Choripán o muerte

por Mariano Zamorano // marianoandreszamorano@gmail.com

 

Choripán Social, de Sebastián Pandolfelli.
Editorial Wu Wei, 2012. 178 páginas. $70

 

En Choripán Social  Sebastián Pandolfelli demuestra que a pesar de toda la literatura de temática peronista existente, siempre quedará algo por escribir. Si Osvaldo Soriano tomó los campeonatos infantiles y las sidras de Navidad para retratar sus Cuentos de los años felices y Felipe Pigna recreó diálogos incomprobables en Los mitos de la historia argentina, Pandolfelli le hace un lugar al humor dentro del peronismo y en su novela incluye personajes comparables con Bombita Rodríguez y Jesús de Laferrere del programa televisivo Peter Capusotto y sus videos.

La figura destacada del libro es el chori: a su alrededor funcionan la burocracia sindical, el plan alimentario nacional y el comercio. El líder sindicalista Eliseo Grande, pareja de la estrella infantil travesti Glenda Glande y aspirante a presidente por el Partido Único de los Trabajadores por la Organización Sindical (P.U.T.O.S.),  establece una alianza con Saporitti , dueño de la empresa Guachampú: el Proyecto Chorisoja consiste en fabricar chorizos con el yuyo para vendérselos al Estado y exportar los verdaderos  a los yanquis. Miguelito Miguel (un puestero de choris de Once que no adhirió a un paro y le destrozaron su comercio), Platero Rodríguez y Cachito –ahijado de Perón- conocen los negocios y son los encargados de evitarlos. Una Plaza de Mayo repleta, con un “mar de cabezas” extendido hasta  Congreso, será el escenario de la batalla final. Mientras las huestes de Eliseo Grande celebran la aprobación del Plan Choripán Social comiendo “manjares choriseriles de soja radioactiva”, del lado de Platero se encuentran Los Rollingas de Lugano y un ejército entrenado de Pibes Chorros vestidos con bermudas anchas, remeras de equipos de la Primera B, gorritas con viseras y zapatillas con la firma de Ruckauf.

En el prólogo del libro Alberto Laiseca –de quien Pandolfelli se reconoce “discípulo y lugarteniente”- asegura que Choripán Social es “una acabada muestra de realismo delirante”.  Tan delirante que resulta imposible que algunos fragmentos cómicos no queden perdidos dentro de una zigzagueante trama: celulares auspiciados por Glenda Glande que provocan orgasmos, una mujer con la patología S.L.R.B. (Síndrome de la Loca Rompe Bolas), caracterizada por “inflar los huevos” como dos sandías hasta hacerlos explotar, y zombis inofensivos que forman la Guardia Umbanda y hacen que “las viejas de barrio estén más seguras y sigan votando”. A pesar de esto, el desenlace final retoma el camino y muestra a un Perón versión muñeco de 150 metros, que por primera vez interviene en las luchas que se realizan en su nombre pidiendo que “no le rompan las pelotas”, que con tanto quilombo ya está “inflado y cansado”.

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