Softcore

Por Mariano Vespa // marianovespa@gmail.com

 

Andrés Barba es considerado uno de los escritores españoles actuales más importantes. En 1998, con 23 años publicó El hueso que más duele, su primera novela. Tres años después fue finalista del premio Herralde con La hermana de Katia. A partir de ahí, promedió un libro cada dos años bajo el sello Anagrama. Entre tanto, escribió tres libros de narrativa infantil editados por Siruela. Con la excusa de su última novela, Ha dejado de llover, y su estadía prolongada en Buenos Aires -su novia es una de las organizadoras de FILBA- dialogamos con él.

La contratapa de Ha dejado de llover habla de un Dublineses revisitado. Joyce decía que sus epifanías refieren a la niñez, adolescencia, madurez y vía publica ¿Pensaste la novela siguiendo ese modelo?

En mi caso el descubrimiento fue posterior, cosa que en realidad va más con mi carácter, que es tirando a pasmado. Suelo darme cuenta de las cosas que he hecho después de haberlas hecho, ni antes ni durante el proceso. El método es más bien intuitivo y el tema, más que la epifanía era “un problema que termina” o “el fin de un conflicto” que es un bonito tema literario en realidad. Joyce, por supuesto, es una referencia, pero también me he dado cuenta de que era así después de terminar.

Las cuatro nouvelles que la conforman hablan de relaciones humanas difusas, por momentos truncas. Sin embargo, los personajes de las cuatro historias de algún modo aceptan su destino ¿Tiene que ver con un carácter contradictorio del amor?

A mi, la verdad, no me parecen tan truncas y difusas, sino muy normales. Tal vez la normalidad sea así: trunca y difusa, pero cuando la vemos expuesta literariamente nos parece más terrible que en la realidad. En nuestra vida cotidiana asumimos cosas bastante “fuertes” si uno lo piensa con detenimiento, pero no estamos acostumbrados a ver expuestas literariamente esas cosas, tal vez porque consideramos que no son literarias cuando lo cierto es que sí lo son. Si hubiera que hacer una apuesta literaria de formato yo apostaría por ese nuevo “realismo” que no tiene que ver con lo estrictamente psicologista por el que han optado autores como Alice Munro, o en su día Richard Yates, que para mí son auténticas referencias.

¿Qué concepción tenés de la familia ya sea a nivel institucional o como materia prima literaria?

Esa pregunta es Los Buddenbrook

En tus novelas trabajás mucho la temática sexual in extremis ¿Qué encontrás de atractivo en esa elección sexual?

Supongo que a estas alturas de la película ya no hay un novelista que quiera escribir un texto realista en el que se hable de las relaciones interpersonales y que eluda el tema del sexo a la manera en la que lo han eludido muchos clásicos, Dostoievsky sin ir más lejos. Es verdad que ya no hacemos girar todo en torno al tema, pero renunciar a él sería cercenar sensiblemente las posibilidades de la narración. En el deseo, por supuesto, lo sabemos todos y no sólo por nuestra experiencia literaria, importa el riesgo y mucho.

Contanos un poco de tu participación en las jornadasde “Verse uno mismo viendo porno” que se llevó a cabo en CCEBA.  Además, teniendo en cuenta tu ensayo La ceremonia del porno, ¿cuánto creés que influye la pornografía en la configuración del yo?

Las jornadas del CCEBA sobre pornografía fueron interesantes sobre todo por la posibilidad de establecer un diálogo abierto, y evitando la agotadora e infructuosa discusión a favor/en contra sobre porno. Es evidente que la experiencia pornográfica forma parte, en el primer mundo, de la experiencia sexual más básica, pero no hay que olvidar que no es una relación entre individuos, sino de un individuo con una imagen. En ese sentido, configura el yo tanto como la relación de un individuo con un discurso ideológico o con una obra de arte o una novela. El libro surgió precisamente de la sensación que el interés del porno (y no estoy hablando de antropología social) iba más allá del consumo. Hay cierto tipo de cosas que uno descubre de sí mismo viendo porno, y por tanto, en ningún otro lugar. Eso era lo que nos resultaba interesante y lo que nos apetecía investigar: el tipo de relación que uno establece de forma privada con el género pornográfico.

En la revista uruguaya Eñe confesabas que Polaroid era tu primer blog ¿Que relación tenés con las redes sociales?

Ninguna, ese fue el primero y el último y fue una cosa de trabajo, más que una ocurrencia mía. Lo cierto es que aunque leo algunos blogs me resultaría agotador y seguramente infructuoso tener uno, me costaría mucho centrarme en mis propios libros y al final me pasaría el día haciendo el subnormal en Internet.

¿Qué opinas de la difusión gratuita de contenidos en internet?

Que no debería ser gratuita.

Cito a uno de tus personajes de tu última novela: “España es el colmo del quiero y no puedo”. Teniendo en cuenta la crisis, ¿en que ámbitos crees que la inferencia se cumple?

La frase es un topicazo, una frase hecha, un cliché, es decir, que tiene un contenido esencial  e verdad en un formato que la vuelve inmediatamente falsa y deleznable. La dice, en mi texto,  una mujer muy tajante y snob, a la que seguramente le pega decir algo así y que seguramente no está del todo equivocada a su perversa manera. Y la crisis, ay la crisis… De momento en España sigue siendo una crisis primermundista de un sistema que ya no hay quien lo sostenga. Apena que no hayan rodado más cabezas de los verdaderos responsables, eso sí.

Estuviste varios meses residiendo en Buenos Aires. ¿Escribirías una novela situada aquí?

¡Claro! No se me ocurre ciudad más literaria que esta, pero aburre un poco el topicazo, que uno mismo acaba repitiendo por inercia, de lo mucho que se parecen Buenos Aires y Madrid, hay cierto aire de familia, puede ser, pero a mí me parece que un español se sigue pareciendo mucho más a un polaco que a un argentino. Vaya, aunque sólo sea por llevar un poco la contraria…

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Categorías:Entrevistas

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