La última de Symns

Por Francisco Dalmasso // fran.dalmasso@hotmail.com

Enrique Symns: “Estoy harto de la vida que llevo”

 

Si uno le tapara la pelada con una peluca podría ser tu abuela. Acaba de subir una escalera corta, pero está agitado. Apoya el pie izquierdo con más suavidad que el derecho. Renguea. Toma sorbos de un vaso de fernet con coca y busca con la mirada perdida un lugar para refugiarse, como si desconfiara de las cuarenta y cinco personas que están sentadas en sillas de plástico esperándolo. Julieta Ortega y Wallas de Massacre están entre ellas. Pone su vaso sobre una mesa ratona y plancha su remera gastada con las manos. Da una mirada al ambiente, se desploma sobre un sillón verde, agarra el micrófono y lo golpea: “Sonido…sonido… ¡SONIDOOO! ¿QUÉ PASA QUE ESTO NO ANDA?”, grita eufórico con su voz gastada el periodista Enrique Symns en el segundo piso de la librería La Libre y da inicio a la presentación de su libro editado por El Cuenco de Plata que reúne un compilado de más de 300 páginas con lo mejor de la legendaria revista Cerdos y Peces.

“Este es un triste compilado, ni siquiera es un libro que he escrito. He hablado mucho más que el tamaño de este libro”, se lamenta Symns haciendo un terrible esfuerzo para evitar que no se le cierre el pecho. A su derecha está sentado el psicólogo Tom Lupo, y a su izquierda el escritor Pablo Ramos. El pasado para él es “un fantasma” y está cansado de hablar porque eso significa “replicarse”. “No puedo hablar bien de mí. Fui un traidor de mis amigos y lastimé a las mujeres que amé. ¿Qué quieren que les…?”, pregunta y no alcanza a terminar la frase. Hace un tiempo, tuvo un accidente cardiovascular que le dejó secuelas. Se queda sin aire. Silencio. Vuelve a respirar. Hurga con el dedo en su cajita de Marlboro, rescata un cigarrillo y mientras lo prende se escuda: “Acá se puede fumar, ¿no?” Detrás de la cortina de humo emerge su discurso existencialista: “Pienso que el principal objetivo de la vida es una miseria que te obliga a sobrevivir. La vida es algo completamente desconfiable. Somos una infección y estamos rendidos a la prisión de la existencia”.

Cerdos y Peces fue una manera de buscar “la pulsión de la existencia”. Empezó como suplemento en el 82 y en abril del 84 se transformó en una revista agresiva, turbulenta, con un espíritu chamánico y callejero. En el libro, Symns revela que empezó a ser periodista “de casualidad” y que “escribía las editoriales tomando merca y alcohol toda la noche”. La tercera edición de la revista fue condenada por “apología del delito” y el caso terminó en la Corte Suprema. Desde sus páginas se reivindicaba la promiscuidad, las drogas y la pedofilia. Las estrellas de sus tapas eran personajes del under: Luca Prodan, Fito Páez, Urdapilleta, Tortonese, Batato Barea. La redacción abría sus puertas a delincuentes, locos, intelectuales y escritores. Se parodiaban a los demás medios a través de un humor ácido y corrosivo,  que en vez de El Porteño era el El Bolcheño; en vez de Clarín, Clonín; en vez de Crónica, Mórbica; en vez de Página 12, Pajita 12. En sus páginas escribía gente de la talla del Indio Solari, Maitena, Alfredo Rosso, Ricardo Ragendorger, Vera Lands y Claudio Kleiman.

“Argentina no es interesante. Acá no hay poetas, ni escritores. Yo soy antiargentino, prefiero Uruguay o Chile”, se expresa Symns haciendo oídos sordos a los silbidos de un grupito de veinteañeros barbudos que están apoyados contra una pared donde hay fotos de Breton, Dalí y Artaud. Symns se hace el que no escucha; tal vez no quiera escuchar. “Si Cerdos y Peces siguiera saliendo, sería una revista completamente terrorista. Publicaría una nota de las madres de Plaza de Mayo pero las condenaría”, sentencia el periodista. Parece que su estilo provocativo e insurrecto se ha convertido en un simple “contra todo”. Off the record, un amigo cercano revela: “Hace una semana fuimos con Enrique a una cena con unos intelectuales. Todo muy pipí cucú. En un momento empezó a avalar el fascismo y dijo que ‘Hitler era lo mejor que había existido’. Mirá que lo banco, pero se fue un poco al carajo. Yo sé que lo hace solo para provocar. Está más allá”.

Algunos artículos de Cerdos y Peces eran inventados y llevaban titulares como: “Los huevos fritos hacen bien” o “El cáncer no existe”. La revista era un terreno para lo lúdico. Hundido desde el sillón, Symns recuerda: “Ser inteligente es ser una rata que se levanta a la mañana y husmea, busca. Así éramos en nuestra redacción”. De repente, el clima de la charla se destruye por una confesión: “Estoy harto de la vida que llevo. Me cansa que la gente me recuerde por haber sido monologuista de Los Redondos y por Cerdos y Peces. ¡Quiero que hablen mis amigos de mí!”. Considerándose un gran amigo, Pablo Ramos se lamenta por los parlantes: “Nunca más va a existir una revista como ésta. Los buenos escritores como Enrique se pueden vislumbrar en una línea… ¡escrita! (se ríe)”. A cinco metros, en el público una chica despeinada con una remera de los Sex Pistols le grita: “¡Redondeá! ¡Dejá que hable el maestro!”. Ramos levanta la cabeza buscándola y pregunta: “¿Sos una chica o un chico?”. La joven insiste: “¡Dale, redondeá, loco!”. Ramos se defiende: “¿Pero por qué no me chupas la pija? ¡No quiero hablar más!”. Tom Lupo se entromete: “¡Yo creo que redondeó muy bien!”.

“Estamos en el mes de octubre de 2011; hace ya más de un año que dejé la cocaína y casi no bebo alcohol, abandoné las prácticas sexuales, sin despedirse me abandonaron el amor y las aventuras”, escribe un Symns nostálgico en las páginas finales del compilado como si fuera un Emil Cioran argentinizado. Pablo Ramos compara su prosa con la de Macedonio Fernández. El periodista lo mira de reojo y le responde: “Eso es imposible, porque ese tipo es incomprensible. Yo odio las frases inteligentes. Escribir no es ser ingenioso, es ser doloroso”. Ramos se queda contenido. Ambos ríen. Symns lo mira y aprovecha para recordar una anécdota: “Una vez fui al programa de Pergolini en la TV y él me dijo: ‘Vos me criticaste en tu revista’ y yo le dije: ‘¡Pero Mario…! ¡Yo no leo mi revista!’”. Tom Lupo aplaude y expresa: “Cuando colaboré para la revista escribía lo que verdaderamente sentía. Ahora me cuido más cuando escribo”. La edición de Lo mejor de Cerdos y Peces intenta ser un testimonio para no olvidar una época brillante. Symns no se equivoca al cerrar la charla afirmando: “El recuerdo es el mayor triunfo del olvido”. // RT

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1 reply »

  1. Panchito, con todo respeto te digo que sos un irrespetuoso. No queda bien que te hagas el piola, vos contá nomás, que nadie quiere saber de vos. Por eso vos escribís sobre ellos y ellos a vos ni te junan. Saludos, que supongo, tu ego no dejarán llegar.

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