Clavando las estacas del campamento literario

Entrevista a Eric Schierloh

Por Martín Felipe Castganet // martinfelipecastagnet@gmail.com

 Eric Schierloh

Es tentador definir a Eric Schierloh como un hombre del Renacimiento: escritor, traductor, ilustrador, editor, imprentero, docente, músico y padre de familia. Pero el Renacimiento es una etiqueta desactualizada para alguien que nació en La Plata, 1981, y vive en City Bell, provincia de Buenos Aires; en todo caso, su figura permite comprender mejor la naturaleza inquieta del espíritu contemporáneo. Este año publicó por Bajo la Luna su tercera novela, Donde se termina el desierto, e inauguró su editorial artesanal Barba de Abejas con la traducción de los poemas hasta entonces inéditos de Henry David Thoreau, Theodore Enslin, David Meltzer y D.H. Lawrence (http://barbadeabejas.blogspot.com/).

¿Qué libros pueden ser artesanales y no estar hechos a mano?

El concepto de artesanal es muy amplio y complejo, y no creo que se remita ni exclusivamente a lo que está hecho con las manos ni al tipo de soporte material, al libro como objeto–que es, sin dudas, lo artesanal más visible. En lo artesanal editorial para mí es fundamental la construcción de un catálogo, porque un catálogo es una estrategia de supervivencia, un plan que te obliga a enfrentarte a determinadas preguntas: ¿cómo sobrevivo? ¿cuál va a ser mi lugar? Editoriales como Vox, La Bestia Equilátera, Mansalva, Bajo la luna, Pánico el Pánico, Gog & Magog, &c, son editoriales que construyen artesanalmente sus catálogos, colaboran en la construcción de la imagen de los autores que representan, integran cada obra particular en una obra mayor que se llama, justamente, catálogo, cuidan minuciosamente cada paso que interviene en la edición de un libro y luego los envían a imprimir de forma no artesanal, digamos; ese último paso es apenas el que las diferencia de Funesiana, Mancha de Aceite, Un Invierno, Barba de Abejas, o tantas otras, pero las sigue manteniendo lejos todavía de las editoriales que sabemos que funcionan en base a la depredación, la propaganda idiota y la total obediencia a los mandatos del mercado y la moda. Para mí en lo artesanal (con todos estos matices) está justamente uno de los rasgos más interesantes e importantes de lo que se suele llamar edición independiente.

¿Qué rol tiene un espacio como la FLIA? ¿Y las librerías boutique?

La FLIA es un espacio alternativo sumamente genuino y válido para la circulación de materiales que no podrían o prefieren no integrar los circuitos tradicionales; el desafío es, me parece, no quedarse solamente ahí. Por otra parte, las librerías boutique son algo así como un signo de la época: porque lo que hace unos años era una librería normal–una librería más o menos pequeña con un librero que se preocupaba por tener ciertos libros porque conoce los gustos de su clientela–hoy es algo raro; proliferan, es cierto, pero en tanto “librerías boutique”, es decir: al margen. Y no está mal ese lugar. Son sin dudas el lugar de supervivencia de las editoriales artesanales y el de preferencia de las editoriales independientes en general. Puede que en el futuro el libro digital haga mella en las librerías de venta masiva, en esas librerías-supermercado que reciben las 20 novedades de Planeta y las 20 de Alfaguara y las 20 de Sudamericana que duran un mes y medio, pero no veo que vaya a perjudicar a las librerías que se preocupan por mantener vivos los catálogos de las editoriales que buscan lo mismo que ellas: perdurar.

El Fondo Nacional de las Artes premió tus iniciativas en varias oportunidades. ¿Qué pensás de los concursos literarios? ¿Qué otras instituciones son receptivas a la creación literaria?

El FNA apoyó dos proyectos de traducción de poesía con becas de investigación: las antologías de poesía de Herman Melville (Lejos de tierra, que publicó Bajo la luna en 2008) y de Henry David Thoreau (La canción del viajero, que fue el volumen con el que inicié el catálogo de Barba de Abejas este año); entiendo que lo hicieron porque sospecharon en esos proyectos dos libros que acaso tendrían sus lectores. Con respecto a los concursos del Régimen de Fomento del FNA, siempre me parecieron de los más transparentes (algo que queda de manifiesto cuando uno ve la nómina de premiados); son, además, premios muy modestos en cuanto a los montos, orientados a que las obras se publiquen, y eso es muy importante, sobre todo cuando uno está empezando. Han sido casi en exclusiva los concursos y las becas a los que me presenté. Con respecto al resto de los concursos y si se me permite generalizar, diría que son un mal chiste que a no pocos incautos les han costado, como diría Kurt Vonnegut, dinero, malos ratos y tiempo: son premios endogámicos que ganan escritores de las mismas editoriales patrocinadoras. Es una forma burda de promoción, y eso se nota en la calidad de las obras en muchos casos. No digo que sea inmoral, sí digo que no es lo que dicen que es. No estamos hablando de premios de novela, estamos hablando de mecanismos de propaganda de obras del confort argumental y el amiguismo contractual. Punto.

¿El escritor actual debería ganar plata con su obra?

Claro, y lo hace, aunque es tan poca en el caso de un escritor de ficción (incluso de uno que puede escribir dos o tres novelas al año y vender mil o dos mil ejemplares, algo que sólo Aira puede hacer en Argentina, sospecho) que es para morirse de risa. Un traductor que no se dedique al 100% y cobre como autor, digamos, está un poco mejor, pero sigue siendo algo bastante gracioso. La solución tal vez sea o bien convertirse en un ghostwriter de crepusculares novelas de vampiros o de policiales que transcurren durante la última dictadura o de ramplona militancia conurbanesca o de libros de autoayuda o tratar de combinar la escritura de ficción (y la traducción también, en mi caso) con la edición independiente (artesanal o no). Sigue siendo una comedia, claro, pero ya no es una farsa de bajo presupuesto. En cualquier caso a mí lo que me interesa antes que vivir de la literatura es poder vivir con la literatura.

Varias lecturas que figuran en tus libros y casi todas los originales que traducís para BaDA son textos que no circulan en Argentina. ¿Dónde conseguís tus libros?

Si uno lee en inglés (y sospecho que lo mismo ocurre con el francés y el alemán) es increíble la cantidad de excelentes bibliotecas digitales que existen. Prácticamente cada universidad de los Estados Unidos tiene un catálogo de obras digitales a las que se puede acceder sin muchos inconvenientes. Para todo lo que no esté a la mano en esas bibliotecas están Amazon y Betterworld. Por otra parte hoy por hoy casi cualquier escritor vivo se preocupa por poner a disposición en Internet parte de su obra, así que muchas horas de lectura y búsqueda ahí siempre son fructíferas.

Tanto en el caso de Melville como en el de Thoreau, se trata de obras de autores clásicos que no estaban previamente traducidas al castellano. ¿Es una excepción o una constante?

Traducir la obra desconocida u oculta de los clásicos me interesa mucho y me animaría a decir que va a ser una constante tanto en Barba de Abejas como en mi trabajo como traductor, en primer lugar porque leer a Melville o a Thoreau desde la poesía, por ejemplo, es la única posibilidad que nos queda de leerlos de nuevo, de “volver” a leerlos por primera vez, digamos. El Melville poeta, el Whitman novelista, el Thoreau de los voluminosos diarios, &c, nos permiten ampliar los horizontes de nuestras lecturas de sus obras más conocidas. Después está también la posibilidad de circulación intrínseca que ofrecen autores y obras así: porque está claro que no es lo mismo editar una primera traducción de un libro de poemas de D.H. Lawrence y tratar de ubicarlo en las librerías que hacerlo con un libro de un poeta contemporáneo (en traducción o no). Theodore Enslin, el gran poeta del Maine rural, salió en tándem con Thoreau; el poeta beat David Meltzer con D.H. Lawrence; la construcción del catálogo de la que hablé antes es la que hace posible que los clásicos y los contemporáneos viajen juntos, y los lectores lo entienden así. En ese recorrido se van incluyendo naturalmente primero los escritores contemporáneos de habla inglesa y a futuro también los de habla hispana.

Al igual que en parte de la obra de Thoreau y Melville, en Donde termina el desierto se puede ver la influencia de tradiciones provenientes de la India y Japón. ¿Qué elementos de la cultura oriental sería beneficioso que entraran en Occidente?

Creo que entre Occidente y Oriente hay una idealización mutua, y diría que los elementos positivos de la cultura oriental ya han penetrado a través de la literatura y la filosofía y llevan muchos años interactuando con nuestra propia cultura. Creo que la hibridación y la simbiosis ya están en marcha, más allá de las cornucopias light-age más evidentes que llevan 20 o 30 años de mercancía, pseudo teorías y paquetes turísticos. Los trascendentalistas, grandes intérpretes de lo oriental, habían entendido que entre Oriente y Occidente debía haber una experiencia de traducción, y esa experiencia continúa desde entonces y se enriquece a cada momento.

¿Qué tan cerca está de la literatura el futuro de la música actual?

Me parece que entre literatura y música está habiendo una sana confluencia, una suerte de destino común, y hasta de objetivos manifiestos. Si pensamos en el minimalismo compositivo, en las nuevas tecnologías que trazan y permiten nuevos espacios de circulación, en los nuevos roles que asumen los artistas, &c, podríamos estar hablando de música o literatura. Yo estoy esperando algo como bandcamp que se podría llamar bookcamp; es necesario. Por otro lado, ¡vivimos tiempos en los que Dylan es firme candidato a ganar el premio Nobel! Eso es bueno, aunque admito que si por mí fuera se lo daría a Lou Reed. Ya es hora de que recoja ese premio alguien con enormes anteojos de sol.

¿Cómo definirías lo contemporáneo?

“Dios me libre de completar nunca nada.” Sí ese no es el espíritu inmutable de lo contemporáneo que me parta un rayo.

¿Qué libros van a salir el año que viene en BaDA?

Diario de Walden. Notas en la laguna de Henry David Thoreau. Panorama de New Sharon, un libro de poemas y diarios de Ted Enslin. Veinte días con Julian & Conejito de Nathaniel Hawthorne. Naturaleza de Ralph Waldo Emerson. Autobiografía de uno que bosteza, las memorias de Gerónimo el Apache. Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Maistre. Sobre el teatro de marionetas de Heinrich von Kleist y un libro de canibalismo: los diarios de algunos de los sobrevivientes del Donner Party, un grupo de 87 colonos que se dirigían a California en 1846 y que quedaron atrapados en pleno invierno en la Sierra Nevada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s