Ciclos de vida y muerte

Por Leticia Martin // leticiamartinelem@gmail.com

Sueños del hombre elefante, de Juan José Burzi.
Editorial Gárgola, Colección Laura Palmer no ha muerto. 122 Páginas. $50.

 

Sueños del hombre elefante es un libro sobre la monstruosidad. Los diez cuentos que lo conforman parecerían estar abordando temáticas diversas; sin embargo existe un hilo conductor que lo recorre desde el título hasta el punto final, haciendo de lo deforme, lo raro y lo marginal ejes centrales y necesarios. Hay un alerta sobre el peligro inminente de un lado siniestro que todo el tiempo está acechando, un tono oscuro tiñendo la atmósfera general del libro y un interés por lo que produce rechazo y desconcierto.

Los anormales de Michel Foucault es un buen telón de fondo sobre el que apoyar estos recortes del narrador para leerlos. Por momentos uno encuentra en la temática la influencia de la tradición del Marqués de Sade, Charles Baudelaire, o Maurice Blanchot, y referencias puntuales a los cuentos de Edgar Allan Poe. Se observa una gran influencia de la forma teatral. Es un texto abarrotado de didascálias para situar las escenas y contiene un alto grado de detalle en la descripción de las acciones. Sus imágenes son muy sugerentes y sus observaciones agudas; lo que le posibilita una narración interesante y genuina en su modo de entender lo exótico. Hablar del diferente sin preconceptos y sin juzgar sus acciones es un logro nada menor. Burzi parece haber viajado a la edad media para encontrar en su cantera inmensa de represiones y oscuridades las fotos que después reordena en un collage sobre el que sitúa a sus personajes.

Su geografía es tenebrosa. Elige los objetos con cuidado y acierto. Pone paredes que se descascaran y manchas de óxido que avanzan. Pinta hamacas arrancadas de sus soportes, maderas que se pudren y enredaderas que ahogan casas. En “Ciclos de vida y muerte”, por ejemplo, describe el cuadro de un suicidio coronando el texto con la imagen de un hombre que cuelga de un farol.

Los personajes no se quedan atrás. Entre otras deformidades hay un par de mujeres unidas por el hígado y el páncreas, un sexópata que las desvirga, tumores sobre la cara de Helena Burak replegada en el subsuelo de un departamento de reclamos. Condenados, presos pactos con el demonio, sífilis y suicidios. Un pintor que retrata modelos incompletas con cuerpos mutilados, cráneos imperfectos y pieles quemadas. Burzi siembra sus cuentos de llagas cicatrizadas y resecas, enanos, enfermos y otros errores de la naturaleza.

Leer estos cuentos es entrar en una realidad anormal contada con apasionamiento y devoción. Si el libro tiene un punto débil es lo fragmentario, por momentos, y la imposibilidad de avanzar sobre la historia. Burzi logra mejores resultados cuando se anima a contar lo que pasa, lisa y llanamente, como es el caso de “Las siamesas Benn”, donde logra el más alto momento de interés. Son geniales los conflictos de las dos hermanas para dormir y la descripción de sus dos anos, sus dos vaginas, sus dos cerebros y lo que las une. Lavinia y Drusila además de esos órganos comparten a Walter N. un joven apuesto quien luego de escribirle cartas a Drusila logra encontrarse con ella, besarla y después meterse en su cama. La hermana, adosada a ella, se ve obligada a ceder y ser partícipe del acto sexual. Lo demás hay que leerlo.

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