Asado vegetariano

Sección #Matraca // Perfil de Luciano Lutereau

Por Francisco Dalmasso // fran.dalmasso@hotmail.com

 

Luciano Lutereau está sentado en la mesa de Naturaleza Divina, un restaurant krishna vegetariano de Belgrano. Acostumbra a pedir una jarra de limonada y ofrecerla a quienes estén en su mesa. Elige cenar allí porque debe “cenar liviano” (sopa, ensalada y lasagna vegetariana) para poder dormirse. Levanta su copa y ofrece brindar a quiénes lo acompañen. “Brindemoz”, dice y arrastra una leve “z” al final casi imperceptible al oído desatento. Es meticuloso en cada respuesta, es discreto en su tono de voz que tiene algo melódico, metódico y organizado. Sin embargo su afirmación más grande es a lo sumo una creencia. Hace una hora atrás estaba en la Facultad de Filosofía y Letras dando una clase sobre Platón. Cuando espera la comida es de esas personas que dejan el celular sobre la mesa y cuando el camarero le sirve la entrada aprovecha y sin dudarlo mete la cuchara e investiga. Generalmente se lleva a la boca, pedazos del tamaño del puño de un bebé. Pesca un poquito de zapallo con la cuchara pero se distrae y lo suelta en la sopa. Lo vuelve a rescatar y explica: “La estatización de la política es una herramienta de derecha”. Luciano Lutereau es psicoanalista, estudió filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA); especialista en estética y escritores (novelas, biografías y ensayos) y es el director de la editorial Pánico el Pánico. Sin embargo, él se define a través del “miedo” como un conjunto de decisiones que “no me atreví a tomar”, pero aspira a ser “un sujeto político coherente”. Asegura que con la editorial existe “una búsqueda que no está clara, pero la buscamos”. Deja sobre el respaldo de la silla su saco marrón (su color preferido) que combina con sus zapatos y su morral. Mantiene su barba recortada y medida como la tranquilidad zen que destila su personalidad, pero su jean le da un toque urbano. Según él su estado del espíritu es “simpático” pero el principal rasgo de su carácter es “la ansiedad” y se considera “buena persona” salvo cuando miente en ocasiones en que la mentira “puede funcionar como verdad”. Se muestra compresivo a errores humanos como “la torpeza y la prisa”, pero es intolerante si “no hay respuesta” y valora “la valentía”. Cuando “hay falta de diálogo” se despierta en su interior la ira más profunda. No es para asustarse, porque nunca pensó en matar a nadie. Detesta más que nada su “inseguridad y su impulsividad” y su principal defecto es “el aislamiento” porque “necesita estar solo” a pesar de que en agosto de este año dictó una charla sobre “vergüenza y mirada”. No siente envidia de nada o por lo menos “en este momento no se me ocurre”. Posee dedos largos, su pelo está entre el límite de lo despeinado y lo formal. Se limpia con la servilleta y acostumbra a dejarla a la derecha, al lado del plato. ¿Qué pasa si tiene un minuto libre en el día? Se pone a leer. Sus autores preferidos son Proust, Fogwill y Pablo Farrés. Su poeta preferido es Santiago Pintabona. Sin embargo para él “leer es una enfermedad” de la cuál se “está curando” porque empezó a desarrollar su ocupación preferida que es “editar libros” aparte de tocar la guitarra y “no hacer nada”. Este especialista de las palabras comenta que su palabra favorita es “estrella” aunque “suene muy gay” y entonces recapacita y exclama: “Mejor poné asado”. Su máxima en el trabajo es “no retroceder” y cree aportar profesionalmente “ingenuidad”. Mientras raspa el tenedor con el cuchillo para despegar un pedazo de zanahoria que quedó arbitrariamente ubicado sobre el tenedor, enuncia que la manifestación más clara de la miseria es “la paranoia” y la obra de arte que le parece insuperable es El tiempo perdido de Marcel Proust. No es casualidad que en la contratapa de su novela Los santos varones, publicada por Factotum, el libro sea señalado como “la recuperación del tiempo”. Actualmente en su perfil de Facebook tiene una foto del Coco Basile y en el epígrafe lo acusa de ser un “santo varón”. Sus compositores preferidos son los Beatles, The Clash (Joe Strummer le cambió la vida). Sus pintores preferidos son Pablo De Monte, Marcelo Pelissier y Ana Montecuco. ¿Cuál es la cualidad que más desea en un hombre o una mujer? Que sean “resueltos”, lo que también aprecia en sus amigos aparte de que sean “fieles a ellos mismos y que tengan convicciones”. Si bien su imagen pertenece al mundo literario y fantástico, pero su sueño es el de un tipo de barrio: “Casarme y tener hijos”. Y asegura que Dios “somos todos nosotros”. El gran tema recurrente de sus libros se centra sobre “encontrar un hogar” y la última vez que sintió que estaba en un “hogar” fue en su infancia en “la casa de sus abuelos”. Después de eso toda su vida vivió en “casas” y lo dice con cierto aire despectivo. Hay cierta connotación sentimental que transmite en la palabra “hogar” como si fuera un refugio que todavía no encontró porque su mayor desgracia es la “postergación” y su asignatura pendiente es “su vida personal”. Es que Lutereau está siempre buscando un hogar. Termina de comer, pide la cuenta y paga con tarjeta de débito. Cuando salimos del restaurant va caminando por la calle con su mano izquierda en el bolsillo de su saco y fuma un cigarrillo (quisiera dejar de hacerlo), me acompaña a la parada del bondi y se apoya en el mástil. Hace un tiempo se acaba de mudar de casa y aconseja: “Si querés mudarte, lo indispensable es alguien que te organice. En mi vida, eso se llama novia”.//RT4

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s