Un festival de recontragarcha

por Francisco Dalmasso // fran.dalmasso@hotmail.com

 

Se realizó el Festival Internacional de Cine Erótico de la Argentina. Intentaron practicar sexo oral a varios hombres y nadie usó preservativo. Las actrices estaban excedidas de peso. Prometieron una filmación porno en vivo de 40 minutos, pero al final solo fueron 15. Un periodista catalogó el evento como “una recontragarcha”. La entrada salía 80 pesos.

Milena sonríe muy poco. Casi nada. Es que cada vez que sonríe, se le notan los dientes destrozados por las caries. Está a un costado del escenario. Igual todo está demasiado oscuro para que podamos vernos las caras. Hay vibradores y vaginas de plástico sobre una mesa. Ella lleva en el omóplato un tatuaje de Playboy y una pollerita negra con un detalle bordado: una calavera de pirata. Primero se deshace del corpiño. Su trasero es grande y está apretado al vacío por una media de red. En el escenario, un viejo más pelado que canoso empieza a tocar la viola y se presenta como “Alex Guitarman” y en el público, un grupo de 20 hombres lo mira desde la barra. En sus ojos parece brillar un cartel: “Que aparezcan las minas”. Entra en escena Milena y refriega su culo contra las piernas de “Guitarman” y podemos darnos cuenta de dos cosas: a) Si ella cae encima de él, necesitaríamos un médico. b) El trasero no tiene Photoshop como en los carteles gigantes de la pared. Milena es actriz pornográfica (256 películas) y según los afiches de su propio evento es “la número uno de Latinoamérica”, es la estrella del Festival Internacional de Cine Erótico de la Argentina (FICEA) y bailando inaugura el segundo día del festival en un boliche swinger. La actriz comenzó su carrera a los 17 años de la mano de Rubén Danilo, el organizador del evento. Él se acerca mientras ella baila y con gestos caballerosos le toma con mucho cuidado una fotografía a poquísimos centímetros de su preciada vagina.

“¿Alguna chica que quiera hacer un striptease?”, pregunta el conductor como si pidiera un vaso de agua. Es un hombre con rodete a lo Gaudio y se parece a Hernán Caire, pero obeso. En el vacío de que nadie le responda, rellena: “Vamos a tener muchos desfiles”. Silencio. Las bolas espejadas que cuelgan del techo, brillan. Una tal “Yesica” aparece “voluntariamente” y entonces el coordinador la aconseja: “Dejate llevar con la música. Hacé lo que quieras, y si querés podés sacarte la ropa… ¡Va! ¡SACATE TODO….!”, se ríe y una luz se apaga y ella empieza bailar. “Yesi” se mueve, se contornea suavemente y los movimientos coinciden con la música (¿casual eh?), se desabrocha de a poco el vestido como si estuviera cambiando la piel. Debajo tiene un short de jean, que rápidamente se arranca mientras suena de fondo “Me gustas mucho”. Queda en una diminuta tanga. Presiento que no es improvisado. La chica se agacha y de su trasero sobresale un pliegue blanco, el borde de su toallita higiénica. La música termina y todo finaliza. Entre la gente aplaude “el doble de Calamaro” que está empecinado en que lo confundan con el original. El violero agradece: “Me fascina tocar. Yo toqué acá cuando venían tres personas. Eso habla de mi profesionalismo. Agreguenme a Facebook”. Su foto de perfil es una guitarra con forma de pene.

Ahora Milena lleva un vestido negro con un tajo hasta la cintura, que fue lo único que se cambió, porque recién con la misma cara se desnudó entera para todo el festival. Se acerca al micrófono y pregunta: “Ayer terminamos a las 7 am, hoy seguimos hasta que salga el sol… ¿No?”. Desganado el público contesta: “Sí” y aplaude. Le sacan fotos. Detrás suyo hay un banner, una mujer con su cara y atributos que no se parecen en nada al resto de su cuerpo. “‘¿Cómo hacer un festival porno en Argentina?’, nos preguntamos una vez. ¡Porque esto no es España! Pero bueno, tenemos muchos artistas… ¡Y va a haber sexo en vivo! Bueno, vamos a estar regalando un montón de cositas”, anuncia Milena. Luego el presentador recibe a “las duendas” que repartirán tarjetas y me doy cuenta de que la bailarina de hace unos minutos, “Yesi”, se había sacado el vestido y era ahora una de ellas. Me extiende una tarjeta y leo: “El Duende/Lencería. Moda Sexy. Eventos/Manager General.”.  Escucho una conversación donde “El duende” (un gordo, que se deja desabrochados los primeros tres botones de la camisa) les decía a las “duendas”: “Miren que hay un evento en Palermo… y si no contestan no van. ¿Quién es su dueño? ¡Respondan! ¿Yo?”. Las chicas asienten con la cabeza.

“Llegó el momento de regalar sexo oral”, advierte Milena y recuerdo que todos los que ingresaron pagaron 80 pesos. Sacan cinco números de una bolsita de Coto y así aparecen los ganadores. La encargada del fellatio se hace llamar “Daiana”, sube al escenario y se arrodilla. Hay un hombre sentado a mi lado, tiene el saco arremangado como Mateiko y murmulla: “¡Tiene boca de petera! ¿Eh?”. Sube el primero. Todos sacan sus cámaras. El conductor anuncia: “Esto arranca a… la una… a las dos y a las…. ¡tres!”. Daiana no puede desabrochar el pantalón. El locutor se mete y le pregunta al sorteado para distender: “¿De dónde sos maestro?”. “De Ramos Mejía. Estoy nervioso…” responde y cuando mira para abajo, Daiana tiene su diminuto pene en la boca. Empecinada por que se erecte, lo chupa y lo chupa sin descanso. El calzoncillo rojo ya está lleno de saliva, pero no pasa nada. El participante le da un beso incómodo, se sube los pantalones y levanta las manos como si fuera campeón de algo. De los cuatro participantes que le siguen, ninguno demuestra mayor excitación. La gente, sin embargo, lo filma todo. Sobre el escenario, lo único rígido es el rostro de Daiana. Parece que la condición para gozar del “pete” es que las manos del hombre permanezcan detrás de la nuca. Pero el último participante no lo soporta y comienza a masajear los pechos de Daiana. “¡No la toques amigo! Vos poné las manos atrás de la cabeza”, grita el moderador. El hombre obedece y el conductor grita: “¡Nooooooo, es una ventosaaa! ¡Mirá! ¡Dale, pará, seguí un poquito! ¡Saquen fotos! Luego indica que el show finalizó y que podemos “descansar e ir a tomar algo” porque “se lo merecen”.

“Todos tienen derecho a actuar en el cine, incluso filmamos con una gorda excedida de peso”, explica Rubén Danilo antes de que empiece el desfile erótico “inclusivo”. Las chicas desfilan en corpiño, llevan una tanga con el dibujo de un chanchito y el conductor las llama, muy originalmente, “Las chanchitas”. El desfile termina rápido y no interesa a nadie, salvo cuando Milena decide mostrar sus pechos y nos damos cuenta que sus pezones casi podrían hacerse a la parrilla, unos auténticos Patys. Luego Susana Deona hace un tributo a Gilda. Creo que se parece más a la Coca Sarly. Sus pies y su cabeza se agitan acusando epilepsia mientras canta “Fuiste”. Milena está abrazada a Rubén y juntos miran el show. Llevan toda una vida juntos. Después de conocerse, se fueron a grabar a EEUU con una productora y volvieron en pareja. Danilo es el director de cine más cuestionado del ambiente. El director porno Víctor Mayland lo acusó: “Lo que hace Rubén Danilo es prostitución”.  En el público se destaca un hombre con saco, lleva la camisa abierta y varias cadenitas de oro colgando. Veo que habla con un grupo de hombres, que luego identifico como los barrabravas del Club Atlético All Boys.

Un pene de plástico resplandece en el escenario. Está enganchado a una máquina que se encarga de moverlo para arriba y para abajo, como si estuviera penetrando a alguien. El locutor se encarga de aclarar que la máquina es “China” pero luego lo corrigen y le avisan que está fabricada en Argentina. Luego llama a una mujer que se “anime a probar la máquina”. Una morocha de pelo enrulado sube al escenario y antes de que se meta el pedazo de plástico en la boca, el conductor advierte: “Por favor, antes de hacerlo usá preservativo ¡Hay que cuidarse eh! ¡Hay que quererse y cuidar a las chicas!”. Resulta extraño que hace una hora atrás Daiana succionó penes de todos los tamaños sin protección alguna. El doble de Calamaro observa atento y el moderador le pregunta: “¿Tendrá gusto a salmón? No te preocupes, chupala que no te muerde… ¡Hace de cuenta que recién lo conociste y tenés tu primera noche con él!”. Britney Spears suena de fondo. Un gordo con un buzo atado a la cintura, me comenta: “La única linda es esa rubia que está allá. Ahora me parece que va a actuar. Creo que se llama Vicky o Yanina. Todas tienen nombres de gatos acá”. “¿Hay alguna chica dispuesta a chupar? ¡Traingánla, agárrenla de los pelos! Ja-ja”, se ríe el conductor. Y la chica nunca aparece, entonces no le queda otra que invitar al público a “relajarse y tomar algo” porque se viene “lo mejor del gran festival”.

“Es una recontragarcha este festival. Una bazofia. Parece un club gay, son 200 tipos sacándole fotos a dos minas. Son gatos ciento por ciento argentos. Ya me quiero ir. ¿Tenés algún evento que me haga olvidar esto?”, me pregunta un periodista de Argenpress. Miramos atentamente a la barra porque una rubia está por subirse y bailar en el caño. Su cara no manifiesta entusiasmo, pero Danilo la apura: “Dale, dale, ¡Subite!”. Ella sube y aunque los silbidos demanden que se quite una prenda, no se saca nada. Le siguen “Marina Trebol” y “Milena” que aparecen vestidas como hadas y se arrancan las polleras. Milena le toca el culo de manera procaz a Marina, que no sonríe. Ambas tienen brillito arriba de los pechos. Marina le agarra la cabeza a Milena y le da a la fuerza un beso en la boca. A Milena el traje le queda chico y sus pezones sobresalen. Se besan cerca del ano pero es todo muy ficticio, enseguida derivan la atención a otro lado. Marina decide simular que le succiona la vagina a su compañera. Todo termina. Le siguen un hombre y una mujer, ambos vestidos como para el carnaval de Gualeguaychú que pasan a hacer un baile erótico anunciado como “performance”. Otra vez, por más dedicación que la chica ponga en el fellatio, el miembro de su compañero parece poco dispuesto a erguirse. Deciden bailar un tema de “Elton John” y pasarse un osito de peluche por el cuerpo. El joven la mira y evidencia el cariño que siente por ella, tiene movimientos sutiles y lleva brillantina en los ojos. “Este es re gay loco”, me codea un joven que lleva una gorrita “Nike”.

Nos habían prometido 40 minutos de filmación en vivo y el conductor anuncia que solo serán 15. Rubén Danilo está tan traspirado como un líder de la CGT en cualquier conferencia de prensa. Están supuestamente preparando “la escenografía” que consiste en pegar con cinta scotch al banner de FICEA todos los diplomas berretas que entregarán en un rato, entre ellos a un periodista de Clarín, de quien se agradeció “el compromiso periodístico del diario”. No es chiste. Milena se despide del evento como si fuera su cumpleaños de 15: “Gracias a todo mi staff que se bancaron mis enojos, mis retos, mis risas…. Los esperamos el próximo año y vamos a disfrutar de la filmación”. Detrás los “actores” aparecen en escena sacándose los pantalones. Uno es un veinteañero que fue elegido del público, el otro es un actor porno con el físico de Van Damme. “Filmá acá. ¡Acá! ¡Dale …!”, ordena Rubén Danilo. De fondo suena electrónica. Milena mete los dos miembros en su boca. El actor porno pierde su mirada en la lejanía y pone cara de profesional con su pene erecto. Es su trabajo. En cambio el veinteañero abre los ojos al tope y su pene pequeño está gomoso. Abren las piernas de la actriz y chupan una vagina que parece de utilería, como su mirada, como su pose y su piel curtida. Dudo que estén filmando. Finalmente el actor porno se pone un preservativo e intenta penetrarla arrodillado. Pero no sirve de nada. No sirve porque no se le erecta. La piel blanca de su cara se va tornasolando hasta quedar roja de vergüenza. Intenta con otro preservativo, pero nada. Entonces se pone de pie, levanta las manos como si fuera un juez de boxeo que da por finalizado el round y se tapa los genitales. La filmación ha terminado y el FICEA también.

 

Foto:  Julieta Bernstein //  bernsteinjulieta.tumblr.com // bernstein.julieta@gmail.com  

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