“La política no se enteró que Internet es una revolución”

por Mariano Vespa // marianovespa@gmail.com

 

En la introducción a Hackear el periodismo, Pablo Mancini afirma que todavía persiste la confusión que emparenta a los hackers con la criminalidad informática. Considera que el periodismo necesita hackers, es decir, profesionales que reconfiguren la industria (re) diseñando soluciones. El deber del hacker no es romper redes sino reconfigurarlas. El libro, editado por La Crujía el año pasado, nos detalla distintos factores esenciales que constituyen puntos de partida a la hora de abordar la situación actual de los medios digitales. Con una prosa incisiva, Mancini especifica algunas imperfecciones de las redacciones on line y propone cambiar el foco de análisis teniendo en cuenta las variables tiempo, audiencia, valor y organización. No es casual que cerremos el año entrevistando a Pablo, un periodista con vasta experiencia en análisis y gestión, en medios digitales.

En el libro decís que el editor propone y la audiencia dispone ¿Cómo se manifiesta esa interacción?
Hay dos realidades. Por un lado está la realidad de la audiencia y por otro la de los medios. Y si querés hay un lugar más difuso en el medio de esas dos instancias. En los medios la realidad es ficcional, del orden del siglo pasado, y está estructurada en la idea del control sobre la información –como dice el NY Times “all the news that’s fit to print“–. Su concepción hace centro en: “lo que la audiencia necesita y quiere”. Es muy común escuchar en el ambiente periodístico “nosotros tenemos que decir lo que la gente tiene que saber”. Después está la realidad de la audiencia que se compone de la promiscuidad y la infidelidad. Todos leemos muchos medios. Parece obvio pero no lo es. Me parece llamativo y clave entender que el concepto que hace unas décadas era la noticiabilidad tiene una viñeta cada vez más grande en relación a la audiencia. ¿Qué es la noticia? es algo que Facebook revisó y redefinió. No la plataforma en sí misma, sino la gente usándola. Entonces creo que hay una negociación entre la audiencia y los editores, aunque a veces también hay indiferencia o empatía, porque seguimos consumiendo medios como público. Es una trampa pretender que alguna de esas tendencias se posicione por sobre los demás.

¿Por eso citás a Guillermo Cullel cuando afirma que “el periodista tiene que trabajar como si fuera un DJ, reconstruyendo”?
Siempre fue así, en algún punto. Lo que cambió fue la escala. El trabajo periodístico tiene que ver con agregar información, reestructurarla y comprimirla para hacerla cada vez más accesible. Es una parte del trabajo que tiene que ver con remixar información, comprimir y llevar al extremo con buenas o malas prácticas (como sucede en muchos medios). Es una ilusión pensar que el periodista crea el contenido en el vacío. Cualquier prueba empírica rechazaría esa idea. Abunda la información y hay poco tiempo. Buena parte de nuestro trabajo es hacerle las cosas más fáciles a la audiencia. Hay muchos periodistas que quieren que la audiencia se tome mucho tiempo en relacionarse con lo que ellos escribieron. Piensan: “quiero que mi lector se siente en el sillón a leer mi crónica tomando café con leche con medialunas”. Cualquier sueño es legítimo, también pueden creer en los Reyes Magos pero me parece más interesante ver cómo fue construido un contenido que puede ser concebido como valioso en una rutina relacionada con la contemporaneidad. Cuando un medio se vuelve romántico fracasa. Hay muchas publicaciones que no podrían subsistir sin financiación estatal o con el aporte de fundaciones internacionales. No es la audiencia la que lo banca. A mí no me gustaría trabajar en ese mundo ficcional. Es una construcción insostenible. Corrés más riesgos así que viviendo de la publicidad.

¿Cómo ves al periodismo gráfico?
El periodismo gráfico es el que todavía banca económicamente la redacción digital. Hay que tenerle cierto agradecimiento, respeto y ganas de que eso continúe. No hay que ser ingenuos, hay que buscar que el negocio sobreviva todo lo que pueda. Hay gente que tiene una cuestión personal con los soportes. A mí me da igual. Si ese soporte funciona, económicamente es mejor porque nos permite crear otras cosas mientras tanto. El problema es mentirse, pensar que el hecho de que funcione económicamente implique que sea un medio masivo. Hoy vender 300 mil ejemplares como Clarín no es ser un medio masivo. Los diarios son medios de nichos. Eran masivos cuando también vendían 300 mil pero eran los únicos que hacían circular la información. En ese momento competían con el folletín, que era el nicho. Ahora quedaron en el lugar equivocado porque del otro lado se creó un monstruo enorme como lo es la red donde hay mucha audiencia. Todavía tienen suerte las organizaciones con medios gráficos o televisivos porque los anunciantes todavía no se enteraron de esto y pagan decenas de miles de pesos una publicidad que la van a ver 20 mil personas. Por eso me parece una estupidez estar en contra o favor de los soportes.

En ese sentido, ¿creés que la discusión libro digital vs. papel sigue ese cauce?
Y si vos sos un talibán del soporte sos un boludo porque, ¿qué vas a defender, que en el digital lo podés compartir o en el impreso tenés el olorcito? Eso no es un argumento para defender el libro, sólo estás justificando un fetiche. El libro no necesita ni ser defendido ni ser atacado. Estamos en una etapa pequeña, muy experimental. El libro sufre aquello que alguna vez padecieron los diarios o el cine en 1900, hay un primerísimo primer momento donde muchos leemos tantos libros impresos o en formato digital. ¿Cuánto hace que leemos libros digitales? Cinco o seis años. Entonces, no tiene ningún sentido mantener una postura. Los soportes tienen beneficios y restricciones conocidas.

Un estudio reciente de Fopea mostró que gran parte de los periodistas usan las redes sociales como fuente pero la cotejan en forma offline. ¿Cómo ves la contradicción?
Es el síndrome del hombre de las cavernas. En la Antigüedad era un privilegiado y tenía mayor atención de sus pares aquella persona que salía a cazar un jabalí y contaba que escuchaba. Lo que dicen algunos estudios antropológicos es que las personas preferimos tener contacto tanto a distancia como físico pero llegada la opción de elegir, lo hacemos cara a cara. Conozco muchos periodistas que hacen entrevistas por Facebook y después despotrican de las redes sociales o piden por favor que los sigan en Twitter. Fijate que corporativo que es el periodismo en relación a los soportes. Te doy un ejemplo: cuando Julián Assange diseminó los cables de Wikileaks, ningún medio, periodista u organización de periodistas, salió a decir “che, cuidado con esto que está en riesgo la libertad de prensa o la capacidad de investigación que tenemos los profesionales del periodismo”. Sin embargo, cuando a Lanata lo detienen en el aeropuerto con un documento de los servicios de inteligencia venezolanos, ahí sí dijeron que era un ataque fenomenal a la libertad de prensa. Y es cierto que lo fue, y que hay que defender esa situación; pero es muy hipócrita no haber dicho nada cuando en los últimos cinco años la mayor cantidad de primicias en las secciones de  internacionales de todos los diarios del mundo fueron dadas por Wikileaks. Entonces, es un gremio careta, porque lo que hicieron los periodistas fueron resúmenes, no investigación. Tuvieron que hacer un cuadro sinóptico de la información que venía de otro lado. Creo que esto de las fuentes muestra que si tu relación es a distancia o física con una fuente, no tiene sentido asociarla a si es más o menos real. Lo que importa es si la info es buena o mala. Tiene que ver con la crisis del sentido común que hay. Me da lástima que los periodistas piensen en eso. Ni siquiera atrasa, es una discusión de otro planeta, contradictoria con sus relaciones en su vida cotidiana.

¿Qué pensás del monopolio del que se habla en los medios tradicionales?
Vos vivís en un país en el que el gobierno declara que Papel Prensa es de interés público y los teléfonos celulares no lo son. A vos te cagan las compañías telefónicas con la facturación mensual y no hay control. En Argentina hay 40 millones de celulares. Es el mayor medio de comunicación. ¿Me vas a decir que regular el papel que usa una docena de diarios en Argentina (500 mil ejemplares de Clarín los domingos) es democratizar la palabra? No tiene ningún sentido. Mezclaron todo. Hay dos cosas que hay que sostener con una regulación Estatal: los canales de aire, y el éter. Ambos son espacios limitados. Lo menos importante que tiene Argentina para discutir es la ley de medios. Es un intento tardío por hacer lo que se debía haber hecho en los sesenta o setenta. No digo que esté mal pero no es esencial ni para la vida democrática, ni para la libertad de información, ni para el desarrollo del periodismo. En la Argentina hay un discurso único, pero no porque el gobierno sea terrible o la oposición sea un desastre, sino porque están todos hablando de lo mismo. Quizá la ley de medios sea la última agenda setting.

¿Eso implica que un medio tiene que reinventarse?
Creo que es entendible que los medios quieran sostener un statu quo de soporte, infraestructura y negocios, porque es de lo que viven. Es más, me parece racional que sea así. Lo que me resulta arriesgado es la idea de hacer sólo eso mientras se desatiende, inventa o investiga, cómo construir algo nuevo. Porque al final de cuentas si a cualquiera de nosotros –me incluyo– nos dieran una valija con 3 millones de dólares para el primer año de un proyecto, no sabríamos qué hacer. Saber eso no es castigarse, es una forma de ponerse a pensar y laburar en ver qué podríamos inventar. El periodismo se inventó para resolver el problema de la escasez de información. Hoy no estamos ante ese problema. Lo que hay que definir hoy es qué problema vamos a resolver. Yo no sé cuál es, estoy tratando de resolver eso.

¿Creés que todavía las redes sociales no influyen directamente en la política?
No, ya lo hacen. La gente se junta en las redes, organiza actividades, se informa. Lo que pasa es que la política no se enteró que Internet es una revolución. En realidad tenemos que esperar que los políticos lleguen a Internet (risas). La red, esencialmente, es una plataforma política. Tiene un fundamento ideológico muy claro, vehemente en el hecho de que haya un emisor y miles de receptores. El otro día lo escuchaba a Tenembaum hablar sobre el 8N diciendo en el primer bloque de P+P- (con tres puntos de rating) que parecía que la gente se unió por Internet, aunque no todos se conectan. Uno piensa, qué caradura. Cualquiera de los blogs más visitados en Argentina tiene más tráfico que ese programa. Por eso me pregunto qué quieren democratizar con la ley de medios, ¿tres puntos de rating?

En tus post de Amphibia ponés como ejemplos paradigmáticos al periodismo deportivo y gastronómico. ¿A qué se debe tal elección?
El periodismo deportivo probablemente sea el mejor periodismo de Argentina porque está segmentado y es, en el buen sentido de la palabra, elitista: le habla a una audiencia que ya conoce lo que pasó. Vos ya sabés cómo salió el partido, pero, a la mañana compras Olé. Y en Olé saben eso. Nunca titulan Ganó Boca, por ejemplo. En cambio en política sí titulan Ganó Cristina. Es un delirio. El periodismo deportivo no quiere captar a todo el mundo. En cambio si vos sos editor de cultura, el director del diario te va a pedir que a Kafka lo entienda todo el mundo. El periodismo gastronómico también es innovador en el sentido que resuelve las cosas, te regala información, aprendés. No te dicen una pavada sobre tal aceite o tal bodega. Te dice: loco ¿querés hacer un pollo? Bueno, poné primero las papas y después el pollo, no al revés. Esos tipos hacen bien las cosas, independientemente del soporte. ¡Es genial!

Sobre el final del libro mostrás tres casos para hackear el periodismo: Wikileaks, Newser y Huffington Post. ¿Sirven como guía para lo que estás haciendo en Infobae?
Hay muchas cosas que vamos a lanzar pronto en Infobae, y que están alineadas con segmentar más, generar nuevos formatos, darle mucha atención a cómo circula la información y qué hace la gente con esa información. Esas características son cosas buenas, que pueden funcionar. También hay otras cosas que son impracticables, por ejemplo la segmentación automática, porque para eso necesitás una inversión financiera muy alta que la situación del país, o la economía de los medios, no te permite hacer. Yo no sé si hay que replicar algo. Es un juego de jerarquías. Hoy no es tan importante inventar algo para los medios periodísticos on line. Tal vez es mejor tomar algo ya inventado y rejerarquizarlo; como los blogs, las columnas, las opiniones. A favor del gobierno hay muchos medios, en contra también, por eso considero que hoy es un gran momento para crear un medio que discuta. Como en los ochenta fue un gran momento para hacer Página12, porque había una expresión de la ciudadanía que no estaba representada en los medios de comunicación. O como otros medios han aprovechado la falta de espacio que tenía la derecha y lo construyeron exitosamente. Creo que hay una cantidad de gente que necesita o le gustaría tener un lugar donde inventar sus propios quilombos. Hay que ampliar los márgenes operativos para hacer esos proyectos. Ya no es negocio tener una sola opinión. Es menos complicado de lo que parece. Y menos prejuicioso.

Además de Hackear el periodismo, estás por sacar otro libro.
Sí, Crypto Periodismo, en coautoría con Nelson Fernández. Es literalmente un manual de seguridad que explica cómo utilizar algunas herramientas y desarrollar hábitos para que tu privacidad esté lo menos vulnerada posible. Sale a fin de año, bajo la licencia Creative Commons BY NC SA.

Para cerrar, ¿podés nombrar algún hacker que quieras destacar?
Estoy escribiendo un libro sobre William Borroughs que va a salir pronto. Hay un capítulo que explica por qué era un hacker. El tipo era un experimentalista, marginado por el establishmente digital, y aportó mucho más que sus novelas. ¡Un fuera de serie! Su huella es más grande con el paso de los años. El otro está más cerca: Nicolás Mavrakis. Es un tipo que se anima a pensar distinto y no tiene miedo de nada. Quiere decir lo que piensa, exponer su imaginación, vivir de ella y no sentirse avergonzado. En él hay un componente de creatividad, de pasión, de desinterés e interés a la vez y de reprogramar lo que se entiende por literatura hoy. De algún modo también los fundadores de los medios conservadores fueron tipos que se animaron a inventar algo, con sus luces y sombras. Tampoco quiero proponer un modelo de hacker. Son los que tengo presentes.//RT7

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