Organización a través del vacío

Por Alicia Digón // aliciadigon@gmail.com

 

 

Lacan y el Barroco. Hacia una estética de la mirada, de Luciano Lutereau.

Editorial Letra Viva, 2012.

 

La propuesta de Lutereau en el ensayo Lacan y el Barroco. Hacia una estética de la mirada, lo anuncia en la introducción: “…indagar epistemológicamente el psicoanálisis y proponer la forma de argumentación en su propia obra”. A partir de ahí, con sumo rigor en su recorrido, por ejemplo en “la imagen como velo”, y atravesando la brillantez de San Agustín sobre los celos devastadores, llega a la conceptualización Lacaniana de dar cuenta de la situación fundamental del amor, orientada en la propiedad simbólica de un objeto que encuentra dicha valuación por ser una nada. Desde ahí la apuesta se abre. Ya, haciendo giro en esta primera instancia, cierra la primer propuesta magistralmente y dice: “La nadificación del objeto en la imagen es, al mismo tiempo una ausencia y un índice de la función simbólica que la constituye”. Ya tenemos el camino para suponer o bien para armar posibles redes que nos darán el lugar de la mirada en la estética, y los cruces entre Lacan y el Barroco. Luciano Lutereau al comenzar la “operación simbólica del vacío” no libra nada al azar, cuando anuncia “Todo el arte se caracteriza por cierto modo de organización a través de ese vacío” y aclara más abajo, que Lacan no está realizando un psicoanálisis de la obra de arte; muy por el contrario, está tomando la composición lumínica de la obra. A ello va, al Seminario 11 y al análisis de Las Meninas en el Seminario 13 y anticipa en este esquema la función de la falta en el campo escópico.

Nada queda librado al azar, ni la función del Deseo, ni el marco teórico en el objeto, ni los registros, real, simbólico e imaginario. Conceptos fundamentales introducidos por Jacques Lacan. Y es justamente desde estos tres registros que dará cuenta de una función: la función de signo al anunciar: “un signo representa algo para alguien y, a falta de saber qué representa el signo, el sujeto, ante esta pregunta, cuando aparece el deseo sexual, pierde al alguien a quien el deseo se dirige, es decir, él mismo” y ahí comienza su trabajo, in crescendo, al ingresar al análisis de El Bibliotecario de Arcimboldo.

Luego seguirán la máscara y el falo, la introducción al objeto a, conceptos elementales que no deja librados al azar, que, en un paulatino desarrollo llega a lo que se propone y de una manera, meticulosa, cuidando cada concepto, remitiéndose a fuentes de valor, conociendo cada una de sus citas en un texto ordenado y que vale la pena acercarse a él. Manosearlo, desde una mirada en el campo escópico.//RT4

 

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Categorías:Reseñas

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