“Los grandes intelectuales argentinos adhirieron siempre al peronismo”

Entrevista a Carlos Benítez

Por Carlos Mackevicius // elmacke2003@hotmail.com

 

Carlos Benítez nació en un hogar muy humilde de la provincia de Misiones. Llegó a Buenos Aires de niño y nunca paró de trabajar. Hoy es el responsable de la editorial Punto de Encuentro. El 10 de diciembre pasado asumió como comunero en la ciudad de Buenos Aires por el Frente para la Victoria Comuna 5 (Almagro-Boedo). Me citó en el bar de la esquina Homero Manzi, en San Juan y Boedo, que funciona como una suerte de oficina política y social para él. Benítez comenzó su militancia el 30 de marzo de 1982, en la famosa huelga y movilización que convocó la CGT contra la dictadura. En su bautismo militante, como tantos otros en esa jornada, terminó pasando la noche en la comisaría primera. Se pide un mate cocido y empezamos la entrevista.

¿Cómo empezó tu interés por la edición?

Siempre admiré la editorial de Peña Lillo, conocida como la edición del campo nacional y popular, y me pareció que ese camino estaba abandonado por el fallecimiento del fundador de esa editorial. Había un lugar vacante en ese espacio y con algunas ideas más o menos claras sobre qué editar empezamos a trabajar.

¿Cuáles fueron los primeros pasos concretos con los que empezó la editorial?

Hace 6 años constituimos una cooperativa con Teodoro Boot, con un conjunto de compañeros que vienen todos del periodismo, menos yo, que hago de articulador o facilitador. Lo primero que hicimos fue juntar unos pesos y empezamos a hacer algunos clásicos; después, cuando ya se constituyó la cooperativa formal y legalmente, empezamos a editar algunos ensayos, alguna novela. La novela de Teodoro Boot fue una de las primeras que hicimos (Espérenme que ya vuelvo); también hicimos una investigación periodística de Juan Salinas sobre el narcotráfico y su relación con los bancos (Narcos, banqueros y criminales). Hoy Boot tiene su propia editorial, edita algunos libros muy particulares, ahora editó su segundo libro. Nosotros profundizamos una línea nacional y popular, editamos libros de José María Rosa: La guerra del Paraguay, La caída de Rosas, Imperialismo financiero, publicamos libros con Galasso, autores muy conocidos, algunas reediciones y también la apuesta de escritores nuevos, jóvenes; de hecho, ahora está saliendo una nueva novela: Villa 31, de Demián Konfino, que es un pibe joven pero al que apostamos, es un libro muy interesante.

Con respecto al cambio tecnológico y a la posibilidad de difusión del pensamiento nacional, ¿cuál es el rol actual del publicista en relación, por ejemplo, a la época de Peña Lillo?

En el mundo de aquella época la tecnología era el libro, una herramienta imprescindible: no había internet, no había nada de lo que hoy hay; además se leía mucho más, por razones que podríamos estar hablando una hora. Ahora, también es cierto, lo bueno y lo malo de la tecnología es que también se difunde más. Googleás y a los dos minutos sabés quién es José María Rosa, quién es Don Juan Manuel de Rosas; por ahí genera inquietud y lleva algunas veces a que también compren un libro. Todavía estamos muy lejos, al menos en Argentina, de la competencia que ya hay en algunos sectores o lugares del mundo sobre lo que es el libro digital. A mí por ejemplo, por una cuestión generacional, me gusta leer el libro libro, en papel; no puedo leer en la cama como hacen algunos con el libro digital, pero me parece que es un tema a tener en cuenta. Muchas librerías y editoriales grandes tienen muy buenos resultados en la venta por internet. Nosotros estamos empezando a preparar la plataforma para vender por internet, pero eso requiere de otra tecnología que todavía no tenemos, y me parece que nosotros tenemos que apostar al libro en papel. Pero nadie se puede oponer a los avances tecnológicos; el tema es justamente ponerlo “al servicio de”. El tema de la tecnología es justamente “para quién”. Si es para difundir, si es para aportar a la discusión, si la tecnología ayuda, bienvenida sea. Nosotros pensamos que la editorial tenía que existir; si hay un debate creciente sobre lo que es el destino de este país, como es el proyecto nacional, los libros son un aporte.

¿Qué pensás de la relación que se ha dado entre el peronismo y el mundo intelectual?

Me parece que hubo demasiados fantasmas sobre si el peronismo expulsaba a los intelectuales. Yo creo que, muy lejos de eso, el peronismo en sí es un movimiento nacional, popular, democrático. En todo caso hay una discusión, o algún recuerdo sobre lo que pasó en los dos primeros gobiernos de Perón sobre la discusión de “alpargatas sí, libros no”. Me parece que está la prueba: los grandes intelectuales de Argentina adhirieron siempre al peronismo, por lo menos los que uno considera y que están en el campo nacional: Jauretche, Scalabrini Ortiz, Manzi, pasando por inclusive los que venían del marxismo: Puigróss y Hernández Arregui abrevaron en el movimiento nacional. No se contrapone; al contrario, el peronismo es un movimiento de masas tan fuerte, tan arraigado, que es insumo y sustento para que los compañeros intelectuales puedan sistematizar, discutir, difundir, generar publicaciones.

¿Qué representa Evita para vos?

Para cualquier peronista significa la expresión misma de lo combativo, de ese peronismo plebeyo, rebelde, que no debemos nunca olvidar. Cuando un joven o un adolescente se incorpora a la política lo primero que hace es identificarse con Evita, con el Che. Identificarse con Evita es identificarse con la opción por los pobres, con los descamisados, todo lo que ella le impregnó a esa etapa. No es casualidad que hace 60 años que murió y todavía la recordamos en esa situación. No te diría lo mejor del peronismo porque hay algunos que quieren contraponer a Perón con Evita y yo creo que no, creo que había un conductor natural e indiscutido que era Perón, y Evita era parte del engranaje de ese movimiento y cumplía muy bien ese rol; ella misma lo dijo veinte veces. El destino quiso que tuviera esa enfermedad tan nefasta y que falleciera tan joven, pero ese es el destino que le tocó. Dejó una impronta fuertísima, sobre todo en los ideales, que es lo que marca a Evita. Justamente ahora unas editoriales amigas están publicando Mi mensaje, su libro mas polémico, y es muy dura con los sectores mas reaccionarios de aquella época y de ahora, porque son lo mismo. El poder hegemónico ha sido siempre el mismo, cambian después por una cuestión generacional; Martínez de Hoz existió casi desde nuestros principios, esos personajes y ese odio que había contra Evita y contra el pueblo, porque a Evita la rechazaban porque expresaba al pueblo que ellos tanto denigraban.

¿Qué editoriales están publicando Mi mensaje?

Arenal, que es la editorial de Teodoro Boot. Nosotros estamos colaborando con eso. El libro es de pocas páginas pero muy contundente y muy polémico. Esos escritos se habían perdido. Creo que después de la muerte de Evita quizás a Perón no le convenía que se difundiera: era muy fuerte contra la Iglesia, contra las fuerzas militares, contra la oligarquía, y la verdad es que con todos los problemas que estaba teniendo Perón no sé si le servía que se publicara. Después del golpe del ‘55 habrá quedado en alguna biblioteca abandonada y terminó apareciendo en fotocopias. Allá por los ‘70 Juan Salinas y el Beto Schprejer se encontraron con un compañero que iba leyendo esas fotocopias en un colectivo. Son los primeros que lo editan, que lo sistematizan y producen el libro Mi mensaje. Hubo algunas discusiones con los familiares de Evita que no lo permitieron, un juicio largo que algunos amigos editores perdieron en aquel momento con las hermanas de Evita. No se discutieron derechos sino si eran auténticos o no; finalmente se comprobó que eran auténticos y ahora está al alcance de cualquier ser humano que quiera comprarlo, es muy económico.

¿Cual es el lugar de Punto de Encuentro en el mercado editorial?

Ninguno de los socios de la cooperativa vivimos de los libros; por eso todo lo que se produce se vuelve a reinvertir en nuevos libros o en reeditar otros. Lo que vemos es que hay un mercado de libros que nosotros llamamos “de ciencias sociales y política”. Todos nuestros libros, más allá de algunos que son clásicos que imprimimos para balancear un poco la inversión (Martín Fierro, Don Segundo Sombra, Cuentos de la selva), son trabajos vinculados a lo político y a la ciencia social. La verdad es que nos va bien, no me puedo quejar. Obviamente, si tuviéramos estructuras de venta y publicitaria más importantes, venderíamos mucho más, pero es el huevo y la gallina; ese dinero preferimos ponerlo para publicar. También estamos armando la plataforma online para vender, tenemos cuentas de Facebook y de Twitter para hacernos conocer, pero en realidad el grueso de nuestros libros se vende incesantemente. No es casualidad que los títulos que más se venden son de escritores conocidos, José María Rosa, Norberto Galasso, Stella Calloni, una periodista excelente: su libro Evo en la mira lo fuimos a presentar a Bolivia con el propio Evo, así que creo que el grueso de nuestros títulos caminan razonablemente.//RT3

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