Fogwill y Gombrowicz a salvo del ruido

Crónica de la apertura del FILBA 2012

Por Mariano Bello // marianoandresbe@gmail.com

 

Las primeras aperturas del FILBA no estuvieron a cargo de escritores, y el alcance internacional de quienes las llevaron adelante se vio reflejado en los temas tratados. En 2008, el filósofo Gianni Vattimo dio en plaza Perú su conferencia “Interpretación, diálogo, dominio” sobre la hipocresía del discurso político y los límites del diálogo como herramienta de la democracia. La siguiente edición, en 2010, contó para su apertura con la presencia de Marc Augé, que colmó el auditorio del Malba con su conferencia “El saber y la ciudad”. En ella el antropólogo reflexionó sobre el lugar de la literatura frente a las nuevas tecnologías. En 2011 la apertura fue también en el Malba y estuvo ya en manos de un escritor y editor argentino: “Visiones de Babel”, la conferencia que en esa oportunidad brindó Luis Chitarroni, se ocupó de su actividad en la revista Babel y del impacto que una traducción tiene en la literatura de su la lengua de destino. El cierre de esa edición contó con la presencia del Nobel John Maxwell Coetzee, que limitó su participación a la lectura, sin traducción simultánea, de un texto inédito de su autoría, e incluyó entre sus condiciones la de no dar entrevistas.

Este año, la conferencia de apertura es nuevamente en el Malba y en manos de un escritor argentino. Antes de que Ricardo Piglia preste su voz a la ceremonia, Patricio Zunini dice unas palabras de presentación que introducen a Pablo Braun en la tarea de enumerar los logros y la historia del FILBA a través de los años. Uno de estos es la primera edición del Filbita como festival autónomo dedicado a la literatura infantil y juvenil, celebrado exitosamente días atrás. Braun también realiza el agradecimiento pormenorizado de todos los que organizan y apoyan esta edición del festival y da paso a las actividades anunciadas para hoy en el programa. Una banqueta permanece solitaria en el centro del escenario mientras Zunini y Braun dicen lo suyo. En ella se sienta Lito Cruz tras el agradecimiento de Braun con un manojo hojas que tienen impresos fragmentos de Help a él de Fogwill, uno de los homenajeados del festival. Cruz alude a Piglia, que espera fuera de escena, y a ciertas tertulias de cine y literatura compartidas por ambos junto a Saer en otra época. Y advierte al público sobre el manojo de hojas que tiene en la mano: “No es todo esto, pero la vejez viene con anteojos”. Que no los esté usando explica la cantidad de papel por el tamaño de la letra.

La lectura en voz alta genera una experiencia curiosa. Sobre la imagen del actor, que viste un traje gris a rayas y un pañuelo marrón al cuello, se superponen las otras, las evocadas por el narrador de Fogwill: el recuerdo de una mujer perdida, la ciudad, la interioridad minuciosa del cuerpo y sus sensaciones. La narración de Fogwill fluye en la voz levemente áspera de Cruz con la salvedad de dos paréntesis mínimos (uno aclara que “el otro”, supone el actor, es Borges y otro que “el Peyito” es un yate). Luego del aplauso del público el actor ofrece un atinado cierre que renueva los aplausos: “Hay una frase de Romeo y Julieta, cuando muere el amigo de Romeo y él dice al mirarse la herida ʻes raro porque no es la puerta de un convento ni es la inmensidad del mar, pero es suficienteʼ”.

El estilo de Piglia es conjetural, se aventura en la búsqueda de un sentido y parte de una concepción musical, de la partitura definida como “simplemente un indicio de música potencial”, para encontrar en la traducción una interpretación que fija la potencialidad de la literatura. Su conferencia, “Sobre la interpretación”, hace pie en la relación de traducción, interpretación y novela. La novela puede soportar las traducciones, pero también surge muy conectada a la imprenta y la posibilidad de difusión y traducción. Un comentario etimológico de Curtius, la traducción del Quijote a varios idiomas en el lapso de no muchos años y la presentación misma de la novela de Cervantes como traducida del árabe, son sus argumentos. En la otra orilla estaría el Finnegans Wake de Joyce, imposible de traducir por su aspiración a estar escrito en todas las lenguas. De entre los casos de narradores que tradujeron sus propias novelas, Piglia destaca el de Gombrowicz, que tradujo Ferdydurke al español con ayuda de un grupo de traductores al mando de Virgilio Piñera, comunicándose en francés ya que el polaco casi no conocía el castellano ni sus traductores el polaco. Esa traducción permitirá con el tiempo la traducción de la novela al francés y el retorno de Gombrowicz a Europa. Piglia no trafica con abstracciones, sus modos de concreción son la anécdota, la cita, el ejemplo, y hace reír a la audiencia un par de veces entre ironías de Borges y otros chistes.

El brindis es en el hall del Malba, por donde escritores y periodistas, copa de vino en mano, caminan y conversan. Entre ellos reconocemos a algunos de los invitados internacionales de esta edición del FILBA, Laurent Binet, Kjartan Fløgstad y Fernando Vallejo, que nos cuenta que tiene programadas nada menos que ciento treinta entrevistas. El ambiente es ameno, cálido. La noche está templada. Los bocinazos y el ruido de las cacerolas no llegaron a oírse en el Malba. Tampoco la cadena nacional.

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