La cabalgata del circo

Sobre Eva Perón y Libertad Lamarque

Por Alicia Digón // aliciadigon@gmail.com

 

“…Y si los archivos de la Patria no nos proveen de suficiente material para construir la memoria de nuestra propia mínima patria, hurguemos entonces en los meandros de los recuerdos colectivos o incluso en las ficciones transmitidas de generación gay en generación gay. A mí me gusta repetir la historia que en una mesa del Café Tortoni me contó un amigo que ahora vive en San Pablo: el famoso cachetazo que le encajó Libertad Lamarque a Eva Perón en el rodaje de La cabalgata del circo no fue porque la jovencita amante del coronel se las diese de estrella y retrasara la filmación. No. Esa escena de violencia (que Lamarque siempre desmintió, aunque después se tuvo que exiliar en México) tuvo un origen más emocionante. Libertad y Eva habían sido amantes cuando vivieron juntas en un conventillo porteño, bastante antes de convertirse en Libertad y Eva. Broncas nacidas de un amor tumultuoso y frustrado. La historia que escuché fascinado en el Tortoni seguramente sea falsa, pero díganme ustedes si no contiene la belleza necesaria para formar parte de nuestro anecdotario patrio…”

“Celeste, blanca, rosa”, de Alejandro Modarelli

Página/12 del 6 de julio de 2012

 

Las Malvinas es un pueblo perteneciente al partido de General Rodríguez, a unos treinta kilómetros de Luján. Lo llaman “capital del aire puro” por su espesa e indómita vegetación. Allí vive don Elfio G entre paraísos, tilos y fresnos salvajes que para octubre y noviembre reverdecen y en marzo empiezan a ponerse amarillos y cubren las calles de tierra y las quintas enormes con sus veredas de ladrillos desparejos y cascotes puestos al descuido para no embarrarse con las lluvias. Hablando sobre Eva y Libertad, (no dijo ni Lamarque ni Perón), dijo: “Él sabía cosas”. ¿Qué cosas?, le pregunté. Me dijo que me contaría algún día de mates y tortas fritas, bajo promesa de no decirle a nadie o bien que su nombre no aparezca en Clarín y se lo lleven preso. “¿Entonces lo que me va a contar es una mentira?”, le respondí, y él me miró con sarcasmo: “Pruebe primero a que le cuente”.

Olvidé esa charla hasta este invierno crudo y azul, cercano al 26 de julio. Este domingo helado como un muerto me citó en Carlos Kent, otro pueblo al que se llega por una ruta sin luz a veinte kilómetros de Luján, que posee una mítica estación abandonada que hace las delicias de minituristas y chicos alborotados. Al atardecer, en esa estación con bártulos y una cama revuelta, está Elfio esperando casi en sigilo. Me pide que no grabe.

“Era provocativa la Liber”, dice el viejo. “Es así, vivieron juntas un tiempo y hay hasta un periodista que dice que fueron amantes entre ellas. Yo era el pibe de la escenografía”, agrega con nostalgia. “¿Quién es el periodista?”, le pregunto pensando que el delirio se hizo cargo del hombre. “Alejandro Modarelli, el 6 de julio en Página/12 lo confirma”. Lo dice serio, como un investigador avezado y agrega que puede ser habladuría. O no. Se remite a la nota y dice: “Se titula Soy y luego no me acuerdo”, se hace el tonto y yo sigo preguntando, mientras no me permite encender el grabador. Espeta: “¿Usted sabe señora que las putas y las lesbianas se parecen?”. “No sé”, digo, y ahí pienso que debo chequear las fuentes. Entonces pregunto y repregunto entre liebres y perdices y me dicen que una señora es directora de una Casa del Niño que se denomina Libertad Lamarque. “¿Dónde?”, pregunto, y me responde ya sin ganas: “En las Malvinas, en una hectárea, casi todo ese pueblo era de Libertad”. Lo saludo ya entrada la noche y decido ir al día siguiente.

Llego y esta vez es una mañana de sol que corta el invierno y me equivoco porque voy pensando en la Liber y en la Eva, juntas en un conventillo de San Telmo amándose, esa no la sabía, pero hay que ver, hay que escuchar otra campana, y sí, hablando de campanas llego con dificultad a un lugar paradisíaco, con piscina como en los countries, con árboles añejos, con piedritas en la entrada, con una atención propia de un cinco o seis estrellas. Perfumado de lavanda, me atiende Diego y me dice: “Suba, señora, la está esperando la directora”.

La docente me espera con té, con orgullo y excelente disposición, hablamos del parque, de la piscina y llega la pregunta por Libertad, y ahí nomás me dice algo que no sé si alguna vez se dijo: “Libertad era una dama que amaba a los pobres, como toda hija de anarquistas tenía su semilla”. “¿Amaba a los pobres?”, le pregunto sorprendida, y ella se sorprende más y me cuenta: “Sí, tanto como la Eva, llegó acá en el noventa y cuatro, cuando ya había dado a su nieto la orden de construir en esta hectárea un lugar para ancianos”. Parece que todo el resto del pueblo también le pertenecía. El predio es un campo cuidado. Hacia la derecha, árboles añosos, eucaliptos, fresnos, jacarandaes, y hacia el otro un pobrerío de ropas de sol y de tristeza. Ahí Libertad miró y no dijo “la chusma peronista”, dijo así: “No puede ser para ancianos porque hay escaleras, que sea para estos niños y los defienda de tanta miseria y tanta hambre”. Su directora, orgullosa, con esa lengua pedagógica de cambios y señales me dice: “Un intendente peronista hizo el decreto, Don Oscar”. “¿Quién es Don Oscar?”, le pregunto, y me dice: “Di Landro”. “¿Y qué es el decreto?”, insisto, y me dice: “El decreto que firmaron los nietos, ella, que vino en el noventa y cuatro y su abogado”. “¿Todo esto?”, digo, y abarco con la mano. “Entonces, ¿Libertad no era esa mujer que cuentan que decía que Perón se ocupaba de la chusma peronista?”. “No”, me dice la mujer y continúa entusiasmada, “su sensibilidad era como la de Eva, sólo que no se hacía notar por su hidalguía. Era una mujer hidalga”, dice con orgullo peronista. Miro los fresnos en otoño y los eucaliptos, y pregunto: “¿Qué hacen los niños aquí en esta casa de una mujer hidalga?” Y la docente, con ese orgullo pedagógico, me dice: “Lo que indicó Libertad, que desayunen, almuercen, tengan un micro, una merienda reforzada y hagan arte y deporte”. Me muestra los murales intactos, los dibujos en línea. “Hacen vóley y futbol, hacen salsa con Natalia y también ahora un deporte de ricos: van a hacer también hockey”.

Me voy y el auto esta vez se empaca. Pido alguien, algún hombre que me ayude, y se vienen seis adolescentes con caruchas de risa, y me dicen: “Si la viera la Liber, señora, si la viera la Eva, le regalarían un auto”, y mientras sueño me empujan. Entre la lesbiandad y estas mujeres cabe un sueño: allí, nunca fue Eva, pero estuvo la Liber que en Malvinas es aún una señora….y su tierra es bendita. Dice Nancy Palma, la directora actual de Casa del Niño, que también habrá circo y una cabalgata. Invita a Tónica a pasear por su predio. La Liber fue y fue con la historia… también la Eva y acá se parecen y con raras maneras peronistas. La casa se llama “Casa del Niño Libertad Lamarque”. Se insiste en el cachetazo, pero no de un oasis para niños. Se habla de un orgullo insano, pero no de esta cosa que une a dos mujeres en la historia y su relación para “estos pobres negritos”. Quién sabe: las unió el amor y el desencanto.//RT3

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