“La mitad de mi novela la robé de Evangelion”

Entrevista a Martín Felipe Castagnet
Por Adela Salzmann // adelablew@gmail.com

tonica

Martín Felipe nació en La Plata, 1986. Es redactor y editor de Revista Tónica además de investigador de la Universidad Nacional de La Plata. Su cuento “La próxima Unión Soviética” fue seleccionado para participar de la Antología de Cuento Raro de Editorial Outsider. En abril de este año su novela Los cuerpos del verano ganó el Premio a la Joven Literatura Latinoamericana, organizado en Francia de forma bienal, y fue publicada en castellano por Factotum Ediciones y editada en francés el pasado mes de noviembre. Actualmente se encuentra en la Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs (MEET) de Saint-Nazaire, en una residencia literaria, donde también vivieron Ricardo Piglia, Alan Pauls, Marcelo Cohen y César Aira.

¿Somos cyborgs?
Una vez que aceptamos el marcapasos, aceptamos todo; empezando por la ortodoncia en la infancia, llamada con un eufemismo muy particular: ¿quién no “usa aparatos” hoy? Vivimos bajo la sombra de Pistorius. El periodismo deportivo lo bautizó “Blade Runner”, y bien podría tener a Philip K. Dick de preparador técnico. En el futuro los únicos Juegos que van a importar van a ser los Paraolímpicos, donde no van a estar los tullidos sino los mejorados. La vanguardia no es sólo propiedad del arte y el ejército; también es propiedad del deporte.

¿Qué es lo natural?
Lo natural se acopla fácilmente con lo salvaje pero se solapa de modo conflictivo con lo doméstico. Los cuerpos del verano es parte de una generación que en su momento fue atravesada por el debate por el matrimonio igualitario. El argumento proveniente del período paleolítico decía que sólo el matrimonio entre diferentes sexos era natural. El concepto “natural” está naturalizado. El matrimonio está naturalizado, pero también el amor, quizás la palabra más naturalizada de todas; el corazón como usina del amor también es una construcción literalmente naturalizada (¿quién fue el primero en representar al corazón tal como lo ficcionalizamos?). Del lado inverso, hay estados y relaciones interpersonales que ni siquiera tienen una palabra que las defina. ¿Cuál es la palabra para un padre que perdió a todos sus hijos?

¿Creés que en el futuro el canibalismo va a ser una práctica normalizada?
La organización humana a través de la prohibición del incesto y la antropofagia obedece a razones sanitarias antes que culturales, y la prohibición va a continuar incluso cuando la ciencia eventualmente solucione esos problemas, pero no será para siempre. Tampoco fue siempre así; es posible que los neandertales hayan sido devorados por los primeros homo sapiens. La humanidad es una especie muy breve; dividir historia y prehistoria es un ejercicio metodológico válido pero excesivamente antropocéntrico y desbalanceado. Los dinosaurios, sólo por mencionar el ejemplo más conocido y fascinante, vivieron 165 millones de años; los seres humanos sólo llevamos 200.000 años. Somos el mejor “quedate con el vuelto” de la historia natural. Si llegáramos a perdurar un cuarto de ese tiempo, será inevitable que se reemplacen viejas prohibiciones por otras nuevas donde no se desperdicie tanto alimento. Claro que una vez leí que los alimentos que consumimos tienen tantos químicos que hoy una dieta caníbal sería tóxica.

En tu novela hay una separación entre cuerpo y mente de corte platónico: por un lado describís el estado de flotación y por otro el espacio corporal. Aún así, por momentos encontrás la forma de dar vuelta esa lógica.
La influencia es la lógica binaria presente en la informática, por el modo de encriptar información pero también en su diferencia entre software y hardware. ¿Es la informática una disciplina platónica? Por otra parte, frente a esta lógica me interesa reproducir uno de los principios del zen, según el cual a todo estado binario de encendido y apagado se le suma un tercero: el desconectado.

¿Cuál es tu religión?
La rama del budismo no teísta se adapta mejor a mi pensamiento, pero como disciplina y no como religión. Crecer en una familia católica y convertirse al ateísmo equivale a salir de un closet muy confortable, pero una vez en la intemperie no tengo deseo de entrar en otro. Paradójicamente, quizás por ser ateo militante es que tengo intereses profundamente religiosos. Lo que llamamos religión suele ser literatura convincente, imaginativa y sincera, pero trasplantada de la ficción. Si está bien escrito cualquier libro puede pasar a ser religión en el futuro; no podemos adivinar a qué corpus nos pueden asignar. A su vez, es tiempo de extraer estas obras del corpus rígido al que pertenecen hoy. Precisamente por su carácter laico, la universidad debe dejar de excluir los llamados libros sagrados del plan de estudios de Letras. La teoría literaria debe ser impiadosa si quiere ser científica, y pretende serlo porque así es como se financia.

¿Qué influencias visuales tenés al escribir?
Así como armo una playlist de canciones también tengo una playlist de imágenes. Mi cuenta en Tumblr funciona como un paisaje a mi medida, quizás por ser una red social más introspectiva que las demás; la falta de feedback me da la impresión de no ser observado. Internet permite agrupar lo que ya se colecciona en la mente, como la majestad de los espacios urbanos vacíos y de los animales sepultados en la nieve. El conjunto revela que la influencia de los dibujos animados es determinante. La mitad de mi novela la robé de Evangelion; la otra, de Hayao Miyazaki. Hoy descargo Adventure Time con la certeza de haber descubierto a un contemporáneo. ¿Por qué no me la recomendó antes ninguna revista cultural?

¿Sobre qué te interesa escribir?
Sobre la experiencia de volver a ser libre luego de haber estado mucho tiempo preso. Esa prisión no tiene por qué ser física así como la libertad no tiene porqué ser positiva. Pienso en el que vuelve luego de un viaje; el que vuelve de una guerra; el que se hizo cargo de su cárcel y la transformó en su casa. Todo refugio es una cárcel y cada generación debe ser consciente de cuáles son sus refugios. La pregunta: “¿no me habré zarpado?”, mientras escribo, es indicativa de que voy por la senda correcta; esa pregunta sólo surge en aquel territorio que nos enseñan a esquivar y no cartografiar.

¿En qué cuerpo te gustaría estar?
En el de Stephen Hawking. Pero sólo durante media hora; después me aburriría de mi propia inteligencia y querría volver a la adrenalina de la ignorancia. Creo que, llegado el caso, permanecería en flotación; al fin y al cabo la idea surgió cuando deseaba poder escribir sin sufrir dolor de espalda. //RT

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