Contra los lugares comunes

Por Luz Marus// luzmarus@hotmail.com

Entrevista a Ignacio Molina

 

En el mes de marzo, el blog de Eterna Cadencia fue testigo de un debate interesante acerca de los límites del realismo en la literatura. El puntapié inicial fue la última novela de Martín Kohan, que lleva como título la ciudad natal de Ignacio Molina: Bahía Blanca. Bajo los encabezados “Negatividad mítica de Bahía Blanca”, “Espil” y “Murmullo”, ambos autores intercambiaron posturas suscitando pasiones encontradas sobre un tema tan complejo como entretenido. Molina habla del tema con la frialdad de la distancia y nos invita a seguir pensando en la relación entre literatura, realidad, ficción y fidelidad.

Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976. Publicó los libros de relatos Los estantes vacíos (Entropía, 2006), En los márgenes (17 Grises, 2011), los volúmenes de poemas Viajemos en subte a China (Pánico el Pánico, 2009), El idioma que usan todos (Pánico el Pánico, 2011) y la novela Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010).

Me quedé pensando, antes de leer tu libro, en el título: El idioma que usan todos. ¿Qué pasó con Martín Kohan? ¿Habla Kohan de otra ciudad y  en otro idioma?

Martín se apoyó en un mito (el que dice que Bahía Blanca es una ciudad fea, mufa y fachista) para construir su novela. Yo ya di mi opinión al respecto y se generó un pequeño debate o intercambio que fue interesante. A mí lo único que me preocupa es que mi posición no suene chauvinista, porque no es esa mi intención. Mi crítica, en todo caso, es, más que una crítica, una posición ante la forma de construir un relato. Me parece que Bahía Blanca, la novela, está hecha sobre un marco realista pero que al mismo tiempo se corre casi hacia el absurdo. Entonces, la novela se titula Bahía Blanca pero ¿habla o no habla de la ciudad? ¿Habla de una ciudad que existe o de una ciudad totalmente inventada? Es cierto que el libro no es una crónica periodística ni una guía turística, pero también es verdad que se parte de referencias concretas y reales. Entonces, si se parte de una idea equivocada e infundada de esa realidad, cabe preguntarse a qué resultados se puede llegar. Por momentos, la novela pareciera jugar con el absurdo. Por ejemplo, el narrador empieza hablando del mito de la ciudad ultra católica y fachista, y lo primero que ve al llegar a Bahía son dos cosas: tres catequistas que le tocan la puerta, y un desfile militar en el centro de la ciudad presenciado, en primera fila, por un cura. Es decir, es el cliché llevado al extremo. A alguien que conoce la ciudad, como yo, y que nunca vio un desfile militar en sus calles, puede despertarle antipatía (lo que menos importa en este caso) o llevarlo a preguntarse sobre las diferentes maneras de armar una ficción. No digo que una novela debe ser fiel a la realidad. Lo que sí me gusta es que sea verosímil, y que si se toma a un personaje existente, con una historia determinada (la ciudad, en este caso, es como un personaje) que se construya a partir de eso, y no del mito, o no sólo del mito, que padece ese lugar. Si yo escribo una novela escenificada en Belgrano y cuento que todos los habitantes de Belgrano viven en caserones de tejas, o si escribo sobre el centro y digo que en la calle Balcarce, frente a la Playa de Mayo, hay una confitería, cuando todos los porteños saben que ahí está la Casa Rosada, algo de ruido va a hacer. Creo que todas las narraciones, por más ficticias que sean, se ponen en juego con la realidad, y que eso es algo que se debe tener en cuenta. Kohan tiene otra visión al respecto, y me parece que también es legítima.

¿Te molesta ese mito sobre Bahía Blanca?

No sé, tal vez me molesta que se lo alimente. Pero, repito, no quiero que mi posición suene chauvinista. Para evitar eso puedo decir otra cosa: ahora, por ejemplo, se está creando otro mito: “Bahía Blanca es la ciudad de los poetas”. Me parece un reduccionismo atroz. ¿Cuántos poetas buenos puede haber en Bahía? ¿Cinco, diez, treinta? La ciudad tiene más de 400.000 habitantes. ¿Califican tanto esos cinco o treinta como para que la ciudad merezca ese título? En el periodismo, muchas veces, es imperiosa esa necesidad de etiquetar todo. Hace poco, en el marco del Filba que se hizo allá, alguien escribió en Clarín que “en Bahía los escritores son personajes públicos”, y en la línea de abajo estaba mi nombre. Cualquiera que leyera eso podría pensar que cuando yo llego a la terminal de micros de Bahía hay gente que me reconoce y me pide autógrafos. Un absurdo hilarante.

¿Qué estás escribiendo ahora?

Hace pocos meses terminé de escribir una novela que me gusta mucho. Por ahora se llama Los puentes magnéticos, y espero que se publique pronto. Disfruté mucho escribiéndola. Tiene puntos en común con Los estantes… y con Los modos de ganarse la vida, pero también cosas muy diferentes. Podría decir que es una novela más explícita que los libros anteriores. // RT

 

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