Salinger y Hemingway en el bosque de Hürtgen

Por gajes del oficio, este relato de un encuentro entre J.D. Salinger y Ernest Hemingway no pudo ser incluido en algunas versiones de la edición norteamericana de J.D. Salinger, una vida oculta, ni tampoco en la edición en castellano. Kenneth Slawenski tuvo la gentileza de cedernos los fragmentos, inéditos hasta hoy en castellano.

Por Kenneth Slawenski // Traducción de Victoria Cotino

“En la negrura de Hürtgen, Salinger vislumbró un raro instante de consuelo. Durante la batalla por el bosque, Hemingway trabajaba como corresponsal de guerra y estaba parando junto al 22avo Regimiento por poco tiempo, a sólo un par de kilómetros del campamento de Salinger.

Una noche, durante una pausa en la batalla, Salinger se dirigió a su compañero Werner Kleeman, un traductor del 12avo Regimiento de quien se había hecho amigo mientras entrenaban en Inglaterra. “Salgamos”, lo instó Salinger,  “Salgamos a ver a Hemingway”. Los dos hombres se pusieron sus abrigos más pesados, juntaron sus armas y linternas y se hicieron camino a través del bosque. Un par de kilómetros después llegaron al cuartel de Hemingway, una pequeña casilla iluminada por el extraordinario lujo de un generador propio. La visita duró dos o tres horas. Tomaron champagne en las tapas de una cantimplora de aluminio. Kleeman escuchaba mientras Salinger y Hemingway hablaban de literatura. Fue un momento singular en el bosque, uno que dejó a Salinger renovado y a Kleeman impresionado. Cuando cinco meses después mencionó la visita en una carta, Salinger todavía sacaba fuerzas de ese recuerdo.

La elección de Salinger de su acompañante fue quizás una expresión de gratitud. Entre sus superiores en el Bosque de Hürtgen había un oficial al que Kleeman describía como alguien que había sido “un gran bebedor” y cruel con sus tropas. Este oficial le había ordenado a Salinger que permaneciera durante la noche en una madriguera sabiendo que Salinger no contaba con el equipo adecuado. Cuando la temperatura bajó a niveles peligrosos, Kleeman temió por la vida de su amigo. Tras escabullirse y encontrar a Salinger temblando en el hoyo cubierto de nieve, Kleeman le entregó en secreto dos elementos de las pertenencias de Salinger que lo ayudaron a sobrevivir: una manta tomada de un hotel luego de la Batalla de Cherbourg y un par de las ubicuas medias de lana de su madre.”//RT3

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