Qué carajo hacer después de Fogwill

Por Marisol Córdoba // marisol.cordoba.10@gmail.com

 

A las seis de la tarde en Eterna Cadencia está convocada la mesa sobre Fogwill, “La larga risa de todos esos Fogwill”, parafraseando un conocido cuento del escritor. El patio de la librería queda chico para las más de 50 personas que se acercaron hasta allí para escuchar a Horacio González, Daniel Link y María Pía López. La actividad comienza media hora más tarde de lo previsto, con la presentación de un hombre que forma parte del staff de Eterna Cadencia, y que unos minutos antes le había preguntado a dos de las organizadoras:

– ¿Qué es lo que tengo que presentar? ¿Algo sobre Fogwill?

Cuando introduce la mesa también pide disculpas porque no va a poder pasarse un video con una entrevista al homenajeado. Pide disculpas al público y a la videoteca de la Biblioteca Nacional, ya que se trató de una falla técnica del lugar.

Link elige comenzar leyendo un fragmento de Un guión para Artkino. “Después llegará la muerte como un suave remanso, una recompensa más sumada a la alegría de haber vivido el amanecer socialista de mi querida patria. Yo sólo espero que antes que todo concluya podamos festejar la hora en que la Gran Alborada Roja del Socialismo ilumine todos los pueblos de la tierra.” Se producen risas generalizadas del público, y Horacio González se tienta cubriéndose la cara con su mano. Link continúa con el poema “Pecera de Acuario”, donde lee cantando la parte de “Oíd mortales”. Finaliza con unas palabras que Vera, hija del escritor, publicó en Radar en ocasión de la muerte de su padre: “‘Escribo para no ser escrito’, se limitaba a decir siempre él. ¿Y ahora qué carajo hago, papá? ¿Escribo para que no seas escrito o dejo de escribir?”.

Llega el turno de González, que alega que no sabía que había que leer algo, pero que por las dudas había llevado un pocket book. Se trata de un libro que contiene “Memoria de paso”. Cuando termina de leer el fragmento escogido, dice que eso no era más que la recopilación de todas las frases que Fogwill se pasaba diciendo en las calles de Buenos Aires y que esa especie de homenaje le causaría risa e indignación. “No hagan esto que están haciendo”, nos diría hoy “Quique”. La mala dicción de González dificulta poder entender lo que dice, por lo que hay que hacer un gran esfuerzo para escucharlo.

María Pía López propone un eje entre las lecturas para homenajearlo: poesía y risa. Destaca que el asombro es la materia prima de la creación literaria; cuando algo nos sorprende podemos usarlo como material literario. Lee el comienzo de Los Pichiciegos y unos párrafos de la novela En otro orden de cosas. El auditorio ríe en los pasajes más ingeniosos y siempre hay un teléfono que suena en el medio de todo esto. La socióloga habla de la distancia frente a los modos de hablar que se percibe en su escritura y afirma que “sí algo reímos con Fogwill, es sobre nosotros mismos”.

Guillermo Piro, moderador de la mesa, le pregunta a Link:

– ¿Querés contar por qué elegiste esos textos?

– No, pero tengo que hacerlo.

Manifiesta que para él Fogwill es básicamente un gran poeta, pero como la poesía nunca va a ser el género representativo de una década, se dedicó a escribir cuentos y novelas, que sí son géneros representativos por excelencia. ¿Y ahora qué carajo hago? es, según Link, la pregunta que cualquiera que quiera escribir debe hacerse después de Fogwill.

Piro propone un “Fogwill, yo mismo”, imitando el “Arlt, yo mismo” de Masotta.  Pide que no se “sobrecargue de anécdotas”. La anécdota, al fin y al cabo, es el recurso del que siempre se echa mano cuando se quiere recordar a alguien. Pero la evocación, tratándose de un tipo como Rodolfo Enrique Fogwill, nunca es sentimental, ni obsecuente, ni está atravesada por un pathos emocional acerca de la vida y la persona del difunto. Daniel Link recuerda que lo conoció cuando era un “pichi” y laburaba en Ediciones de la Flor. Cuenta que se quisieron mucho, pero que las historias que los unen son todas iguales: de desprecio, malas respuestas, humillación pública.

– Cuando salió Los libros de la guerra, Garamona (el editor) me pidió que yo escribiera el prólogo. Fogwill me dijo: vos vas a escribir un “trólogo”, no un prólogo.

Sigue María Pía y habla del miedo que le tenía. Sólo narra su experiencia como lectora porque tenía terror de cruzárselo, así que no tiene anécdotas para aportar a la causa. Califica las obras de Fogwill bajo el epíteto de “cinismo terrorista”, un concepto que según ella define toda su estructura de pensamiento. Lo define también como un sociólogo marxista que demuestra a través de su literatura que la redención de la vida es posible. Frente al determinismo brutal de una maquinaria de producción, él es un sobreviviente. “No obstante, prefería no cruzármelo demasiado”, finaliza López. No sabemos a qué le temía tanto María Pía. Quizás tenía miedo a que se la quisiera coger, como subrayó Link.

El director de la Biblioteca Nacional recuerda que de jovencito Fogwill era trosko, pero una forma elevada del troskismo. Y dice que de grande se burlaba de su troskismo juvenil. Estas es una de las pocas alusiones políticas en toda la mesa. Finalmente, González comparte una anécdota que los involucra. Relata que Fogwill siempre salía a correr alrededor de la Biblioteca Nacional. Cada una de esas veces subía hasta su oficina, lo apuntaba con el dedo índice y le espetaba: “Vos vas a ir preso”. “Puede ser, que sé yo”, ríe González y el público estalla en carcajadas.

Piro recuerda que su relación como editor fue muy agresiva, pero remarca dos cosas que llamaron su atención sobre la personalidad del escritor. Por un lado, que era un lector omnívoro y cuando algo le gustaba mucho, se transformaba casi en agente de prensa. Hablaba con las editoriales para que le mandaran a Piro ejemplares de los libros que a él le habían gustado, así los reseñaba. Otra característica que resalta es lo observador que era, siempre iba un paso más adelante del resto.

Se abren las preguntas al auditorio y una mujer pregunta algo acerca  de la estructura de dos mundos que se repite en la obra de Fogwill. Link responde un poco evasivamente, presumiblemente porque es una respuesta que requiere más elaboración y tiempo. María Pía recoge el guante y alude a los artículos periodísticos recogidos en Los diarios de la guerra. La socióloga de Carta Abierta es la más interesada en introducir la política en la conversación y comienza a hablar de un artículo publicado en los años 80 llamado “La herencia cultural del proceso”, donde Fogwill hace referencia a la superficie de una lógica que ha cambiado y va a tener consecuencias perdurables. Terminada su exposición sobre el tema, López calla. También callan Piro, González y Link. El público permanece en silencio y, como no hay más preguntas, se cierra la mesa.

La figura de Fogwill es inabarcable: una hora no alcanza para hablar de él.

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