“Todo lo viejo debe morir”

Entrevista a Nicolás Mavrakis

Por Adela Salzmann // adelablew@gmail.com

 

Nicolás Mavrakis nació en 1982. Es periodista, escritor y miembro del CEC, donde coordina talleres de literatura contemporánea. No alimenten al troll (Editorial Tamarisco) es su primer libro de cuentos.

¿Cuál es la idea de reunir estos cuentos?

Los cuentos se reunieron porque los escribí durante la misma época, casi como una primera aproximación a algunos temas que después se desarrollaron bajo la forma de ciertos ensayos que se fueron publicando online. El ebook #Findelperiodismo y otras autopsias en la morgue digital puede leerse en clara combinación con la ficción de No alimenten al troll: la pregunta por cómo se reconstruyen los discursos sociales sobre plataformas digitales, la pregunta por el agotamiento actual de la “aristocracia de la subjetividad” de los cronistas aún decimonónicos, la pregunta por la transformación de los consumos culturales, todo eso está flotando en ambos libros. La idea de reunir los cuentos fue proponer una tematización distinta de los mismos asuntos, aunque los lectores pueden leer los cuentos sin percibirlo y evidentemente también eso funciona. Ninguno de los cuentos escritos para No alimenten al troll quedó afuera, excepto el capítulo de una novela que con buen criterio me recomendaron dejar ir y se fue.

¿Qué criterio de edición se usó para las palabras en cursiva?

Las cursivas las usé sin consultar ningún criterio. Sí me recomendaron no abusar del recurso una vez que el texto pasó a los editores. Las cursivas, en los cuentos, están para marcar cierto efecto distorsivo sobre palabras que leídas sin las cursivas podrían pasar más desapercibidas. El recurso busca extrañar la palabra en cuestión. Como la nota de una guitarra que se toca distorsionando el instrumento: es la nota, pero es la nota extrañada.

¿Quién es tu alocutario? ¿Por qué la primera persona?

Mi idea fue escribir para los nativos digitales. Esa es una categoría que incluye a casi cualquier persona que hoy ronde entre los 20 y 30 años. Personas cuya subjetividad ha sido constituida por la experiencia de la web. La cuestión es que, tratándose de una generación que ha vivido la web como algo naturalizado, la pregunta sobre cómo esa “naturaleza” funciona puede permanecer siempre velada. Por otro lado, para quienes la web continúa siendo un territorio desconocido y amenazante, o para quienes entienden que internet es todavía una versión más popular y accesible de diversas herramientas de ocio -hay “actores sociales” aún en ese estadío de brutalidad, claro-, No alimenten al troll también es un tour por algunos rincones de la cartografía digital que puede resultar desconocida y perturbadora. Entre los escritores de mi generación parece no haber demasiada reflexión o escritura sobre la web. Pablo Mancini ha escrito un libro excelente desde el enfoque periodístico (y muchas de esas ideas están hackeadas también en No alimenten…), pero en general, a la hora de recorrer libros parecidos, hay ideas bastante pobres, que van detrás y nunca delante del fenómeno. Todavía se piensa que una “narrativa sobre internet” se corresponde a contar enamoramientos en salones de chat, como si habitáramos el año 1997. Ni siquiera en redes sociales: chats. Es un campo bastante desolado, con la excepción de la novela Gordo, de Sagrado Sebakis; incluso con el abordaje desde la crónica que hizo Joaquín Linne en Misoginia Latina, pero no hay mucho más. Si hay una primera persona en los relatos, siempre está atravesada por la segunda y por la tercera. La web es un espacio donde la imposibilidad de constituir de sentidos únicos bajo poderes únicos es siempre la regla y jamás la excepción. Julian Assange es un buen ejemplo.

En tus cuentos se pueden leer mecanismos del Poder por el control en lugares que parecen transparentes como las fotos turísticas o los comments. ¿Qué discursos pueden desenmascarar los fetiches de nuestro tiempo?

El problema del Poder es que creó las herramientas para su propio desmantelamiento. Esto no es nada nuevo, por supuesto, pero la web actualizó de una manera sin precedentes la conciencia de que ese Poder puede (y debe) ser vulnerado. Vuelvo a Julian Assange: no hace falta una pose, ni siquiera un discurso o un origen preciso; con los conocimientos técnicos adecuados y las destrezas de ingeniería social que la misma web sostiene, el hacking es inevitable. El mismo proceso está vigente cuando se trata del discurso periodístico a través del comment, de la crónica periodística (el último hijo bobo del periodismo tradicional) a través de la multiplicidad de plataformas de publicación, de los géneros y de la sexualidad en redes sociales. La piratería de bienes de consumo cultural, la forma en que estos circulan por nuevos canales hacia públicos que sólo han conocido su consumo bajo sus propios protocolos y no bajo los que designaban hasta entonces los departamentos de marketing, son otra forma de poner en perspectiva un fenómeno mucho más global. El troll es el héroe digital que viene a disputar las aspiraciones de hegemonía de distintos poderes sobre distintos discursos y hábitos sociales.

En la presentación de tu libro, Diego Rojas habló de No alimenten al troll como un manifiesto político. ¿Es posible afirmar esto?

Sí, es posible. Todo aquello que se proponga (y una operación de lectura adecuada, como la que hizo Rojas, puede construir argumentalmente esa propuesta) colocar en discusión la construcción de sentidos colectivos es, por definición, político. Por supuesto, un libro de cuentos no es un manifiesto en el sentido canónico del término; es otro soporte, aspira a otra circulación y a otra recepción. Aún así, el peso de lo contemporáneo lo vuelve también un “manifiesto” en términos de “urgencia”. Toda lectura es criticable, en el buen sentido de una negatividad que la dispute, pero la de Diego Rojas me pareció muy interesante. Lo habría dicho un poco mejor, pero esa tarde no tenía voz…

El primer troll de la Historia fue Sigmund Freud”

El troll que habla en ese cuento dice que el psicoanálisis actual ha homologado en sus manuales de procedimiento la destrucción de la propiedad privada y la locura en alguno de sus posibles grados (“trastorno social”, es la categoría exacta). Esto ha desvelado a unos cuántos franceses durante el siglo XX, por supuesto, pero no por eso deja de resultar interesante ver aún cómo el poder del mercado define quiénes son y no son aptos para vivir en sociedad. Y por sociedad, por supuesto, uno debe pensar en la sociedad que el mercado (y no nosotros) desea. El troll enumera diversas maneras de destituir poderes y menciona que uno es el de hackear historias clínicas psiquiátricas y distribuir “trastornos sociales” de una manera completamente distinta y bajo otros intereses (pero no menos arbitrarios) que los del mercado.

¿Qué reproduce Tinelli?

Sé que resulta muy adorniano, muy conservador, muy reaccionario, muy políticamente incorrecto y todo eso que últimamente desvela a los animalitos silvestres del relativismo cultural que intentan ver en el éxito y la masividad de Tinelli un bloque significativo que encierra todo “lo popular, lo masivo, lo argentino, lo alegre y lo peronista”, todo eso muy bien empaquetado para el goce teórico de individuos que, mediante esa operación instantánea, juegan a sentirse más integrados al mundo, pero lo que reproduce Tinelli es basura. Básicamente porque transita un circuito televisivo agotado que se reproduce en un circuito periodístico agotado. Huele a viejo y todo lo viejo, en algún momento, debe morir.

¿Cuáles son tus lecturas diarias?

El Daily Mail, un diario amarillista inglés. Buenas fotos, instantaneidad garantizada y el goce de mundo narrativo de relevancias absolutamente novedosas. También leo una cadena de mails que funciona alrededor de mi primer cordón espiritual y que llega plagada de información sobre lo último en sensibilidades modernas, odios incomprensibles, ideas maravillosas y un poco de wasted talent.

¿Te gustaría escribir best sellers?

Me gustaría poder intervenir sobre algunos debates muy específicos de ideas. Si eso puede hacerse a través de un best seller… Lo veo poco probable. El best seller es una categoría de mercado (editorial) y como a todo mercado, lo que le interesa es sostenerse en tanto mercado, no tanto aportar algo a ningún debate ni a ninguna idea. Para eso hay otras instancias, tal vez aún más arcaicas. El caso del mercado editorial e internet no es la excepción: el monopolio sobre el material de tirada masiva que se publica y se comercializa es un monopolio que cada día se repliega más sobre la fe en buffets de abogados que pretenden retroceder las coordenadas de la época, antes que en nuevas estrategias de sustentabilidad. Ahora venden ebooks pero al mismo precio de un amasijo de celulosa… la evolución es lenta.

Abandonar la lógica aristocrática de los sentidos y comenzar a explorar las nuevas herramientas tecnológicas disponibles para conocer el mundo y sus impresiones”. ¿Hacia dónde se dirige la alfabetización digital?

Si hay tal cosa como la alfabetización digital, hacia donde debería dirigirse es hacia formar ciudadanos más conscientes de su poder. La tecnología digital puede ser un fantástico reservorio de pornografía y estupidez (la pornografía y la estupidez, aclaro, no son lo mismo); pero la tecnología puede ser también una herramienta que, utilizada con la inteligencia y la destreza apropiadas, transforme las relaciones de los individuos con el mundo que los rodea y entre sí. Colocar en discusión los modos en que se construyen los sentidos contemporáneos y las subjetividades que los atraviesan es un buen puerto para la alfabetización digital, al menos por ahora. No todos tienen que ser Julian Assange, por supuesto, pero creo que sí todos tienen el deber de conocer que existe y por qué los estados modernos quieren tirarlo en un agujero en Guantánamo para siempre y por qué sufren por no poder hacerlo. Ante la pasividad de cierta estupidez actual, el troll es un héroe necesario. No hay todavía suficiente narrativa sobre el presente. Hay mucha gente que quiere ser un escritor del siglo XIX o XX durante el siglo XXI. No los culpo, es más fácil y más cómodo. Hay que adjetivar mucho y mal, hay que seguir discutiendo el estatuto del arte, hay que impostar una preocupación por la forma literaria que ya no interpela a nadie, hay que salir en los suplementos culturales de papel y preocuparse porque nadie suba tu libro gratis a la web (porque la fantasía de hacerse rico es otra más de las tristes deformaciones bajo las que se perciben con demasiada piedad los escritores jóvenes contemporáneos). Es fácil ser un narrador de esa manera, sin dudas. ¿Pero hay preguntas que son interesantes en ese modelo cultural añejo o puede verse algún horizonte de cualquier construcción futura ahí? Por eso me gusta más lo que escribe Michel Houellebecq sobre la desaparición de las experiencias sensibles en Occidente que las novelas etnográficas sobre la pobreza en el conurbano bonaerense; también recomiendo leer mucho más a César Soplín Sánchez para ver cómo se piensa la información hoy, en vez de ver noticiarios por televisión en horario prime time donde algún imbécil sin corbata comenta videos de YouTube con mascotas que hacen cosas de mascotas.

¿Qué links recomendás?

Amphibia, CEC, Daily Mail.//RT4

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4 replies »

  1. Creo que la frase “hay mucha gente que quiere ser un escritor del siglo XIX o XX durante el siglo XXI” es un boomerang que lanzado no tiene otro destino que la frente del señor Mavrakis. No creo que escribir sobre “el presente” consista simplemente en la inclusión temática de trolls, posteos y chats y sus consecuencias cotidianas. Hablar de la disolución de las viejas subjetividades y formatos pero hacerlo desde libros y entrevistas que se responden a estos es un truco demasiado viejo.

  2. Mavrakis es un transgresor. Una posición genuina, peligrosa y plagada de ambiguedades para quien la practica. Le interesa que se produzca pensamiento a cualquier costo. Su gesto es disruptivo y pasa por la provocación entre lo establecido y lo nuevo. No sé si puedo coincidir con lo del boomerang porque aun no leí su libro, pero sí creo que la propuesta hacia la actualización de la literatura es válida. Coincido en que la literatura se hace desde un lugar incómodo y para eso hay que escribir incómdo (Cheever decía que escribía como si estuviera en un incendio). Pero está lejos de prescindir, como la mayoría, de la fetichización del papel. De hecho tiene su lugar en varios medios con ese soporte desde los cuales, destaco, lleva adelante una intensa labor de promoción de la joven literatura argentina (peco en no definir joven). Asimismo, preveo que como hizo su colega Juan Terranova con Instrucciones… pondrá en pocas semanas online su libro, para guardar coherencia con uno de los pasajes de la nota.

  3. Preferiría no ser tan pródigo con palabras como transgresor, genuino, etc. Lo de la incomodidad a la hora de escribir se presta un poco al chiste ¿no?. Quizás sea realmente dura e incómoda la vida del escritor transgresor y joven. Más bien creo que tiene muchas cosas a favor (la edad, los medios, la comprensión de los rumbos de las nuevas tecnologías) para ser definido tan prontamente como un héroe moderno. Acepto igual que las poses más vistosas implican la incomodidad, ¿no es cierto? (la anatomía sustenta este argumento). Simplemente me pareció que la prédica de Mavrakis no es tan portadora de novedad como la que se autoadjudica. Por tomar sólo un ejemplo, creo que la elección de una figura de masas como Tinelli como enemigo no aporta nada que ya no esté en F. Casas o en la animadversión saeriana por las propuestas de la industria cultural.

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