La lógica de lo imposible

Por Alicia Digón // aliciadigon@gmail.com

Qué hacer, de Pablo Katchadjian.

Editorial Bajo la Luna, 2010. 93 páginas. $52.

 

Uno puede pensar que Friedrich Nietzsche se levantó ebrio una mañana y asomándose a la puerta de su habitación, con gesto inconcluso y su particular bigote, gritó “Dios ha muerto”. Un bigote nietzscheano, un Dios ha muerto y un Katchadjian con una gran frase inaugural escribe: “el alumno, descontento con la respuesta, se pone de pie (mide dos metros y medio de altura), se acerca a Alberto, lo agarra y empieza a metérselo en la boca”. Con esta frase muere el dios de la linealidad, lo verídico, la conciencia aristotélica y la mesura novelística. En Qué hacer todo se hace posible desde la lógica de lo imposible. Hasta los relojes devorados por insectos de Salvador Dalí. ¿Novela? ¿Cuentos fragmentados? ¿Crónicas tomadas desde una irrealidad? ¿Búsqueda onírica del sentido llevada al papel alternando la mano izquierda y la derecha como si la escritura fuera una esfera de colores que de pronto es roja, y después azul y luego rotando de mano en mano no está más? Leer es develar para develarse. Escribir para Katchadjian es apelar al universo del sentido multifacético. Alberto, su compañero ontológico, es el nexo que va a despertar la sospecha, sólo la sospecha, de una continuidad. Se inaugura una forma que hace estilo. Se derrama inquietud y una curiosa voracidad de seguir leyendo. Katchadjian se mete las frases en la boca, pasa su lengua por ellas, las seca con su gran bigote, las mima, las reta, las hamaca y las devuelve a su novela convertidas en llamas inextinguibles, en posibles palomas, que no son necesariamente mensajeras, da cierta incomodidad placentera con un curioso malestar digno, atroz, irrespetuoso, alcanzable sólo en el sótano de lo increíble. Es probable que Katchadjian transite una dimensión distinta de la realidad, mentada como tal, es probable también que un abalorio lo transite a él, lo más audible es una prosa poblada de una lógica que se debe transparentar. Pero, cabe una pregunta, ¿qué lógica? Dijo Friedrich Nietzsche: “Hay siempre algo de locura en el amor, pero siempre hay algo de razón en la locura”. No está en la escritura el secreto, está en lo leído. Katchadjian sabe muy bien qué hacer en Qué hacer. Tiremos el dado y hagamos el resto. // RT2

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