el poder se sostiene siempre sobre fundamentos muy endebles. Ya al otro día de la victoria de Lugo decía en un artículo en mi blog que ya está, has cumplido señor cura, has chutado a los indeseables colorados. Eso era hacer historia: sólo un poder podía echar a otro, un hombre de iglesia a los hermanados hasta el incesto con los militares, los colorados. Pero nunca imaginamos este final tan estridente y farsesco.

La política, la historia y la literatura del Paraguay están fuertemente marcadas por las dictaduras, el autoritarismo y los gobiernos de facto. El ejemplo más conocido seguramente sea el del dictador José Rodríguez de Francia y Yo el Supremo de A. Roa Bastos. ¿Cómo imaginás o creés que serán tomados por la literatura todos los sucesos que terminaron con el derrocamiento de Lugo? ¿De qué manera creés o esperás que sean contados por las nuevas generaciones de narradores y poetas como la tuya?

Yo el supremo para mí es un libro que, por vía negativa, apofática, hace en realidad una apología del tirano. Al desplegar un escorzo grandilocuente donde son pegoteadas las figuras de papier-maché de la psicología profunda, de un yo megalomaníaco multiplicado por diez, al hacer aparecer interesante arbitrariedades y dotadas de complejidad novelesca prepotencias sin cuento, olvida lo esencial en todos los tiranos y fachos de la historia: que su respeto y consideración del otro es nulo, fría y cínicamente nulo. Esto no ha sufrido modificación desde su ya clásica definición platónica, tal vez sólo su proliferación y variación de modalidades de ser del gobernante tirano al asesino en serie. Ya no hay justificativos que puedan esgrimirse para redimirlo. Matan, y se sanseacabó, pisoteando al prójimo, obligan a hacer a zutano lo que no desea, deciden unilateralmente sobre la vida y destino de una población, sin parpadear un ojo, están fuera del pacto social, del respeto básico de la vida y pensamientos del otro. La canción del verdugo de Norman Mailer sería su avatar yankee, en donde se intenta hacer la defensa de un bueno para nada presentándolo como víctima sufrida de la sociedad, ejemplar genial incomprendido que sólo logra precipitar algunas gotas de tal condición matando una y otra vez, aunque no diga nunca nada interesante o compasivo ni mínimamente ingenioso, y lo único que ha hecho en su vida es matar. Asesino en serie en este caso, dictador allá.

No veo, en principio, el tema muy narrable ni novelizable. Los que practicamos la sátira seguro le daremos el espacio que se merece; como mínimo, el de una nota a pie de página. Como extremo de facundia, el carrasposo y mutilado grafiti de un aerosol klande. Mis coetáneos sospecho se enfangarán en este tema ya sea con indignación patriota o furor ideológico. Un brujo o un obispo metidos en la política no son muy frecuentes, recuerdo a Rasputín, a López Rega, ahora Lugo; los dos primeros son fascinantes, así que su frecuentación y uso podrían sustituir al rancio tirano de esa ya aburrida gesta de dictadores o corpus de tiranos tan remanido y bien pensante de décadas anteriores.

¿Cuál creés que es el rol que debe asumir la literatura y el campo cultural en general ante sucesos políticos y sociales como los que lamentablemente hoy está atravesando el Paraguay?

He ahí un punto delicado. Lo normal es que la literatura, la escritura que luego se literaturizará y formará un corpus abarcable con bibliografías y tesis doctorales, catálogos e intertextualidades, trabaje, como dijo Macedonio, sin poder jamás mirar-leer lo que escribe la mano. Mis modelos en esta práctica, Murena o Danilo Kiš, diametralmente opuestos en la metodología aunque no en el sentido final, gustaban de la provocación del anacronismo y de la crítica despiadada de las oligofrenias de su presente, en el argentino, y el rescate de la vida obliterada debajo del descomunal peso del poder, esa geología enmudecedora, que planta olvido sobre olvido sobre las fuerzas vitales que le estorbaban, en el caso del judeo-serbocroata. Para no ser acusado de intentar huir por la tangente, puedo adelantar un postulado no muy original que el intelectual podría poner en práctica en estos casos: desear leer lo que nunca fue escrito, como alguna vez escribió Walter Benjamin. No temer interpretar su realidad circundante, atreverse a buscar esos sueños obliterados que esconde cada átomo de realidad que día a día experimentamos. Hablar sobre las peripecias de ese “olvido encarnado”, como definió Nietzsche al hombre, y de los latigazos que marcan su piel historiada de moretones, recuerdos que los poderes quieren inscribir como domesticación y constitución sobre su carne, por naturaleza, fugitiva, inestable, ingobernable, no pavlovizable.

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