Enjoy the silence

Por Mariano Vespa //marianovespa@gmail.com

El sistema del silencio, de Valeria Tentoni.

17 Grises editora, 2012. $50.

En el libro El odio a la música, Pascal Quignard retoma la definición paradójica que R. McDougall hace del intervalo muerto: silencio que nace a partir de la separación de dos grupos rítmicos sucesivos. En una entrevista reciente, Charly García hizo un retuit de un comentario de Jimmy Hendrix que afirmaba que la música es el silencio entre las notas. “El resto es silencio” agrega Shakespere. Las citas no son casuales: El primer libro de cuentos de la poeta y abogada bahiense Valeria Tentoni se titula El sistema del silencio. Más adelante, observaremos que el vínculo no es estrictamente nominal.

Los diecisiete relatos breves que conforman El sistema del silencio exhiben relaciones humanas extremadamente tensas: una madre reprime a su hija por lavar mal la vajilla; un abuelo maldice a su nieto y lo castiga continuamente; una niña odia a su hermanita recién nacida; una convivencia poco feliz entre dos compañeras de cuarto; la envidia de un grupo de embarazadas a la cintura de la secretaria de su médico; el rencor de toda una clase hacia el único alumno que tiene un bolígrafo; entre otros. Los conflictos son cascabeles que resuenan en la mente de los personajes. La narradora de “Federico” reconoce no haber decidido su mejor amiga en su juventud; en “Cuarto de derrota”, un joven abraza por primera vez a su abuelo para ayudarlo a levantarse de la cama del hospital; o en “Clases de canto” un empleado apoya a una estudiante en el subte y desea que el contacto sea apasionado. Entonces, ya sea mediados por un golpe, un beso o un mensaje en el contestador, hablamos de cuentos que tienen que ver con el orden del contacto. Entremedio de la necesidad o el disgusto que tienen los personajes hacia una situación ideal de armonía, surgen las mejores reflexiones: “La mentira se ensaya con uno mismo / El asunto con la libertad es ese: un día empieza y no para / ¿Las palabras pican, sabes?”

Por su parte, la repetición de la palabra miedo en gran parte de los relatos es la clave para sumergirse de lleno en las historias. Como decía Fogwill, el miedo cambia, una cosa es el miedo a algo y otra distinta es el miedo de siempre, que está atrás de todo. Ese miedo superficial encubre la culpa, el recelo, la inseguridad de pareja, la soledad. Ya se insinúa en “Dendrita”: “Es miedo, si, pero también es otra cosa: algo que anda en mi estómago con la libertad del único habitante”. Son silencios que incomodan, apuran o que lo dicen todo.

Editado por el sello 17 Grises, el libro abre con un interrogante de Clarice Lispector: “¿O todo eso es aún yo queriendo el goce de las palabras de las cosas?”. Como es de esperarse, algunos cuentos funcionan con mayor eficacia que otros. Sabemos que entrometerse en micromundos cotidianos –algunos muy íntimos- supone el riesgo de caer en una galería de anécdotas tediosas. La versatilidad narrativa de Tentoni, ya sea en sus puntillosas descripciones o en los cambios de voz narrativa, evade cualquier monotonía.

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Categorías:Reseñas

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