La ventaja puertorriqueña de ser ignorado

Entrevista a Luis Othoniel Rosa

Por Natalia Gauna //  naty_gauna3@yahoo.com.ar

luis othoniel rosa

Luis Othoniel Rosa nació en 1985 en Bayamón, Puerto Rico. Recientemente se doctoró en Literatura en la Universidad Princeton, Estados Unidos. Además, dirige junto a otros escritores El Roommate, un sitio Web dedicado a reseñas literarias. Este año, la editorial Entropía publicó su primera novela, Otra vez me alejo.

 

¿Por qué decidiste publicar en Argentina tu primera novela?

Esta novela la veo como una especie de homenaje a una narración específica de la narrativa argentina. Hay mucho del estilo de Piglia, de Borges, de Macedonio Fernández y por eso pensé que esta era mi novela argentina. Por otro lado, porque yo estoy muy pendiente de  proyectos de editoriales independientes. Entropía me parece el lugar perfecto, me gusta lo que editan y tienen el atrevimiento de sacar primeras novelas. Quería ser parte de eso. La edición puertorriqueña va a salir pronto.

¿Qué pasa por estas editoriales en comparación con los sellos más grandes?

Lo que pasa por las editoriales independientes es la comunidad de lectores, que es algo crucial para mí. Es una relación comunitaria de un grupo de personas que conocen lo que esta editorial ofrece, que conocen al autor, al editor y, a veces, son los mismos escritores que se leen y se intercambian. Eso no pasa con las editoriales grandes ya que no tienen una relación uno a uno con el lector. En ese sentido, es un momento buenísimo para las editoriales independientes porque las grandes editoriales, ahora mismo, son todas muy malas.

¿Cómo es el mercado editorial en Puerto Rico?

En Puerto Rico salieron en los últimos años buenísimos proyectos. Había muchas grandes editoriales pero quebraron por la crisis. Ahora todo pasa por editoriales independientes. Hay una ventaja que tenemos los puertorriqueños a diferencia de los argentinos: en Puerto Rico se nos ignora a los escritores. Yo digo que eso, a veces, es una ventaja porque no tienes que pensar en tu novela desde la seducción al público en general sino que vos estás escribiendo una novela y la estás escribiendo para tus amigos que son escritores también y, a su vez, uno lee lo que ellos escriben. Ese circuito cerrado hace que haya una literatura buenísima de la que todos nos robamos cosas. Estamos constantemente plagiándonos unos a otros y eso es bueno.

¿Cuál fue la idea de Otra vez me alejo?

La idea de esta novela es la de las historias largas. Esa idea de que todo se puede contar en una sola historia que tiene muchas otras historias, muy distintas, que la sustentan y, entonces, retar al lector a que encuentre esta historia larga que las une a todas y, una vez que logre unirlas, explore las singularidades de esas historias, las que son cortitas, las que insisten en ser diferentes, las que no se pueden cancelar en una sola historia. Ese es el experimento y la razón por la cual ésta no es una novela lineal. Creo que también la percibí como un manual de cómo yo quiero vivir, del valor que le quiero dar a los amigos, de la forma que quiero usar para pensar. Es un manual ético para mí.

En tu novela hay una autorreferencia permanente pero ¿cuánto podría ser ficción?

De ficción yo te diría que no hay nada, que yo salgo de la novela y no que ésta salió de mí. Esta novela son unas pautas en las que yo expresé como vivir. A mí me gusta la frase de Nietzsche que dice que hay que abrazar al héroe y al idiota en uno, los dos a la vez. Verse en un héroe y verse como un idiota. Yo creo que eso es lo que trato de hacer acá. Alfred es una versión mía pero con gracia sin torpeza aunque un egoísta total. Eso me permite presentarme como un héroe pero también como un idiota.

Teniendo en cuenta este registro autorreferencial ¿En qué vivenciás la distancia? ¿De qué te alejás?

Primero por una cosa histórica y socioeconómica. Yo soy parte de una clase media internacional que fue a Estados Unidos a hacer un doctorado con becas americanas, nos pagaban para ese doctorado. Nuestros papás nos inculcaron que con la educación íbamos a salir adelante en el mundo. Ellos no sabían que iba a llegar la crisis del 2008 y las academias se vaciarían. Fue un golpe durísimo. Yo tengo un montón de amigos míos, excelentes investigadores, con doctorados de Princeton que están desempleados y, de repente, son jardineros. Los que conseguimos trabajo somos una especie de mercenarios de la cultura metiéndonos de un trabajito a otro. Es una vida nómade en donde constantemente nosotros lo que queremos es hacer comunidad pero constantemente nos estamos moviendo a otro sitio, de pueblito en pueblito. Entonces, es este el día que nuestros amigos no terminan sus historias por ese constante alejarse del amor y de la amistad. Aquí empieza esa idea de que en el imperio no encontramos la comunidad. En Estados Unidos la cosa es que somos de otro sitio.

¿Cómo es ese hacer comunidad?

Somos los hijos de la clase media muy cosmopolita. La desventaja es que no tenemos un ambiente cultural en español como lo podríamos tener acá. Son 46 millones de latinoamericanos en Estados Unidos pero nuestra inmigración allá es muy privilegiada porque podemos estar en el mundo de la cultura. La mayoría no, son ilegales, de clase baja que la están luchando mucho más que nosotros y uno trata de verlo, de hacer comunidad con ellos también. Estados Unidos es una cultura muy anticomunitaria. Es una cultura del “sálvate tú”, del individualismo.

Hay muchas referencias a escritores en tu novela. Sin embargo, el único que nombrás es a Borges

Bueno yo escribí mi tesis de doctorado sobre Borges y Macedonio Fernández, una lectura anarquista sobre la obra de ellos. Borges es una referencia constante en mí para pensar. En el sentido interno al libro es por esta idea de Borges de que en la literatura hay sólo cuatro temas. A mí me gusta mucho esa frase porque presupone que en la literatura no hay nada nuevo, no hay originalidad, que el lenguaje es algo que tomas prestado, que compartís con otro.

 

En tu novela contás una anécdota que podría ser el inicio de una historia. Si tuvieras que definir la anécdota que da inicio a Otra vez me alejo, ¿cuál sería?

Cuando llegué a Princeton tenía una novia puertorriqueña, ella se fue a otra universidad a hacer un doctorado y el alejamiento nos costó la relación. Eso es lo que inicia la novela. La necesidad que yo tenía de entender esto que estoy haciendo, de entender por qué tomé esta decisión terrible de alejarme.

¿En que estás trabajando?

Esta novela es parte de una trilogía. Ya tengo el manuscrito de la segunda parte en la que nos enteramos que sucede con Alfred y si el registro metafórico de esta novela era la distancia, el alejamiento. En la segunda parte, va a ser el territorio, volver a la tierra, volver a sembrar. Es el deseo absoluto de estar. En la tercera parte, se nos revela quién es la Trilcinea puertorriqueña.//RT4

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