Mozart y cumbia

por Mariano Vespa y Mariano Zamorano //  marianovespa@gmail.com / marianoandreszamorano@gmail.com

 

En Intelectuales, escritores e industria cultural Eduardo Romano analiza con precisión la aparición de numerosas publicaciones nacidas hacia fines del siglo XIX y enfatiza la disyuntiva entre   los  escritores que aceptaron insertarse y cobrar por su trabajo y los intelectuales que manifestaron su rechazo contra la “comercialización del arte”. Editado por La Crujía ediciones, el libro puede leerse como una continuación de la investigación iniciada en Revolución en la lectura (2004), en donde el autor analizó el discurso de las primeras revistas ilustradas argentinas. En la siguiente entrevista Romano repasa los cambios que generaron la aparición de nuevos medios de comunicación en el siglo XIX, el rechazo hacia los gustos de los sectores menos educados y los compara con los alcances y las resistencias que generan las redes sociales en la sociedad actual.

¿Por qué en Intelectuales, escritores e industria cultural eligió el período 1898-1933 para señalar la aparición de la industria cultural local?

Básicamente para llegar a la conclusión de que el contexto en el que se instaure la industria cultural es decisivo y no un hecho absolutamente igual en todas partes y en todas las épocas. En el momento en el que la industria cultural se instala en el Río de la Plata no existen precedentes similares en la región, a excepción de Brasil y México. A partir de 1880 empiezan a aparecer en el país las primeras revistas con dibujos muy precarios –sin fotografías–, y desde la edición de Buenos Aires  Ilustrado  el abanico se fue  ampliando:  se  da una oferta de material e información literaria algo novedoso, que modifica toda la vida artística, especialmente la de los escritores y los dibujantes, junto con la aparición de la publicidad. Así se producen nuevos cruces entre la palabra, la imagen y el verso, formas híbridas que indicaban la aparición de nuevos lectores. Era una modernidad absoluta y nos pareció tomarlo como punto de partida con la idea de hacer una reconstrucción de la industria cultural desde 1898 hasta la actualidad. Un primer tramo que abarqué desde Caras y Caretas hasta la aparición del cine sonoro, que permita observar las actitudes de los artistas y escritores por un lado y de los intelectuales por el otro. Si los bienes simbólicos se convertían en mercancía, los artistas tenían un motivo de trabajo y podían vivir de lo que hacían, pero las opiniones de los intelectuales estaban llenas de prejuicios y se pronunciaban negativamente.

¿Se puede establecer una analogía entre el desprecio de la mayoría de los intelectuales por la cultura de masas y el concepto de “velocidad en detrimento de análisis” con las resistencias de ciertos sectores a las redes sociales en la actualidad?

Sí, sin dudas que con esto hay algo similar pero en contextos muy diferentes y con otras coordenadas, semejantes a la celeridad y la expansión que se produjo a partir de la mundialización de las comunicaciones, las líneas postales, el telégrafo, el teléfono y todos los medios nuevos que aparecieron hacia 1900. Por supuesto que todavía se siguen encontrando las reacciones conservadoras frente a estos medios que, en verdad, siempre facilitan y reconfiguran las formas de comunicación anterior. Cuando uno piensa el fenómeno Caras y Caretas – que empezó editando 15 mil ejemplares y en un año llegó a vender 200 mil en una tirada especial- la dimensión de lectores es importantísima. Hay que decir que en la década del 60, la gente usó la lectura como una forma de entretenimiento, información y emoción por última vez. Luego eso se modifica.

¿Cómo se dio el reemplazo de los géneros mediáticos por los géneros tradicionales?

La gente no dice que ve telenovelas; ve la novela. Después hay un sector mínimo de la sociedad que lee novelas publicadas en papel, pero es una minoría letrada. Cuando uno habla de comunicación tiene que ocuparse de lo que hace la mayoría, no de lo que hace un grupo selecto y minoritario. Y la mayoría de la gente consume poesía a través de la canción, no compra un libro.

¿Qué papel cumplen las redes sociales en la democratización de la cultura?

Uno piensa en la democracia y está pensando en la democracia para un sector social: los que están incluidos. Lo que pasa con nosotros es que hay millones de excluidos que malviven, que sobreviven como pueden y no tienen acceso a todas estas formas de  comunicación, siguen teniendo las formas de comunicación de siempre: el boca a boca y la familia, aunque están muy deterioradas. En los sectores marginales la organización familiar está prácticamente destruida. Con esos sectores desprotegidos, que se encuentran navegando por fuera del sistema, no se sabe muy bien qué pasa. Fijate cómo se mueve la protesta social: el cacerolazo se arma a través de Twitter y Facebook, pero el paro del 20 de noviembre no se hizo a través de las redes sociales; hubo otra forma que tiene más que ver con las estructuras políticas, con delegados dentro de los consejos gremiales. El sindicato fue el lugar histórico de politización de los trabajadores. Entonces para ciertas movilizaciones las redes sociales funcionan pero para otras no.

En el libro destaca la actitud de Ricardo Rojas, quien afirmaba que los libros baratos eran “veneno para el arte”.¿Existe un cierto desprecio a los best seller?

La mayoría de los escritores, a esta altura, deberían estar convencidos de que esa situación es irreversible. Sin embargo hay muchos que sueñan con una revolución social donde la gente se va a poner a leer de nuevo y eso es totalmente utópico. También muchos de los que critican a los best seller quisieran poder escribirlos y ganar plata. El hecho es que una revolución social no te garantiza nada. Un ejemplo es Cuba. En los primeros tiempos de la revolución se cambió toda la radiofonía y empezaron a pasar música clásica. Se armó un despelote de aquellos, la gente quería escuchar el son y la guaracha. Todos los fenómenos artísticos acompañan momentos diferentes de la vida. Yo creo que si vos hacés un picnic por más intelectual que seas no vas a poner música de Bach, si lo que querés es bailar y divertirte. Desgraciadamente los intelectuales tienden a aislar, abstraer el espíritu y desentenderse de la corporalidad. Los prejuicios existen y están enclavados en la actualidad. Es similar al desprecio que hay con la cumbia villera o a las fusiones musicales como fenómenos característicos de una época globalizada.

Uno de los principales motivos de su investigación fue el quiebre que marcó la aparición de Caras y Caretas. ¿Qué opina de la edición actual de la revista?

La he leído y tiene poco que ver con la original. En la primera edición era central la observación y crítica de las costumbres. En la edición actual eso tiene poca importancia. Otra particular diferencia es que Caras y Caretas frente a la política oficial de Roca era crítica. Toda la primera etapa de Caras y Caretas coincide con la segunda presidencia de Roca. Se trataba de una revista crítica con el momento. Había para darle a Roca, a Pellegrini y a todos los personajes que lo acompañaban. En cambio ésta es una revista oficialista y eso me parece que es una debilidad. Revisé los comienzos y la crítica era al menemismo; han pasado 15 años y seguimos echándole la culpa de todo a Menem. También hay que ver qué es lo que pasó en la sociedad, cuáles son las transformaciones, hasta dónde son importantes, pero no se puede seguir centrando la crítica en el menemismo. A la gente ya no le interesa.

En el capítulo Los gustos de los otros analiza los periódicos Última Hora y Crítica como ejemplos de ruptura de la “prensa seria” y precursores de un tono ágil, escandaloso, humorístico e irreverente ¿Cómo se desarrollaron aquellos lenguajes y géneros populares señalados como vulgares y groseros por los discursos intelectuales?

La revista Criterio, católica y fundamentalista; y la revista Claridad, de socialistas y comunistas, se despachaban casi en los mismos términos contra un diario como Crítica. ¿Qué les molestaba? El tipo de noticia, la manera de redactarla, la importancia adjudicada a la noticia policial, deportiva y de espectáculo. Crítica en la década del ’30 le dedicó mucho espacio al teatro. Ponían a los géneros chicos como el teatro de revista al mismo nivel que los espectáculos dramáticos. Eso era muy irritativo. El papel del periodismo es otro, en aquel momento toda la información estaba cubierta por los periodistas. ¿Cómo Caras y Caretas no se iba a vender así si la gente no tenía otra forma de enterarse lo que pasaba en el mundo? Hoy vos tenés imágenes y hasta películas en el teléfono. Es un mundo audiovisual distinto. La información y los mensajes son absolutamente cruzados, híbridos, pasan por lugares impensados y el papel de los medios gráficos es mucho más limitado. La gente perdió el hábito de leer el diario y hoy se informa con la televisión al momento o por Internet. Por otro lado, la información de la farándula es desmedida pero son las características de la sociedad actual: son cosas para analizar, no para defenestrar.

¿Por qué sería mejor para la gente Mozart y no el candombe?

Los sectores más humildes definieron gustos y práctica por fuera de lo autorizado. Esos gustos se  fueron legitimando con el tiempo. El tango, por ejemplo, se adecentó y pasó a ser parte del archivo de la cultura argentina. Yo creo que, en general, el ideal del tipo culto ha cambiado y que hoy se puede transitar por fenómenos, gustos y productos muy distintos, acomodados a las circunstancias. El hombre culto puede escuchar a Mozart a una hora y el candombe en otra.//RT

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