Menos rojo y más negro

¿Para qué sirve un varón? Charla entre Cecilia Szperling y Gonzalo Garcés

Por Luz Marus // luzmarus@hotmail.com

 

Llego a Libros del Pasaje dos horas antes. La sección “Literatura argentina” abarcaba varios estantes, pero hacia arriba. Encuentro conocidos, queridos, odiados, ignorados. Busco alguien nuevo, alguien que no me suene ni de Facebook, alguien que no conozca.  Quiero recuperar esa virginidad del lector que sólo se fija en en libro. Me doy cuenta que estoy descartando los nombres femeninos y eso me hace pensar en mi idea de publicar con seudónimo masculino. ¿Es masculina la figura del escritor? Pienso en el tema de esa noche, “Para qué sirve un varón”, pero a mí me gusta más preguntarme qué es un varón. Sin encontrar mi descubrimiento, termino eligiendo uno de la mesa de novedades: Dani Umpi, Sólo te quiero como amigo. Me lo llevo a la mesa, pido mi café y empiezo a leer. Lo elegí por la primera página y el título pero adentro me sorprende su ácidez, su inteligencia, su sentido del humor. Es la primera vez que me conmueve una historia de amor gay. ¿Daniel Umpierrez será gay?, pienso. ¿Se puede escribir algo así, con tantos detalles, sin ser gay?  Decido que no. Pero a la vez, es un gay que se burla de los amigos gays de su novio gay. “Saha, Rocco, Lourdes, Prada, Gucci, todo esos nombres con dos sílabas.” Me cae bien y pienso que Dani Umpi es re-varón. Llega Gonzalo Garcés con su novia; luego Cecilia Szperling.

Se sientan conmigo. Cecilia está de muy buen humor; trae papas fritas y una petaca de whisky para compartir. Nos cuenta de su programa de radio “Confesionario”, donde los escritores hablan de sus intimidades. Gonzalo me dice: “Vos Luz subís con Cecilia y conmigo y te presento como Revista Tónica, y si querés me hacés unas preguntas ahí mismo”. Me quedo muda y asiento con la cabeza. Subimos a una especie de tarima con sillones, vasos de agua, un micrófono, una petaca de whisky y una notebook. Miro el micrófono. Es mi primera vez de este lado. Tranquila, vos improvisá. Vos relájate y escuchalos como en una charla de café. Es eso. Es una charla de café dónde nos preguntamos “Para qué sirve un varón”. Nada más. Empieza a hablar Gonzalo. Lleva la charla él; sigue Cecilia; yo me quedo callada. Gonzalo nombra a Julien Sorel de Rojo y Negro, de Stendhal, y con Cecilia lo elogian juntos como modelo de varón. Gonzalo le pregunta qué otro personaje así se le ocurre. Pienso en Swann pero no lo digo. Ella dice que el personaje “escritor argentino” ya no tiene la fama que tenía Cortázar, por ejemplo, y que por eso le resulta más fácil la literatura del yo: porque no tiene que lidiar con la “fama”. Gonzalo dice que hay un lugar común del escritor que siente que otros se quedaron con algún lugar que le pertenecía. Menciona la novela Derrumbe de Guebel, donde el personaje dice: “Soy un escritor fracasado”. Cecilia agrega: “¿Es como un escritor resentido, querés decir?”. Gonzalo no afirma ni niega. Cecilia dice que es una pose de loser pero que al final gana: pierde en el amor y gana como escritor. Habla de Woody Allen y del lugar que instaló de loser-winner. Gonzalo menciona Los hermanos Karamazov para hablar del padre que compite con su hijo, y de ese lugar antiguo de “hombre” por el cual sentimos nostalgia. Creo entender esto: “Tanto feminismo nos hartó. Ya nos hicieron lavar los platos. Ya nos hicieron consensuar en todo. Ya nos vaciaron de masculinidad en pos de la ‘armonía’, ya nos dominaron, y ahora qué”. Cecilia menciona la pareja de Cristina y Néstor. Ellos abrazados. Ellos juntos. Él muerto. Ella presidenta. No entiendo mucho hacia dónde va con esa imagen de Néstor y Cristina, pero me divierte la diferencia notable entre Gonzalo y Cecilia. A veces parecieran que hablan de cosas totalmente diferentes, pero ellos parecen entenderse. Cecilia es entretenida. Dice que los escritores argentinos no están en lo contemporáneo como los artistas visuales o los músicos; que se quedaron en una época mítica; que se quedaron en el tiempo. Cuenta que cuando recibió la pregunta de Garcés, “¿para que sirve un varón?”, pensó: “Claro, viene de España y como decimos acá, todo lo que viene de España, atrasa. No te ofendas, eh”. Risas de todos, menos de Gonzalo.

Gonzalo vuelve -a mi entender- a reivindicar el “machismo” perdido y siento que coincido con él. Ese es el lugar de “varón” que necesitamos otra vez. Claro que sí. Un hombre, un varón, como los de las películas de antes. Coincido totalmente, Gonzalo, te lo escribo acá. Tenía el micrófono, podría haberlo dicho ahí, pero era el espacio de ustedes dos. Para cerrar el encuentro, Cecilia lee un texto que le encargó a Marina Mariasch y su grupo de escritura colectiva “Máquina de lavar”, esa misma tarde. El texto me conmueve. Me conmueve en serio y no tomé nada de whisky. Gonzalo lee un fragmento de El miedo. Aplausos del público. Gonzalo finaliza: “Gracias a Revista Tónica por compartir este encuentro.”

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2 replies »

  1. Síndrome de Estocolmo,

    ¿Cómo añorar algo tan presente como el machismo por el que se inclinan? JAJAJAJA EXCELENTE HUMOR LA CRÓNICA.

    Acá entendimos la ironía, una subjetivización feminizada hasta por su nombre no puede leer otras existencias que no intenten despreciarles.

    ¿para qué está un varón? ¿para ser un patriarca? desde acá le escupimos los pies a todaos ustedes, no escupirlos como un gesto de alegría y festejo erótico, no, después vemos en qué tenor.

    ¿están ahí?

  2. a mí me da náuseas que defienda al machismo. confunde un juego erótico con una imposición cultural enferma.
    creo en un varón con pollera.

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