Periodismo panqueque

Por Francisco Dalmasso // fran.dalmasso@hotmail.com

 

Robert Juan-Cantavella es un español que se vende como periodista punk y huele muy bien. Usa Macintosh y ante los problemas lo defienden sus abogados. Dictó un taller-charla en el FILBA que generó polémica. Una rubia me llamó “irrespetuoso” y hubo discusiones sobre “objetividad”.

Hay un tipo con mirada astuta y un codo apoyado sobre la mesa. Teclea educado en una notebook blanca con el logo de una manzana. A su izquierda tiene un vaso de agua y un libro. Está contenido dentro de un ambiente luminoso, que parece un inodoro gigante desinfectado. Un reflector lo ilumina desde arriba santificándolo y una pantalla gigante se enciende a sus espaldas. “¡Bienvenidos a todos, tías y tíos!”, saluda. Sólo faltarían un par de cámaras de TV y si le cambiáramos el vaso por una taza de café, podríamos decir que Robert Juan-Cantavella sería el conductor de un “Night Show” en Barcelona y entonces las trompetas de la Big Band de jazz sonarían ruidosamente. Pero no hay tribuna,  ni papelitos que caen, sino trece personas sentadas en sillas de colores. Y no estamos en España, esto es Argentina y Cantavella no tiene carisma, pero está por comenzar una charla titulada “Del periodismo gonzo al periodismo punk”. El libro sobre la mesa se titula El Dorado y es la demostración del periodismo punk que escribió en el 2008 para la editorial Mondadori. Algún distraído que esté buscando la charla podría pensar que son las oficinas de Google y pasaría de largo, porque el Centro Cultural de España es pulcritud y seguridad absoluta: tres cámaras vigilan todo lo que sucede desde el techo.

“El nuevo periodismo muestra y esconde cosas. Sin embargo, para el viejo periodismo estás ‘traicionando al lector’ para que tu reputación quede mejor”, informa Cantavella. Tiene razón, porque el comienzo de esta crónica es una secuencia imaginativa de quién escribe y nunca sucedió. Una mujer colombiana pregunta: “¿Tú crees que se puede considerar real a todo lo escrito en una crónica sin importar la verdad?”. Cantavella duda y luego responde: “A ver… esto no es una ecuación matemática, no hay una estructura fija que dé como resultado algo estable…”. Entonces vayamos a lo interesante, amigo lector. Usted apretó “adelantar” y esta charla se acelera hasta un momento picante donde una mujer rubia sentada en la primera fila levanta la mano, acomoda los cuadernos sobre su falda y dice convencida: “Me parece que en el periodismo gonzo hay que privilegiar la objetividad en su dosis justa para elaborar un análisis fehaciente de lo que pasó”. Cantavella le contesta: “Él fue un periodista que introdujo drogas y alcohol al periodismo para cuadrar su realidad legítima generando locura, arrogancia y desprecio a todo lo que observaba”. La mujer mira asustada y se aferra a los cuadernos.

“¡TE EQUIVOCASTE DE CHARLA! ¡Thompson se convirtió en estrella gracias a su subjetividad, que fue más honesta y humilde que sólo dar datos duros como te enseñaron en tu asquerosa facultad!”, levanto mi voz sentado desde la última fila y me desconozco. Ella frunce el ceño y responde: “Me parece que sos un irrespetuoso… ¡UBICATE POR FAVOR!”. Le contesto: “¡YO SOY PERIODISTA GONZO, no voy a abrir la boca si no es para hablar desde la subjetividad y vos TE EQUIVOCASTE DE CHARLA!”. Siento que en cada una de mis venas leves descargas eléctricas. Me calmo sonriendo. La señora sentada a mi lado dice: “¡Qué pelotuda esta mina! ¡Callate rubia!” y susurra moviendo la boca para un costado: “¡Dejame escuchar al galleguito hermoso!”. Cantavella interviene y calma el ambiente: “¡Bueno, joder! Este taller es para intercambiar ideas, no para discutir así, ¿vale? Entendamos que Hunteres Thompsons (SIC) es un estilista. Es el primer periodista de Rolling Stone que no escribió sobre música”. Es que en 1970 Hunter Thompson sentía un profundo interés por la política, pero el director del diario Boston Globe lo envió a cubrir una aburrida carrera del hipódromo de Kentucky. Harto, decidió retratar el contexto de alcoholismo y decadencia que rodeaba a los apostadores y luego envió los apuntes esperando que lo despidan. Sin embargo su jefe lo felicitó por el “excelente artículo” y su nota salió titulada como “El Derby de Kentucky es decadente y depravado”.

En el párrafo anterior usted experimentó un eje fundamental del Gonzo. La discusión fue incentivada por motivos estrictamente profesionales. Cantavella lo explica: “La principal característica del periodismo gonzo es el uso de la primera persona que influye en la noticia hasta el punto de intervenir en ella. En ese sentido lo que hacía Thompson era ponerse delante de la historia y modificarla.  Si usas la primera persona en la universidad… ¡te suspenden, tío!”. Cantavella advierte que el artículo periodístico está avalado primero por “el medio que lo publica” y después por el propio periodista que “firma su nota”. Pero la mayoría de la gente hoy en día no “logra creer” en el periodismo gonzo porque está acostumbrada al “viejo periodismo”. “Los que deciden confiar son los lectores arriesgados y modernos quienes se entregan a la mirada del periodista. “Hunter Thompson solo escribía desde el ‘yo’ y rompió las reglas del periodismo ‘objetivo’, y si  lo hubieran mandado a cubrir un evento de un shampoo hubiera consumido drogas haciendo escándalos y provocado desastres”, manifiesta Cantavella. El periodismo gonzo es el “hijo bastardo” del ‘Nuevo Periodismo’ que explotó en los ’60 en Los Ángeles y Nueva York donde estaban los periodistas más excéntricos (Tom Wolfe, Gay Talese y Truman Capote) y los publicaban Rolling Stone y New Yorker.

“Lamento que no haya existido la voluntad de poder dialogar…”, dice la rubia y me clava la mirada. Cantavella me señala: “El amigo de allá atrás entendió… te lo aseguro”. Yo sonrío. La rubia retoma: “Lo que sucede es que la objetividad…”. La señora sentada a mi lado me imposibilita escuchar porque susurra en tono molesto: “Qué estúpida que es… ¡la ma-ta-rí-a!”. Cantavella corta por lo sano y dice: “Bueno, creo que esto no son más que… ¡pajas mentales sobre lo objetivo y lo subjetivo!”. Un grupito de chicas colombianas sueltan risitas. “Otro rasgo del Gonzo es la investigación intensa, casi etnográfica, que aparece en el libro Miedo y asco en Las Vegas (Thompson se aventura a la ciudad de Las Vegas en un Cadillac lleno de drogas) y fue definido por él mismo como un gran experimento fallido del Gonzo. Lo escribió para ‘relajarse’ de otro extenso artículo que estaba escribiendo sobre racismo”, revela Cantavella. Thompson tiene influencias del fotógrafo Cartier Bresson, el surrealismo de André Bretón, la prosa de Fitzgerald y Hemingway. Además respeta puntillosamente la frase de Willian Faulkner: “La mejor ficción es mucho más verdad que cualquier tipo de periodista”. Años más tarde David Foster Wallace encarnó la versión “académica” del Gonzo y Günter Wallraff la desafió ocultando su condición de periodista disfrazándose (albañil, indigente) para engañar y desenmascarar la realidad.

“Yo quería ser gonzo, pero gonzo es Hunter Thomspson y nuestro amigo de la sala que se define como tal”, dice Cantavella y yo expongo: “El Gonzo no significa hacer lo que hizo Hunter, sino reinventarse todo el tiempo sin reglas, pero con creatividad”. Cantavella escucha y contesta: “Justamente por eso inventé un término donde sólo entraría yo y lo llamé ‘periodismo punk’, que agrega la ficción como elemento”. El periodismo punk es algo que ya hicieron cientos de escritores. Luego empieza a promocionar enloquecido su página www.punkjournalism.net porque sólo faltan 20 minutos para finalizar. Muestra unas fotos de un complejo enorme y lujoso con piletas: “Estas fotos son de una investigación que hice en Valencia sobre unos edificios que tenían fachadas realizadas por arquitectos prestigiosos, pero la calidad estructural del edificio no soportaba más de 15 años. Es una crítica a la sociedad consumista y está en El Dorado”. ¿Periodismo Punk? La revista española “Quimera” eligió su libro como mejor libro de ficción en el 2008 y no resulta casual que Cantavella escriba en esa misma revista. De repente la computadora se tilda y putea: “¡Joder! ¡No hagan nunca una página con aminación en Flash…! ¡Es una putada!”. La página se reinicia y aparece lo más “punk” de la página: una publicidad de Luis Aguilé junto a una cabecita fluor de un esqueleto con una cresta.

Así como Thompson llevaba a su abogado, Cantavella llevó consigo un “asesor espiritual” y emulando a Hunter que firmaba como “Raoul Duke”, Cantavella firma como “Trebor Escargot”. Bajo ese nombre recibió una denuncia judicial cuando escribía en Quimera. Imagino que se viene una anécdota sobre sangre y juicios y abogados cocainómanos. Pero no. “La revista contrató el mejor abogado de España para que me defendiera. Yo me quedé cruzado de brazos. Es que yo jamás hubiera podido pagarlo…”.

 

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3 replies »

  1. “El Gonzo significa reinventarse todo el tiempo sin reglas, pero con creatividad”. Qué bonito… lo dijo Paulo Coelho, o lo leíste en un manual de autoayuda.

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