Querer y no querer habitar la lengua materna

Por Leticia Martin 

Invitada a la próxima edición del FILBA para dictar el taller Estribillos, detenciones, cortes y habiendo publicado recientemente La novela de la poesía (Adriana Hidalgo Editora), Tamara Kamenszain contestó, sin pruritos, algunas preguntas a Revista Tónica. Kamenszain (Buenos Aires, 1947) es poeta y ensayista, descendiente de inmigrantes judíos rusos y rumanos, y trabajó desde temprana edad en periodismo, para después estudiar filosofía y dedicarse a la enseñanza de la literatura. Comparte generación literaria con los poetas neobarrocos de los ´60, Arturo Carrera y Néstor Perlongher y sus ensayos sobre poesía argentina y latinoamericana son material de estudio en universidades locales y del exterior. Su obra poética fue traducida a varias lenguas. Ha sido premiada en el Tercer Certamen de Poesía Hispanoamericana, Medalla de Honor del Centenario de Neruda, Primer Premio Municipal de Ensayo, Beca Guggenheim, Premio Konex de Poesía, entre otros importantísimos reconocimientos. La voz lograda y personal de Tamara Kamenszain ya es reconocida como influencia de las nuevas generaciones de poetas.

kamenszain

¿Qué pensás de la rima?
Que tiene que rimar verdaderamente y eso raras veces ocurre, en general suena a artificio. Prefiero escuchar el ritmo del sujeto, que rime la vida en la escritura, eso me gusta.

¿La poesía es un flujo constante en tu escritura, o te sentás a producirla en momentos determinados?
No es ningún flujo constante, no vivo inspirada ni mucho menos, me siento a laburar y la mayor parte del tiempo vivo, laburo en lo que me da de comer, me ocupo de las cosas cotidianas, etc. No creo en el artista tomado por su obra, hecho un zombie, eso me suena medio esotérico, no me interesa.

En Poemas inéditos hay unos versos en los que decís que armar un libro es esconder las costuras. ¿Cómo sabés cuándo un grupo de poesías conforman un libro?
El final cae como una fruta madura del árbol, porque el último poema tiene que ser realmente el último y el último verso del último poema tiene que pedir ser un último, no hay con qué darle a eso. Si no pasa eso es que no se tiró del hilo de la estructura desde el principio y ahí se van a ver las costuras y además, uno tendrá que ir poniendo parches. Hay que poder sacar el hilván, dar vuelta el vestido y que cuando lo veas del derecho, realmente sea un vestido. Esto que parece tan simple resulta complicado y no sólo en la poesía (donde se suele soltar alegremente el hilo como si tal cosa) sino también en la narrativa donde se avanza a ciegas y después se empieza a buscar finales artificiales que generalmente fallan y entonces “se les ve la costura”.

En Los no, aparece el teatro y lo teatral. ¿Qué te llevó a escribir sobre esa temática?
Lo escribí después de un viaje a Japón donde vi el teatro Noh, que me dio vuelta la cabeza. Todo me parecía una enseñanza para escribir, todo me inspiraba aunque no entendía nada de los textos.

¿Cómo se dio tu aterrizaje desde lo religioso hacia lo literario? ¿Qué tomaste y qué te interesaba transformar de ese discurso en el tuyo?
Nunca fui religiosa, siempre fui profundamente atea. Tal vez en mi primer libro hay una cosa con la tradición judía, con los textos bíblicos, pero siempre desde un lugar profano, diría. Lo bíblico me aportó un imaginario porque yo escuchaba esas narraciones en la infancia, lo que me dio un impulso para empezar a escribir poesía. De hecho lo judío, así entendido, vuelve en todos mis libros en algún momento, es una matriz infantil que asocio con la imagen, no tanto con las ideas y menos con las ideologías o las teologías, que no me interesan.

¿Por qué decís que salir de la lengua materna implicaría volver a ella?
No hay manera de salirse del todo pero a la vez uno tiene que huir para producir. “Deseoso es el que huye de su madre” dice Lezama Lima, o sea que el deseo marca una huida pero también un retorno, porque, sin volver a casa ¿desde dónde vamos a escribir? En esa lucha permanente se sitúa para mí la poesía, entre querer y no querer habitar la lengua materna.

¿Cómo fue tu paso de la poesía a los textos más ensayísticos?
Empezaron juntos, ninguno de esos géneros es causal del otro, son lo mismo con distinto formato. No puedo escribir sin leer a otros y esas lecturas se plasman en el ensayo, tampoco puedo escribir sobre otros si no los abandono un poco y hago lo mío y eso se plasma en la poesía. En mi último libro, La novela de la poesía, están más cerca que nunca los dos géneros, y sin embargo, no quiere decir que se igualen, o que se “hibriden” como querían las vanguardias. Es probar el cruce hasta el límite para después encontrarse con las diferencias.

Si bien en tu poesía aparece un lenguaje cuidadosamente elegido y trabajado cuando te asociaron con los poetas neobarrocos preferiste cambiar esa denominación a neobarroso. ¿Por qué esa palabra te definiría mejor?
Neobarroso es un término que acuñó Perlongher como señalando el barro y lo barrial del neobarroco, como dándole una impronta más local, más argentina, más de piso movido. Yo, siguiéndolo a él y un poco en chiste un poco en serio, largué el término neoborroso, más acorde al borramientos de los dualismos forma-contenido que todavía persisten a pesar de ser una discusión superada; pero también en cuanto a borrar tanto artificio retórico que caracterizaba al neobarroco, tanto fatigar la metáfora y la metonimia. Borrar para ser más claro, más minimalista, qué se yo.

Apoyás al FILBA con tu presencia este año. ¿Qué mesas no nos podemos perder?
Vayan a escuchar a Margo Glantz, es una maestra total.

¿Qué vas a discutir con los participantes de tu mesa?
Voy a dar un taller que se llama “Estribillos, detenciones, cortes: las estrategias narrativas de la poesía para no narrar”. Se analizará la función del estribillo en poemas de Néstor Perlongher, Héctor Viel Temperley y Roberta Iannamico entre otros, con el fin de comprobar hasta qué punto este recurso va empujando por un lado el flujo narrativo, mientras por otro lo va deteniendo. En esa espiral, que le pertenece al mismo tiempo al ritmo y al relato, se podrá ver también la particular función de un sujeto que ya no responde a las premisas de la modernidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s