Araña brasileña

Por Leticia Martin // leticiamartinelem@gmail.com

Manifestación de todo lo visible, de Rodrigo Arreyes.
Editorial Simulcoop. 64 páginas. $70.

 

La novela corta Manifestación de todo lo visible, presentada en sociedad hace poco más de un mes, cuenta la historia de un chico que deja su casa en Villa Bosch para regresar a Brasil, donde lo criaron sus abuelos. Allí se reencuentra, entre otras cosas, con ciertas costumbres olvidadas, aprende a disparar e incursiona en la práctica del espiritismo que le enseña su abuela.

La novela está dirigida a un público joven, interesado en la experimentación con el lenguaje y en ver representada su jerga o ciertos hábitos y prácticas en un texto narrativo. Más allá de la clara influencia de sus propias experiencias de vida, como haber vivido en Brasil, o haber desarrollado oficios manuales como el de gomero, se percibe en la narración de Arreyes una observación no convencional de la realidad, que se traduce en unas combinaciones poco frecuentes y unas relaciones entre sustantivos y adjetivos que vuelven novedoso al texto. “Sé que el tiempo pasa y las frases lo boxean”, “Su hermano murió de tren”, “Esa familia vino al mundo sin culo”. También hay ciertas comparaciones muy visuales que enriquecen la narración: “Preocupaciones con la consistencia del telgopor”, por ejemplo, o “desaparecieron del barrio como en el invierno desaparecen las heladerías”.

Hay algo en esos párrafos enrarecidos que recuerda la construcción narrativa de Clarice Lispector, escritora ucraniana que residió en Brasil hasta su muerte, así como de la poesía brasileña y la propia necesidad de decir corrido, ampliando los márgenes del lenguaje. La inventiva en la frase, la búsqueda de la forma nueva y el desparpajo para con las normas lingüísticas que, si bien de modo formal parecieran no colaborar con la escritura, en el plano del contenido son muy ricas. Las metáforas, las comparaciones, las observaciones extrañas y las fotos que hay en varias líneas de la novela son, sin lugar a dudas, lo mejor de este trabajo que destruye la pereza del lector acostumbrado a la prosa llana y prolija, exigiéndole más trabajo.

En ese mismo punto estaría los límites de la novela; poner a prueba la actividad receptiva de los lectores puede generar a la vez cierto distanciamiento. En el caso particular de Arreyes, su forma de narrar logra capturar al lector y tenerlo entretenido en los juegos interpretativos del lenguaje que genera. “Yo quisiera ser de viejo una persona con muchas frases, vivir como una araña en la cima de una pared, tirando frases para atrapar al que pasa por debajo”.

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