Turismo piquetero

Entrevista a Hernán Vanoli

Por Mariano Vespa // marianovespa@gmail.com

 

Entrevistamos al escritor y sociólogo Hernán Vanoli (Buenos Aires, 1980) a propósito de Las mellizas del bardo, su nueva novela perteneciente a la colección Saqueos en Greiscol.

¿Las mellizas del bardo es una novela sobre amistad?

La amistad es uno de los “temas” que me obsesionan, pero dentro del paraguas más amplio de la fraternidad, que es una manera de volver a ensayar la pregunta por las posibilidades de una comunidad. En ese sentido, me gustan las novelas que configuran diagramas anómalos de relaciones humanas. En Las mellizas… hay algo de eso, son dos amigas que tienen que resolver una situación con la ayuda de un pibe con un pasado oscuro y de un cyborg.

¿Por qué la elección de barrabravas mujeres como personajes principales?

Me pareció que la cultura futbolera encarna de una manera muy singular y bella los clichés de la masculinidad. El fútbol me fascina, en tanto deporte y en tanto composición colectiva que absorbe, reconfigura y dramatiza los lugares donde se tocan la biografía y la historia. Mirar fútbol me hace llorar y tiene un lugar importante en mi vida cotidiana, y eso también me pareció un indicio de que tenía que ponerlo a funcionar en la escritura. Después, el ejercicio de pensar una sociedad donde lo femenino se burla un poco de la sobreactuación de lo masculino, una especie de travestismo pero al revés. Eso me interesaba teniendo en claro que no quería emular una voz femenina, sino jugar con esa limitación que es una limitación propia y también es un interrogante basado en la admiración a ciertas narraciones de lo femenino. Y una manera de cuestionar un poco también a esos pantanos de progresismo que percibo en las teorías de género y sus aggiornamientos más conservadores.

¿Qué te resultó atractivo de Messi para ponerlo como uno de los protagonistas?

Te diría que su poca ficcionalidad. A diferencia de Maradona, que es un mito viviente y por eso es una fábrica de lenguajes, demasiado dios y por eso demasiado humano, demasiado argentino y por eso demasiado universal, Messi es una especie de grado cero de la mística, un nerd multicultural. Messi no goza, a lo sumo disfruta, no sufre, más bien padece, y por eso quería ponerlo en el rol de vengador. Enchastrarlo un poco rescatando su esencia, que también es mágica pero con un fuerte costado tecnológico. No nos olvidemos que Messi es Messi porque se sometió a un tratamiento médico que en Argentina no le quisieron pagar. A eso lo voy a desarrollar más en las continuaciones, porque Las mellizas… es el primero de una tetralogía.

¿Podrías imaginarte algún cyborg en el campo literario o político?

Todos los políticos son bastante cyborgs, agencian con dispositivos burocráticos y tienen algo posthumano. Son parte de una corporación, con intereses creados, que como ya lo explicó Natalio Botana hace mucho tiempo en El orden conservador, tiene como fin primordial su reproducción, y después hablamos del resto de las cosas. No digo que esto sea bueno ni malo, ni mucho menos que sean todos iguales, pero es una precondición para pensar a los políticos y a las instituciones que ellos defienden con una pereza intelectual persistente que les conviene, amparados en criterios de realpolitik que son sentido común conservador. El personaje de Lilita Carrió, que reemplazó al carisma por el mesianismo y terminó muy mal, sería el menos cyborg de todos. Me parece un personaje menor pero injustamente vapuleado; a mí me interesa mucho más la pregunta que hace Carrió y su relación enfermiza con la verdad que su desautorización cínica. En el otro extremo creo que Scioli es un gran cyborg, un metacyborg diría, desde sus épocas de motonauta. No demuestra sensibilidad ni disposición transformadora, tiene por objetivo acumular cargos en una medianía gris. De la Rúa era un cyborg zombie e inapetente, y para estirar el chiste Sabatella es el último cyborg del progresismo que morirá en un combate final contra Lanata, el otro cyborg del progresismo que se pasó al lado oscuro de la fuerza. Por suerte ese tipo de cyborgs no se fabrican más y no los vamos a extrañar. De Narváez también es un cyborg, fabricado por Unilever, y Macri un experimento no chequeado del todo en el laboratorio de ciencias de la UCA.

En el campo literario es más difícil, porque también es una corporación pero una corporación sin prebendas para repartir, por suerte sin demasiados requerimientos para entrar, con una brecha generacional muy pronunciada, con un territorio simbólico que se diluye, muy pobre todo, y para colmo están los poetas. Si tengo que elegir uno elijo a Alan Pauls, fue ensamblado con todos los vicios y todas las virtudes de la tradición literaria argentina, que por cierto aborrezco. Pero en realidad los escritores son unas mascotitas bobas que hacen su gracia. A mí me gustan los que ambicionan y al menos muerden o intentan tirar un tarascón, o incluso se dibujan una crestita punk con photoshop.

La temática viajes está presente en varios de tus textos, ¿Qué te resulta enriquecedor de trabajar con más de un espacio?

Me obsesionan los mapas y me parece que cada vez más la experiencia de la ciudad es la experiencia del turista. No sólo porque las ciudades se valorizan en base a la industria del turismo, sino porque la virtualización de las relaciones genera un extrañamiento particular que tiene muchas afinidades con la relación que se establece entre un turista y un territorio. Una vez Daniel Link me dijo que las redes sociales son una tecnología que fue desarrollada por las compañías de aviación. Lo opuesto de turista es piquetero. Además el turismo es el consumo aspiracional por antonomasia, porque es una experiencia que se agota en sí misma. Entonces el turismo es la única manera que me parece interesante de volver a hacer la pregunta por la nación.

¿Qué pensás de Chicas Bondi y los escraches que recibieron?

Opino que “artísticamente” Chicas Bondi llevado a una galería de arte es una idiotez con una enorme dosis de autocondescendencia de clase y que en ese plan voyeurista prefiero las fotos de porno indigente que hacía El Rasta o pueden encontrarse en la Deep Web, o incluso lo que fue Alta Pendeja, y que las que se oponen son el complemento necesario para eso porque plantean el debate en términos que no me convencen, acudiendo al poder económico para imponer sus reivindicaciones. Después, la cuestión de la privacidad y la vigilancia que se menciona en la nota de Tiempo Argentino es interesante pero está superado por los dilemas que plantea la biometría.

Formás parte del colectivo Crisis, ¿consideras injusto la definición que hizo la revista Hamartia sobre ustedes que “repiten lo que dicen la cadena nacional del miedo y del desánimo”?

No, me parece muy justo y muy estúpido en el punto en que es una sobreactuación basada en una lectura hecha a las apuradas y desde paradigmas muy rudimentarios, que me recuerda a Quintín y quizás a mi padre (a quién, al revés que a Quintín, le estoy muy agradecido). Crisis es una revista donde conviven muchas miradas y donde se intenta suspender un poco el kirchnerómetro, el peronómetro, el zurdómetro, si bien es una revista de izquierda y a mí me parece bien que sea una revista de izquierda con regusto toninegrista porque para fascismo ya están la vida y el lenguaje, para periodismo experiencial ya están Policías en Acción y la revista Anfibia, y para Garbarino ya están Tinelli y los politólogos del kirchnerismo. Creo que Hamartia tendría que transformarse en un Tumblr sensual y desprejuiciado de leve contenido erótico y católico, y que Crisis tendría que transformarse en una especie de CIPPEC de las almas y disputarle mercado a El Arte de Vivir. Podríamos trabajar juntos si abriésemos nuestros corazones.

¿Creés que falta alguna narración desde adentro del kirchnerismo?

El escritor tiene que comprometerse políticamente con su situación, y después ver cómo se las arregla con la esfera pública de lo político y con el mercado, sin sobreactuar ni dejarse sodomizar por los viejos. Con respecto a las narraciones desde adentro del kirchnerismo, creo que primero habría que definir qué es el afuera, y si tomamos el adentro como una simpatía manifiesta declarada por los autores hay muchas, quizás demasiadas y muy poco interesantes, y las mejores están todavía por llegar. De las que pude leer, y tomando al kirchnerismo como un eje temático más allá de una sensibilidad que impregna todo lo que se escribe, en el plano literario rescato Obras Públicas de Luciano Chiconi –el Estado más allá del estado kirchnerista- y El Predicador Invisible de Mariano Abrevaya –la militancia como un estado kirchnerista paralelo-, pero tampoco el kirchnerismo es homogéneo, tuvo diferentes etapas, y tiene muchos rincones y subsuelos. Si a lo que apuntás es a que falta algún quebrado simpático que cuente las miserias de la gestión desde adentro, me parece que sí falta eso, y que ya va a aparecer.

¿Qué estás escribiendo actualmente?

Estoy trabajando en una novela, por ahora se llama Cataratas y es otro policial fallado medio a propósito, sobre becarios del CONICET, neurosis, ideología, catástrofes subjetivas y naturales, confusión y terrorismo, y un poco sobre internet, escribir sobre internet es el síntoma de la irrelevancia social y la desorientación del escritor.//RT4

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