La fortaleza que construyen los débiles

por Martín Felipe Castagnet //martinfelipecastagnet@gmail.com

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Donde termina el desierto
Eric Schierloh
Bajo la luna (2012) 155 páginas / $65

Donde termina el desierto es la novela que podría haber publicado Minotauro, si siguiera con vida y no se hubiera convertido en el zombie torpe de Planeta. La inclusión en el catálogo no corresponde a una mera clasificación genérica sino a una constelación de elementos compartidos con los autores publicados por la editorial de Paco Porrúa. Los nombres de J.G. Ballard. Los barcos balancéandose de Úrsula Le Guin. La desolación de Richard Matheson. El I-Ching de Philip Dick. La satisfacción al sol de Ray Bradbury.

Si bien Schierloh no tiene que haber leído a todos estos autores para compartir un vínculo con ellos, sabemos que lo hizo en su mayoría: su literatura es también un homenaje profesional y elaborado, y al finalizar cada novela disfruta en explicitar el origen de las referencias e influencias de la obra. Como se vio demostrado en una reseña temprana de la novela, a veces sucede en contra de la voluntad del lector. Habría que preguntarse, en todo caso, en contra de qué clase de lector. Schierloh no se dirige al crítico que cuelga referencias como trofeos de caza sino al lector amateur que Salinger evocaba en la dedicatoria de Levantad, carpinteros, la viga del tejado, “si todavía queda alguno en el mundo”.

De todas las referencias mencionadas, la más innecesaria y la más justa es la aclaración de que todos los haiku presentes en la novela provienen de El libro del haiku, la traducción y compilación en castellano de los poemas japoneses a cargo de Alberto Silva; no sólo porque difícilmente se encuentre una mejor, sino porque también fue publicada por Bajo la luna. El catálogo como una selección de apertura y no de clausura se evidencia aún más: el primer libro de Schierloh editado por Bajo la luna fue Lejos de tierra, la traducción de los poemas de Herman Melville hasta entonces inéditos al castellano, y el poema que da título al libro es uno de los primeros en reflejar desde Occidente el espíritu y la brevedad que animan al haiku. Otros poemas similares en esa compilación, titulados “Mata de algas” y “Buda”, bien podrían figurar en algún rincón del libro de Silva. Schierloh trabaja la misma senda que Melville, y la influencia de los paradigmas orientales es fructífera en la medida en que le otorgan a la narración una respiración más pausada e introspectiva. Incluso una frase de Cormac McCarthy en la primera entrada del libro es reestructurada en forma tripartita a través del punto y aparte, y así adquiere la cadencia y el sentido omnipresentes en el relato.

Cormac es, precisamente, el nombre de uno de los personajes; su presencia sirve para dividir la obra en dos partes que si bien están entrelazadas son claramente discernibles: una en el tiempo presente de la narración, y la otra en el pasado. La mayoría de las secuencias que ocurren en el pasado son un lastre y no aportan información sino que la redundan; es sintomático que el autor haya elegido narrarlas como recuerdo y no como acción. Por el otro lado, la acción que sucede en el tiempo presente de la narración posee todos los aciertos que el racconto no tiene. Mientras que Cormac como psiquiatra no cuestionaba y era excesivamente comprensivo, y por tanto inútil, con la soledad del protagonista durante el presente del relato se demuestra que el verdadero interlocutor de Traven siempre fue el propio Traven. Este aislamiento es el músculo que impulsa Donde termina el desierto, y donde la introspección encuentra el terreno que necesita para prosperar y no devenir en intrascendencia. Antes que al postapocalíptico, la novela pertenece a un subgénero silencioso pero constante: la cozy catastrophe, la catástrofe confortable, el ejercicio literario de encontrar refugio en medio de la desolación. La naturaleza es un amparo cuando la civilización se vuelve enfermiza así como también la máquina puede ser benevolente cuando la naturaleza se torna inhóspita. Los episodios que transcurren en el barco en el medio del mar se ajustan a este equilibrio y equilibran a la obra. Dan ganas de comer, dan ganas de fumar, dan ganas de permanecer vivo un rato más.

Según el postscriptum del propio autor, Donde termina el desierto fue escrita en el 2007. Entre esos años que se sucedieron en el medio, se dio inicio a la invasión zombie y a la fiebre del fin del mundo que encuentra su auge en este diciembre del 2012. Como lector sólo queda exigir a Schierloh para escribir más y publicar antes.//RT

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