Una poética de la aberración

Por Leticia Martin //  leticiamartinelem@gmail.com

Virgencita de los muertos, de Nicolás Correa.

Libros de la Talita Dorada, 35 páginas.

Virgencita de los muertos es un poemario sobre la impunidad y la muerte. Dedicado a Candela, e intervenido por panfletos de adolescentes desaparecidas, no es fácil leerlo en otra clave. Sin embargo las tiene. Sus hilos centrales tematizan lo barrial, lo familiar, y lo popularmente religioso. Hay un uso del lenguaje que diluye la presión que la temática ejerce sobre el lector, focalizando una mirada puntual sobre el conurbano y la infancia, los hermanos, la lluvia, el portón de la casa y la tierra del potrero en la nariz.

Sobre ese universo, que Correa ficcionaliza desde la poesía, corren y hacen sentido, las líneas centrales del libro. Porque si algo sabe hacer el autor es narrar en verso, riéndose de los límites de los géneros. Su estilo recuerda la poesía del entrerriano Juan L Ortiz, o los destellos de la oscura cotidianeidad que observaba y escribía el salteño Joaquín Gianuzzi, y que retoman en la actualidad Juan Diego Incardona, Leonardo Oyola o Gabriela Cabezón Cámara.

Candela es Candela Rodríguez de 11 años, quien fue secuestrada en agosto de 2011 y apareció muerta 36 horas después, luego de una desesperante y televisada búsqueda que hizo el barrio entero, la policía y otras autoridades. Encontrada casi de casualidad por una cartonera de Hurlingham, y rodeada en seguida por la prensa, los pormenores de la escena fueron rápidamente públicos. El cuello roto de la niña, su cuerpo en una bolsa de plástico, su madre encubriendo a un hombre emparentado con los piratas del asfalto.

“leo tu cara en la piel del polietileno”, escribe Correa, “gruesa piel virgencita.”
“el plástico también te mordía.”

Hay un dolor social que se purga en la poesía de Correa. Una herida siempre abierta que encuentra un cauce para drenar ese dolor que no cabe en el cuerpo social y que no entiende la razón positivista.

“por el río acá no hay río
baja tu voz
como un silbido que va
y trae tus miembros
en jirones de papel
en fragmentos de la musa violada.”

Hay un nosotros en el poemario y una decisión deliberada del uso del término “virgencita.” Hay una voluntad de ejercer la memoria colectiva y el rol social del escritor que visibiliza y provoca desde los hechos que atraviesan su época y su propia vida.

“vamos a enterrarte lejos de nosotros.”

Insiste Correa, cuestionando.
Vamos a distanciarnos de la aberración.
Parece reclamar.

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