Evita para todos y todas

Por Adela Salzmann y Victoria Cotino // adelablew@gmail.com / vicutina@gmail.com

“El gay es gorila, el puto es peronista” es la bandera que llevan los protagonistas del documental Putos Peronistas: cumbia del sentimiento, que se estrenó en los cines recientemente, en coincidencia con el segundo aniversario de la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario. En la película se muestran manifestaciones a las que acuden los militantes de la Agrupación Nacional Putos Peronistas: hay un travesti que se disfraza de Evita y saluda como Miss Universo.

Otros militantes, con otras voces, se acercan a esta Eva travesti, que hoy se puede ver en una película con subsidio nacional. Néstor Perlongher, que a principios de los setenta fundó al Frente de Liberación Homosexual (FLH) junto a Juan José Sebreli, Manuel Puig y Blas Matamoro, fue uno de los que allanó el camino para el travestismo de la figura de Evita. Perlongher es quien le devuelve la vida y el deseo a la Eva embalsamada. Con él accedemos a una Eva a la vez con aura y calle.

Paco Jamandreu, en su rol de modisto y confidente, cuenta historias en las que por más que Eva se vista de seda, Eva queda. En sus memorias La cabeza contra el suelo, el diseñador describe una escena en la que Evita se prueba un vestido francés y cuando le pregunta cómo le queda, Jamandreu responde: “Es bonito, precioso. Está muy bien hecho. Parecés un alcaucil”. Con sus relatos de alcoba del matrimonio presidencial, los desacraliza: “El general comía sándwiches de chorizo recostado en la cama”. Siempre provocador, llegó a decir: “En Argentina ser pobre, puto y Eva Perón es lo mismo”. Creó así un lazo que se mantiene hasta hoy entre los homosexuales y Evita. Pero Jamandreu hace una diferencia entre los homosexuales y los maricones. A los maricones no los soportaba: no le parecía respetable que un hombre se vistiera de mujer, lo consideraba una deformación. A la homosexualidad, en cambio, la asociaba con la cultura, le parecía algo “muy normal” porque Dios así lo había hecho.

A través de las memorias de Jamandreu, de la creación del Frente de Liberación Homosexual y de la militancia de la Agrupación Nacional Putos Peronistas, la figura de Eva se abre a la posibilidad del travestismo. Hay varios relatos que conforman ese travestismo y que construyen una Eva plausible de ser tomada por los homosexuales. Eva “adopta” a los humildes, a los descamisados, a las mujeres, y sesenta años después, a los putos peronistas. El personaje Eva madre, la gran diosa madre de todos (y todas), los cobija bajo su bandera. En El fiord, Lamborghini la hace concebir: después de un doloroso trabajo de parto da a luz a un “chico de mierda”.

Como ícono gay, Evita rehúye a esa máscara. Justamente la falta de su propia maternidad, sumada a su aspecto robusto, nos muestra una faceta andrógina. La misma que explota la musculosa Madonna, ícono gay por antonomasia, que a su vez la interpretó en el musical Evita, basado en La mujer del látigo, biografía de Mary Main. Sus figuras se equiparan en ese doble paralelo de roles.

Los murales de los artistas Daniel Santoro y Alejandro Marmo, que hoy adornan el Ministerio de Desarrollo Social sobre la 9 de Julio, muestran dos Evas. La que mira hacia el sur podría ser la que Perlongher llama “princesa ordinaria”: la imagen que ilustra La razón de mi vida, en la que se la muestra más femenina, la Eva mujer del General. Hacia el otro lado, mirando al norte, está la Evita combativa, la que con su voz grave anunció su “renuncia indeclinable”. Las dos Evas no están solas: entre la Santa Evita, femenina y frágil y la Evita macho, de una fuerza irresistible, volvió y fue millones.

En la obra Eva Perón de Copi, por ejemplo, vemos a una Evita fálica, que está agonizando pero no para de moverse (“¿No podés dormir un poco o quedarte en tu habitación a escuchar la radio como los demás? Tenés el diablo en el culo, Evita”, le dice su madre), y que putea a Perón (“¡Cuando esté muerta me va a sacar para los desfiles! ¡Cobarde! ¡Él va a gobernar sobre mi cadáver!”, grita Eva). Es una Eva Violencia Rivas. Si bien en el texto no hay indicación de que el personaje de Eva sea travesti, el papel lo hizo un hombre la primera vez que se representó, a principios de los setenta en París. Hay un personaje masculino que se viste de mujer y se hace llamar Ibiza: la Evita travesti de los Putos Peronistas tiene un antecedente literario.

Para Carlos Monsivais, Eva Perón es “la gran posibilidad del travestismo, la mujer hiperbólica que nos transmite el esplendor del macho y el cacique”; para Jamandreu, lo fundamental “es el amor, el amor de todos los pueblos que borra falencias y errores, que en definitiva es lo único que importa ahora, ahora cuando las maldades y las equivocaciones de los que vinieron tras ella engrandecieron su nombre”. Ningún travestismo hubiera sido posible sin la muerte de Eva, sin esa muerte mártir, a la edad de Cristo. De otro modo, ¿hubiera existido Eva Perón de Copi? ¿Hubiera puesto alguien en boca de Eva: “Me daba placer verla vestida como yo, a mi lado, como un mono, en la tribuna oficial”, cuando todavía estaba viva?

Hoy Evita es madre de todos y de nadie, aventurera, luchadora, resentida, fanática, trepadora, actriz, vampiresa, máquina, travesti, dadivosa, guerrillera, revolucionaria. Nos queda una Eva cadáver exquisito. //RT3

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