Una mesa de mantras

Por Leticia Martin // leticiamartinelem@gmail.com

 

 

Avidez es también apetencia.

Aspiración.

Avaricia.

Codicia.

Avidez es Gula.

Hambre.

Propensión.

Es la ansiedad de que algo pase. En los escritores la avidez es publicar, escribir o ser premiado. En los lectores es terminar de leer un libro, un autor o una colección. Es conseguir el último título de una editorial o el libro difícil. Avidez es la ansiedad por abarcarlo todo, escribirlo todo, publicarlo todo, que a la vez es nada.

¿Cómo se maneja la ansiedad? ¿Cómo la vive cada autor?

Con esas preguntas Eugenia Zicavo introduce el tercer panel del sábado 15 de septiembre, en el IV Festival Internacional de Literatura FILBA 2012. Presenta a los invitados, e inmediatamente se dirige a los presentes. “Vamos a hablar con los autores de las formas de la ansiedad”, dice, y Álvaro Enrigue (México, 1969) mete un “vamos a hacer terapia”, lo que causa unas risas contenidas en el auditorio. Miro hacia atrás y cuento deliberadamente al público. Con mi hija Malena, la fotógrafa, sus asistentes y yo, somos dieciocho. No es poco pero sobran lugares. Patricio Zunini, que ya dijo lo suyo en un abrupto comienzo de micrófonos al palo, sale de la sala disimulando. Al rato caen un par de rezagados más, la mujer y la hija del invitado estrella, el mexicano Álvaro Enrigue, y un grupito de chicos jóvenes.

Todo arranca con una lectura que cada autor trajo preparada. Comienza Enrigue y Mairal apoya los codos sobre la mesa, se agarra la frente con una mano y escucha atento. Por suerte es breve. Sigue María Negroni (Rosario, 1951), escoltada por los dos hombres, metida en su camisa blanca muy prolija. Lee de su diccionario de obsesiones titulado: Pequeño mundo ilustrado; y todos miramos a un señor en la primera fila, que tarda más de dos minutos en abrir despacio un caramelo. Mi hija me pide el celular y la perdemos. Pone un jueguito y no vuelve hasta el final de la tarde.

El olor del Riachuelo, en la vereda, no termina de colarse por la puerta de entrada de la Fundación Proa.

El que sigue es Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970). Lee “El hipnotizador personal” de una antología amarillenta titulada La joven guardia. El cuento es escuchado con atención y causa risa en varias oportunidades. Otro grupo de chicos entra sobre el final de la lectura, pasan hasta el fondo y no se cuidan de no hacer ruido. Ya son como las cinco. Hasta el momento la avidez y las lecturas no terminan de cerrar en ningún sentido. Salvo el cuento de Mairal, nada impactó demasiado a nadie. Sólo me hizo reír María Negroni que al contestar la primera pregunta se atajó diciendo: “Yo no vine preparada para hablar sobre esto, así que voy a tener que improvisar”.

La charla gira en torno a la ansiedad de publicar y Enrigue, siempre suelto, bronceado y simpático en sus respuestas, dice frases como que “está bien matarse por publicar” y que, ahora que es un escritor maduro, cada vez tarda más en animarse a hacerlo. Luego deja entrever que tiene algunas novelas guardadas en cajones.

Mairal, desde su siempre aparente calma, asoma peleador y cuenta una anécdota de la feria del libro de Frankfurt. Copia el tono español de su agente de prensa. Lo imita ridiculizándolo. “Pedro, tú estás escribiendo una novela”, parece que le decía en el evento, no una vez sino varias, luego de que cualquier editor se le acercara. Mairal, obediente, inventaba tramas de novelas que jamás había comenzado a escribir, dice, y corona la anécdota con su reflexión sobre la necesidad de no estar respondiendo siempre a los pedidos que no sean de uno mismo.

María Negroni coincide, y arremete. La novela necesita de cambios en la vida, tiene que madurar, no puede publicarse con la velocidad de un periódico.

El debate se deriva. Enrigue hace otro chiste y se queda esperando a que nos riamos. “Esta mesa en vez de hablar de ansiedad debería ser una mesa de mantras”, dice, y cuenta que antes, cuando era un novato, leía cada mañana La rapsodia para el mulo de José Lezama. Para Enrigue, que tiene novelas por los cajones de su casa, la ansiedad no está en escribir, sino en publicar.

Mairal contesta con la “necesidad de recuperar el silencio, de aprender a cuidar los relatos, de tener más prurito y demorar la publicación.”

Enrigue cuenta que puede ver al libro como un lector y también como un editor, que saber leer los Excels, los hábitos de consumo, los números y las ventas. Dice algo así como que “hay menos lectores en toda la lengua hispana que libros circulando”, y termina de correr el tema del debate, completamente de plano. Levanta la vista y saluda a su hijita, que ya se salió del cochecito y camina por la primera hilera de butacas.

Yo me acomodo en mi lugar, no encuentro la posición, le acaricio el pelo a Malena que está disparando dardos chinos desde un tren que va a toda velocidad.

Cuando conecto de nuevo con el debate María Negroni habla de las grandes casas editoriales que le piden a los países del tercer mundo “novelas como las de Gabriel García Márquez, o poesía como la de Pablo Neruda”. Insiste con que las agendas las dictan los países del Norte, algo que resuena descolgado de la realidad argentina. Pienso en la Flia, en las cien nuevas editoriales independientes del último año y en todo lo que vengo leyendo. Claro, digo, ya sé de qué cadenas de librerías habla esta señora, qué clase de editoriales frecuenta, y en qué Argentina está viviendo. Me la veo a Lorena Iglesias con Nina a upa, a Iván Moiseeff y Esteban Castromán, se me viene Bruzzone a la cabeza, Budassi, Lezcano con Patricia y Funes, cosiendo libros a mano.

Enrigue se jacta de leer sólo a Nabokov en su tiempo libre. Mairal se escapa una vez más, y lleva la discusión a su plano. Revaloriza el cuento y la poesía por sobre la novela, habla de la atención que implica la lectura de los versos contundentes, y nos hace imaginar una novela de 600 páginas, escritas por Borges. El auditorio se ríe. Entra Zunini y, con avidez, mueve el dedo índice pidiendo que “vayamos cerrando.”

 

*

Álvaro Enrigue: http://filba.org.ar/?p=68

María Negroni: http://filba.org.ar/?p=110

Pedro Mairal: http://filba.org.ar/?p=128

El hipnotizador personal: http://pedromairal.blogspot.com.ar/2006/10/el-hipnotizador-personal.html

Rapsodia para el mulo: http://www.cubaliteraria.cu/autor/lezama_lima/obras_poesia_03.html

 

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