La decadencia de Canela

por Francisco Dalmasso // fran.dalmasso@hotmail.com

La conductora de TN leyó cuentos a niños en el Ateneo Grand Splendid. Se salteó páginas porque los chicos se aburrían. Pidió a los organizadores “para la próxima” reemplazar la lectura por un “taller de manualidades”.

“Les pedimos a los niños que devuelvan los crayones, los dibujos se los pueden llevar”, pide la coordinadora. Un niño colorea la cara de Mickey. La presentadora con boca carnosa y vestido de encaje ordena: “Ahora vamos a hacer muchas colas para atrás, sino no van a ver los títeres”. Hay un telón rojo y un par de niños desobedientes gritan subidos a una mesa. La mujer grita: “¿A ver no escucho, están listos chicos?”. Nadie contesta. Un pequeño está concentradísimo en tratar de despegar una letra “A” de goma eva del piso. El primer “títere” se asoma para espiar. Es una chica morena con ojos achinados. Los chicos gritan. El títere se esconde. A su lado hay un cartel: “Ciclo infantil: juguemos en la esquina (chicos y grandes) Yenny y Grupo Planeta. Hoy lee: Gigliola Zecchin”. Estamos en el subsuelo del antiguo edificio del Ateneo Grand Splendid esperando que Zecchin lea algunos de sus libros infantiles frente al público. Zecchin es más conocida por conducir “Colectivo Imaginario” en TN y hacerse llamar como un condimento de comida: “Canela”. Pero antes debemos soportar a los títeres.

En el subsuelo hay dibujos de osos, leones, suricatas, jabalí, elefantes, tucanes y un rinoceronte. Los dibujos fracasan en imitar los trazos de las películas del Rey León. Hay libros de Justin Bieber y una “Biblia ilustrada para niños”. La obra de títeres está por comenzar. “¡Bienvenidos a juguemos en la esquina! ¡Les pido que hagan silencio! ¡Gracias…!”, anuncia la presentadora. A continuación, la obra de títeres. La escenografía está pintada con témpera y sostenida por broches. El primer personaje en aparecer tiene la cabeza de telgopor y bigote. Una túnica de colores recubre su cuerpo y no tiene ni brazos ni piernas. Pienso que es un árabe terrorista que quedó mutilado después de una inmolación fallida. Luego aparece un la mujer con vestido rosa que podría pasar por árabe si llevara turbante. Y tiene la voz casi idéntica a la del otro personaje. ¿Estoy viendo una historia de terrorismo? La dramaturgia es simple: dos desconocidos de repente se aman y se enfrentan con un dragón que tiene un solo diente. No sé si es falta de presupuesto o la estética es bizarra. Los personajes repiten mucho la palabra: “valiente” como si los guiones los hubiera escrito una psicopedagoga especialista en niños miedosos. Sin embargo, el público infantil está hipnotizado. Suena una canción de Celine Dion de la banda sonora de Titanic. El títere mujer dice: “¡Oh Jack!” y los adultos que entienden el guiño ríen. Yo espero que recreen escenas eróticas de la película, pero nunca sucede.

Estoy mirando todo el espectáculo sentado sobre una mesa empapelada con la cara de Winnie Pooh, al lado tengo sentada a dos abuelas con sus respectivas permanentes y varias madres que controlan a sus chicos. Hay un empleado del Ateneo con pinta de geek que se toca la pera y se cruza de brazos y mira los títeres como si enfrente suyo tuviera en vivo una ópera del Colón. La cortina desde donde aparecen los títeres es casi transparente y se ven las titiriteras detrás. Quiero avisarles a los chicos que son manejadas por dos personas, pero me siento infantil. La obra termina y la presentadora pregunta: “¿La pasaron bien? ¡Yo me reí un montón! Ahora vamos a presentar a una persona muy especial… (un niño levanta la mano) ¿Vos la conocés?”. “¡Canela!”, responde el niño y las madres lanzan a coro un: “¡Ahhhh….!”, de ternura. Canela lleva lentes, pelo prolijo y una remerita blanca con florcitas, dos anillos brillantes, una pulsera, aritos y cada cinco segundos aplica el adjetivo calificativo “precioso”. Canela interroga: “¿Los cuentos se leen con los ojos, los anteojos o la boca?”. Una madre con un bebé en brazos grita: “¡Con el corazón!”. “¡Muy bien esa mami! ¿Quieren que lea de reyes y princesas o de fantasmas?”, pregunta Canela. Nadie contesta. “Bueno, empiezo con las princesas. Me encantan las princesas. ¿Por qué? ¡Porqué soy nena!”, exclama. Zecchin nació en 1942.

“¿Alguien habla francés? A ver que vengan las señoritas que hicieron los títeres a ver si saben”, lanza Canela mientras las “señoritas” se ponen coloradas y le tiran rayos láser con la mirada y nunca se acercan. Luego Canela saca una bandera con una leyenda en francés y consulta: “¿En qué idioma está escrita esta bandera?” y apura: “¡Dale, que estamos en vivo y directo!”. Pienso que Canela extraña TN. Sostiene la bandera como si fuera una prenda recién planchada y finalmente remata diciendo que es de Francia, es “preciosa”. Antes de empezar a leer recuerda: “Broche en la boca, no hay que hablar ahora… ¿eh?”. Luego comienza a leer del libro y exagera cada palabra como si los chicos tuvieran que leerle los labios. Una mujer filma con el celular. Canela se toma pausas eternas para reflexionar y los niños se desconcentran. Pregunta con fines periodísticos: “¿Saben hacer la voz de las ranas?”. También deja palabras inconclusas para que los chicos “inteligentes” contesten y pregunta: “¿Ore?”. “¡Ja!”, contestan los niños. “¿Sigo?”, tantea Canela. “¡NOOOO!”, grita una nena de trenzas. “Bueno, vení al lado mío y mirá estas figuritas”, le indica Canela a la fuerza. De repente, Canela se pierde en la lectura y todo pierde coherencia. Parece mentira que haya estudiado dos carreras universitarias. Aprovechando la situación se saltea unas páginas, pero los chicos están tan aburridos que no lo notan. Canela sigue: “Necesito un papá que haga el sonido de una trompeta”. Elige un hombre del público que hace: “Cu- cu- cuuu”. Canela retruca: “¡Eso es un pajarraco!”. El tipo vuelve a intentarlo y Canela sutilmente comenta: “Te salió peor”.

Canela sigue como si estuviera leyendo un discurso en la facultad de Letras. Dos nenas se ríen alrededor suyo. Otros niños desparraman libros de Disney en el suelo. Están casi todos desconcentrados, salvo dos que la miran absortos. Cuando Canela cae en la situación se apura y cierra: “Colorín, colorado… y comeremos arroz con papas fritas. ¿Les gustó?” Nadie contesta. “Bueno era un libro para chicos más grandes que ustedes…”. Luego quiere preguntar al público sobre historias de amor y agarra un hombre con micrófono y pregunta: “¿Cómo conociste a tu mujer, fue romántico?”. “No, la conocí en Tribunales…”. “Uh, acá no hay príncipes, ni nada romántico”, se despacha. Agarra a un señor pelado con panza y chomba roja y le dice: “¿Vos dónde conociste a tu mujer?”. Contesta: “En un cumpleaños. De ahí nos fuimos a la luna, comimos queso y jugamos a la casita”. Canela estalla de risa y expresa: “Ay qué lindo, contó un cuento el papá… ¿Vieron?”. Nadie contesta. Entonces aconseja: “Hay que llevar a los chicos a ver películas, a jugar a la PlayStation y obvio a leer libros. Ahora yo les recomiendo mi libro ‘Fantasmas en lata.’” Dice que la idea se le ocurrió un día que vio a un vendedor callejero que vendía “aire” y además es un cuento autobiográfico porque ella vivía en una casa vieja llena de “fantasmitas” y asegura que era “precioso”. Luego dice que pueden hacer preguntas… Nadie dice nada. Entonces confiesa: “Yo cuando era niña no tenía juguetes, fui muy feliz sin juguetes…” Silencio. “Bueno ha sido un placer. Por suerte la editorial del libro tiene el nombre más lindo: ‘Planeta’”. La gente aplaude desganada y Canela les confiesa a los organizadores: “A mí la próxima me gustaría hacer un taller de manualidades, porque los chicos no aguantan”.

Anuncios

Categorías:Crónicas

Tagged as: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s