Pelé gosta das crianças

Por Mariano Zamorano / marianoandreszamorano@gmail.com


Las siguientes líneas forman parte de un diario de viaje a San Pablo en búsqueda de la fallida séptima Copa Libertadores de América del Club Atlético Boca Juniors.

Martes

17.00 hrs: Llego a mi casa después de una atípica jornada laboral. Los noticieros informan que hay paro de empleados en el Aeroparque Jorge Newbery. Por suerte mi vuelo sale de Ezeiza.

18.00 hrs: El remis arranca puntual y no llega a recorrer diez cuadras cuando me doy cuenta de que me olvidé el documento. Vuelta y a empezar de 0.

19.45 hrs: Llego al Aeropuerto de Ezeiza y, tras pagar 185 pesos al remisero, me encuentro con mis cuatro compañeros de viaje. Primera conclusión: los freeshops no existen más allá del alcohol.

20.35 hrs: El vuelo 7659 de la empresa Gol despega, se escuchan aplausos y la inevitable promesa: “vamo` a traer la copa a la Argentina, la copa que perdieron las gallinas, las gallinas…”

23.25 hrs: Aterrizaje en el Aeropuerto Guarulhos. Boa noite pra vocês, trámites de rigor y compra de dos botellas de ron para amenizar la espera.

Miércoles

00.30 hrs: Llegada al Hostel Santa Maloca ubicado en Vila Madalena -un barrio palermitano perdido en la inmensa San Pablo-. Es invierno pero te ponés bermudas y remera y estás perfecto.

03.30 hrs: Hace dos horas que Felipe, dueño del hostel, nos está pidiendo que bajemos la voz y dejemos dormir al resto de la gente. Le hacemos caso, vamos a la habitación.  Dulces sueños.

11.00 hrs: Nos despertamos por el ruido que viene de la calle. Pienso que me quedé dormido y que Corinthians salió campeón. De qué otra forma podría explicarse el volumen de ese himno que suena sin parar, cuya primera estrofa recita: Salve o Corinthians/ O campeão dos campeões/ Eternamente dentro dos nossos corações/ Salve o Corinthians de tradições e glórias mil/ Tu és orgulho/ Dos desportistas do Brasil.

13.00 hrs: Brasil te hace sentir como en tu casa. En la tele pasan O Chaves, la comida es abundante pero nunca toleraré la farofa.

15.30 hrs: Con siete horas de anticipación partimos al Estadio Paulo Machado de Carvalho, más conocido como Pacaembú. Esta noche seremos como mucho tres mil hinchas de Boca.

17.00 hrs: Llegada sin sobresaltos. Ya hay un grupo de cien hinchas argentinos. A media cuadra, un brasileño tiene su baúl lleno de heladeras y vende 5 latas de cerveza Itapaiva a 20 reales. Golazo.

18.00 hrs: Estoy entre los primeros veinte que entran a la cancha. Quedan cuatro horas de espera. A medida que pasan los minutos te enterás de que la policía empezó a pegar, escuchás ruidos de disparos, te cuentan que la barrabrava está robando entradas y que hay gente que pagó siete mil pesos por los vuelos chárter y rebotó en la puerta. Agradecés poder estar sano, salvo y adentro.

20.00 hrs: Una de las primeras canciones afirma que “este es el famoso Boca que llegó a San Pablo para ser campeón”.  Es el prototipo de la canción mufa. La performance de los 37.500 espectadores del Corinthians resulta imposible de imaginar en una tribuna argentina. Se abrazan y saltan más alto de la mitad de lo que podría hacerlo cualquier gordo tribunero argentino.

20.30 hrs: El menú Pacaembuneano ofrece un cachorro quente (léase pancho) con una cerveja sem alcool (maldita nueva disposición de canchas brasileñas) o un vaso de agua. Poco tentador.

22.00 hrs: Empieza el partido. Los próximos 90 minutos serán aburridísimos. El primer tiempo termina empatado y a los 8 y 26 minutos del complemento un pelado llamado Emerson clava dos goles que terminan con el sueño de todos los que viajamos.

23.50 hrs: Fin del partido. Me pregunto por qué no fui con mis amigos a verlo en un bar del centro porteño. Los jugadores se acercan y aplauden. Qué consuelo estúpido. Mi tarjeta de crédito me recordará este viaje en cuotas de 400 pesos hasta enero del año que viene.

Jueves

00.15 hrs: Salimos de la cancha y buscamos un taxi que nos acerque al hostel. En las calles los brasileños te bailan en la cara. “Filhos da puta”, nos grita un negro gigante. Uno de los veinte hinchas que caminan con nosotros agarra un coco de la vereda y lo sostiene como armamento.

01.00 hrs: Conseguimos un taxi. Un desconocido viene y nos ruega que no los dejemos tirados, que están con chicas. Es la supervivencia del más apto y estoy entre los cinco que se subieron al primer coche. “Ahora se lo mandamos”, prometemos. El taxi arranca. La suerte correrá entre que te agarre un grupo de brasileños y te quiera dar vuelta el taxi o que el taxista te pasee por un basural en los costados de unas vías llenas de zombies drogradictos. Nos toca la primera opción.

09.00 hrs: Nos levantamos, nos enteramos de que Riquelme no será más jugador de Boca y que su futuro depende de la opinión de su hijo de 9 años. Dijo que quiere comer asado con sus amigos. Yo también, pero imaginando otro resultado compré  pasaje de vuelta para el domingo a la noche.

11.00 hrs: Salimos a desayunar y todos nos gritan “Vai Corinthians”. “Parabéns”, decimos y contragolpeamos “vocês têm só uma taça, nós temos seis”. Para cargarlos con la selección nacional hay que remontarse al Mundial de Italia 90 y Caniggia o a un amistoso más cercano con tres goles de Messi – cosa que suponemos les importará muy poco-. El himno de Corinthians sigue sonando. “Maradona gostava da farinha”; “gostava, mais da melhor”, respondemos. Además, “lembrem que o Pelé gosta das crianças”.

Ya está, esa respuesta les llega al corazón. De eso no se vuelve y ellos lo saben. De verdad: ganamos nuestra final. Eternamente gracias Diego.

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Categorías:Crónicas

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