La propiedad digital

Por Mariano Bello y Mariano Vespa

marianoandresbe@gmail.com // marianovespa@gmail.com

 

BiblioFyL es un proyecto desarrollado por estudiantes de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires a partir del 2007 destinado a resolver las dificultades para conseguir los materiales de estudio, ya sea por costos inaccesibles, por haber quedado fuera de circulación de mercado o no ser importados a Argentina. La biblioteca, una simple colección de links, tras haber sido dada de baja en septiembre de 2009 a raíz de una intimación legal que llegó al host donde estaba alojada por violar las leyes 11.723 de Propiedad Intelectual y 25.446 de Fomento del Libro y la Lectura, volvió a estar en pie con otro servidor en 2010 y en 2011 se fusionó con la página del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras.

Revista Tónica entrevistó a Evelin Heidel, quien dio el puntapié inicial del proyecto. También conocida como Scann, Evelin forma parte de EDEFyL, proyecto editorial lanzado a principios de mayo de este año por estudiantes de la facultad. EDEFyL surgió con la idea de que los autores tuvieran la libertad de elegir qué tipo de licencia Creative Commons deseaban para sus textos, con el objetivo de posibilitar la descarga gratuita de sus libros, encabezados por Citadme diciendo que me han citado mal: material auxiliar para el análisis literario, el primer título publicado.

 

¿Cuál es el origen de BiblioFyL?

Estaba aburrida en mi trabajo en una empresa de digitalización de documentos y decidí digitalizar mis apuntes y compartirlos en Cleopatra, una lista de correo que había montado Augusto Trombetta, donde había muchos estudiantes de Letras. Empecé a participar en el foro y después fue creciendo el tema del intercambio de apuntes y de archivos. Creo que nadie se pone a pensar cosas como “voy a armar un sitio para hacer traducciones colaborativas de series norteamericanas”. Este tipo de cosas surgen cuando te das cuenta que la plataforma te queda chica y empezás a ver cómo hacer para que eso esté mejor organizado. La BiblioFyL nace de la necesidad y depende de la participación de la gente. Si a mí hace cinco años alguien me decía “vos vas a terminar construyendo escáneres” yo me le iba a cagar de risa, pero ahora es un poco lo que hago. Tiene esa espontaneidad y obviamente tenés que estar aburrido en tu casa, pero además tiene que ver con las cosas que fomenta el ocio. El ocio te fomenta buscar algún tipo de disfrute cultural o de entretenimiento.

 

¿Cómo está la legislación de propiedad intelectual argentina con respecto a las necesidades educativas?

Está atrasada. Hay ciento ochenta y seis países que están asociados a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, de esos ciento ochenta y seis solamente veinte no tienen excepciones educativas y para bibliotecas; entre esos veinte está Argentina. Con eso se genera un círculo vicioso porque nosotros no tenemos excepción educativa, pero a la vez todas estas asociaciones de gestión colectiva son las mismas que presionan para que no la tengamos. Un ejercicio que no se está haciendo es ver cuánto de lo que supuestamente administra CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos de Argentina) finalmente lo financió la universidad. En Argentina la universidad pública y el CONICET le paga a los docentes y a investigadores. Acá la mayor parte de los fondos de las investigaciones provienen de organismos públicos, pero la universidad pública no se puso a hacer las cuentas como sucedió en Brasil. Un grupo que se llama GPOPAI sacó un libro que se llama El mercado de los libros técnicos y científicos en Brasil. Descubrieron que la universidad paga casi el noventa y siete por ciento de la financiación de un libro, la investigación, el sueldo del docente, el lugar de trabajo, mientras que la editorial paga el tres por ciento pero se queda con los derechos de propiedad intelectual sobre su investigación. No hace falta hacer una investigación sobre eso; en el mundo se sabe desde hace muchísimos años, y de ahí surgen movidas como el Open Access  y demás. Desde los años setenta en la universidades y bibliotecas viene habiendo movidas de ese estilo, pero recién ahora algunas de esas cuestiones empezaron a salir a la luz producto de la masivización de Internet.

 

¿Cuál es el objetivo de las leyes de propiedad intelectual?

El objetivo de la propiedad intelectual es promover el progreso de las ciencias y las artes otorgando un monopolio determinado. El tema es cómo entendemos a la ley de propiedad intelectual. Tiene principios estéticos, filosóficos, jurídicos y económicos. Cuando uno empieza a separar cosa por cosa se da cuenta que hay que juntarse a discutir varias cuestiones. Por ejemplo, que vos tengas un derecho a la personalidad, a la atribución directa de tu obra va por un carril distinto a que vos tengas derecho a la retribución. No tienen nada que ver un derecho con el otro. El plagio no es un problema económico, es moral. Que vos sientas que tus ventas caen, eso sí es un problema económico. Un fallo conocido a principios de siglo XX fue el de los Podestá cuando llevaron al teatro Juan Moreira. Hicieron su adaptación pero nunca le pagaron a la viuda de Gutiérrez, entonces la viuda exigió en juicio una suma por el tema de la representación. El juez dijo que a la viuda de Gutiérrez nunca se le había ocurrido representar la obra de esa forma por lo tanto no tiene derecho legítimo sobre esa representación particular y además no ha demostrado que había un perjuicio económico. Hoy por hoy eso parece inaplicable.

 

¿Qué alternativa plantea el copyleft frente a las leyes de propiedad intelectual?

El copyleft comienza a surgir en los ochenta gracias a Richard Stallman. Es el creador de lo que se conoce como GNU Linux y por otro lado de la General Public License para software. Él trabajaba como programador en MIT y ve que cada vez surge más el tema de compartir el software con sus compañeros. Él plantea que hay que buscar una solución para que el software no quede en manos de las corporaciones. El software tiene dos partes: el código fuente, que es legible para humanos y el código objeto, que sólo lo lee la máquina y son representaciones de ceros y unos. Stallman lo que no quería es que ese código fuente quede cerrado como técnicamente lo permitía el código máquina. Frente a esta idea la General Public License establece cuatro libertades esenciales para el software: 1) utilizar el programa para cualquier propósito; 2) estudiar cómo funciona el programa y modificarlo adaptándolo a tus necesidades; 3) distribuir copias del programa y 4) mejorarlo y hacer públicas esas mejoras. El copyleft nace del mismo derecho que garantiza el copyright. La ley de propiedad intelectual de Argentina expresa en el art. 2 que el autor tiene el derecho de disponer de su obra de cualquier forma. En ese “disponer de su obra de cualquier forma” está el reclamo también de la posibilidad que tiene el autor: en vez de dar restricciones sobre la obra, puede otorgar permisos de manera previa sobre de la obra. Por lo tanto, con el copyleft las restricciones son abiertas.

 

¿En qué lugar queda Argentina frente a los cambios tecnológicos?

Hoy por hoy, bajo la legislación que tenemos, prácticamente toda la población argentina es delincuente porque ¿quién no se bajó un archivo? Nosotros lo pensamos con las fotocopias porque es una situación cotidiana pero hay cosas que por técnica pasan a volverse obsoletas. Vos entrás a un sitio web y te dice “Todos los derechos reservados, prohibida su reproducción total o parcial”, ingresás a ese sitio desde tu máquina y eso que ves no es el sitio web tal cual es, porque si no tardaría un montón en cargar. Eso está en un caché que baja una copia a tu disco duro y cachea la página, y ahí estás generando una copia. En virtud de la técnica generaste algo que va en contra de la ley. Nadie te va a hacer juicio por eso porque sería ridículo, pero evidentemente hay un mundo donde incluso cuando vos no lo quieras hacer vas a violar la ley. // RT2

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