La eterna moda de robarse algo

Por Francisco Dalmasso // fran.dalmasso@hotmail.com
(Fotos: gentileza de Cristina Rodriguez) 

Se conmemoró el 60 aniversario de la muerte de Eva Perón en la Biblioteca Nacional. El acto estuvo conducido por una mujer que no quiso revelar su nombre. Hubo miradas lascivas de legisladores. Puteadas contra Macri y elogios para los Kirchner. Sucedió debajo de una estatua anoréxica de Evita y algunos se robaron flores.

Una chica se me acerca sonriente y me da una flor violeta con pequeñas líneas blancas que tendré conmigo durante una hora. Parece que lo suyo es comprar ropa usada porque lleva una campera dos talles más grandes. Agarro la flor del tallo húmedo y ella se presenta: “Soy la encargada de repartir flores, ese es mi cargo” y suelta una risita. Dos tipos le miran el culo, luego me entero que son dos legisladores. Sus zapatillas All-Stars pisan el ruedo de sus pantalones. Otra mujer con un saco largo rojo se acerca al micrófono para anunciar el comienzo del homenaje de los “60 años del fallecimiento de Evita” que se desarrolla a unos metros del edificio oficial de la Biblioteca Pública Nacional, en el barrio de Recoleta. La presentadora con la mano derecha sostiene un papel y con la izquierda sostiene seis flores, una tiene quebrado el tallo. Es una empleada de la biblioteca y no me quiere decir su nombre, a pesar de que se lo pregunto. Dos compañeros de trabajo me aconsejan: “Dejála. Se resistía a ser presentadora, pero la convencimos. A la fuerza”. A pesar de que nadie sabe quién es, la voz de esa mujer sale por los altoparlantes agradeciendo a todos los dirigentes, legisladores, comuneros y militantes del kirchnerismo que están presentes mientras tres cámaras la filman y llevan su imagen al país entero.

Empieza a sonar un bombo que lleva escrito: “La gloriosa JP. Evita Capital” y unas voces poco afinadas salen sin pudor de las gargantas de los militantes que gritan: “¡Eva, Eva de mi vida, vos sos la alegría de mi corazón, sos el sentimiento de este movimiento de liberación!”. Con los gritos y  tres banderas agitándose, te los podrías confundir con la hinchada de Newell’s Old Boys. Son dieciocho jóvenes peronistas que cantan con una entonación indescifrable y es difícil recibir la poética de los cánticos. La conductora (¿o la bibliotecaria?) da inicio al acto presentando a Gabriela Castillo, de la Comuna 2 de Recoleta, que declara: “Es un honor estar acá. Los que criticaron y odian a Evita provocan que nosotros estemos acá y la reivindiquemos”. Luego la anfitriona toma la palabra y anuncia: “Quería avisar que Daniel Filmus envío un comunicado y adhiere a este acto”. Filmus está en Córdoba y en cinco horas se presentará en el club General Paz Juniors para recordar a Evita y, tal vez, tomar un fernet. Muy suelto el legislador porteño Francisco “Tito” Nenna toma la palabra. Le gritan: “¡Tito grooosooo, Tito grooosooo!”. Sin sacar la mano del bolsillo, expone: “Evita nos enseño a luchar…. ¡con la oligarquía!”. Tocan los bombos y gritan como si fueran de Lomas de Zamora, pero son de Recoleta.

Toda la escena sucede debajo de una figura gigante, anoréxica, color verde musgo de “María Eva Duarte de Perón”, salida de una pintura de Gabriel Rossetti. La parte de la cabeza y el cuello están herrumbrados. El pie izquierdo de la estatua sobresale de la base del monumento, como si estuviera a punto de escaparse. “Muy fea la estatua, parece que está por cabecear un tiro al arco”, expresa un joven pelilargo que sostiene una bandera de la JP. Detrás de la figura, a dos metros, hay una pared alargada con unos prismas negros que sobresalen al estilo tetris y debajo una especie de sábana negra arrugada. Realmente no entiendo el arte moderno. La estructura mide seis metros de alto. El monumento es una tumba: Evita murió en este mismo lugar un 26 de julio de 1952. Lo explica una placa dorada que está en la entrada de la biblioteca, a escasos centímetros de otra chapa que conmemora a Borges. Los presentes interpretan el monumento como un panteón. Debajo hay una corona de flores que en la que se lee: “Gloria y honor a Eva Perón: Lorenzo Pepe”. En el piso, bordeando la estatua, una frase que reconoce su humildad: “Renunciando a los honores quiso para siempre ser simplemente Evita”.

Todos lo miran. Se acomoda los lentes negros y parece irónico pero el liliputiense lleva unas zapatillas Pony y una rosa roja. ¿Será el principito peronista? La mayoría tienen en sus manos al menos una flor. Nadie sabe para qué. Le pregunto a una mujer canosa con lentes a lo Victoria Ocampo: “¿Qué se hace con las flores?” y me responde: “A mí me la dieron y yo no sé que hacer”. Un joven que lleva un pin de un pingüino enganchado en su boina me lanza una mirada de reojo. Entonces irrumpe en el micrófono con una bufanda blanca, la legisladora María Elena Chieno se gana los aplausos y haciéndose la revolucionaria, dice: “Me permito decir que soy de la generación que cantó: “Evita-Guevara, la patria está liberada”. Le sigue la diputada Mara Brawer, que se pone de espalda al público y con una pose sobreactuada mira hacia arriba la figura de Evita y le grita: “Somos tus herederos” y acto seguido se sube el cierre de la campera de cuero. Después el diputado nacional Remo Carlotto se emociona: “Evita es nuestra luz”, y gracias al sol que atardece su bigote blanco brilla. Con los lentes enganchados en su camisa, la subsecretaria de Derechos Humanos de la Nación, Marita Perceval se ataja: “A todos los que nos desean lo peor, les aviso que el 2015 no es el final de una utopía”. Si bien se promete su presencia en la gacetilla de prensa, la legisladora María Rachid manda una carta donde anuncia que está “enferma” y pide “disculpas por no estar presente”.

“Se nos infla el pecho cuando recordamos a Evita. Pero Macri está haciendo un acto en la Legislatura sobre ella”, se indigna Sebastián Demiryi, el referente del Movimiento Evita Capital. Y alguien exclama: “¡Macri hijo de puta!”. Luego la masa kirchnerista se funde en un cántico: “Macri, basura, vos sos la dictadura”. Lo repiten seis veces. En ese intervalo el director de la Biblioteca Nacional Horacio González se acaricia las tres verrugas de su ojo derecho, mientras agradece a los “portadores de las banderas” y asegura: “Cristina es la Evita del siglo XXI. Acá estaba la vieja residencia presidencial. Era un edificio de la vieja oligarquía, una mansión de estilo clásico francés y fue habilitado por Perón y Evita. Lanusse destruyó todo, pero hay fotos tomadas de Evita bajando una escalera que llegaba hasta donde estoy parado. Este es un edificio polémico”. Para finalizar destacó que el pueblo “la amaba” y explicó: “Por eso, Evita era llamada de diferentes maneras, por ejemplo: Eva Duarte…mujer espiritual… ehmm… la Reina de los Descamisados… y muchos nombres más. Por eso todos pueden festejarla”. Aplausos. La mujer N.N. se acerca al micrófono y concluye despejando mi duda: “Los que tengan flores pueden ponerlas en el monumento”. Dos mujeres deciden otra cosa: se comentan algo al oído, dan un vistazo, abren un cierre y las flores desaparecen en sus carteras.

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