Por una literatura que dialogue con la Argentina contemporánea

por Marisol Córdoba // marisol.cordoba.10@gmail.com
Enzo Maqueira nació en Buenos Aires, en 1977. Es licenciado en Comunicación Social, escritor, editor y docente universitario. Fue secretario de redacción de la revista Lea y colaboró en diferentes medios gráficos y radiales. Publicó Cortázar, de cronopios y compromisos (2003), El perseguidor de la libertad (2004), el libro de crónicas y relatos Historias de putas (2008), y las novelas Ruda Macho (2010) y El impostor (2011). Es, además, co-fundador de la editorial Outsider y se puso al hombro la tarea de organizar y difundir lo que está pasando con la “Nueva literatura argentina” hacia fuera del mundo literario. Organiza a la nueva generación de jóvenes que se dio en llamar: “generación Kung Fu” y que dicen tener reminiscencias del viejo grupo de Boedo. En el mes de septiembre inauguró en una sucursal de la cadena de librerías Galerna una mesa de esta nueva coyuntura de la literatura -que surgió en la última década con la aparición del kirchnerismo- y de la que Maqueira es curador.

¿Por qué armar una mesa de “Nueva literatura Argentina” en una(sola) librería de la cadena Galerna?
La mesa dedicada a la Nueva Literatura Argentina se inauguró en el local que Galerna tiene en San Telmo, pero la idea es que se abran mesas iguales en los locales de Cabildo, Mar del Plata, Recoleta y Neuquén. Lo conseguido es apenas una parte de lo que vamos a conseguir. La mesa en San Telmo es la primera de las cinco mesas que estamos tratando de que existan; y el logro no es menor. Todo lo contrario. Hace diez años el país se derrumbó y con la primera década del siglo comenzaron a abrirse distintas oportunidades para nuevos escritores y editores que antes no había. Muchos estaban realmente imposibilitados a la hora de publicar en las editoriales multinacionales y el único camino posible fue la autoedición o la consecución de los proyectos autogestivos “a pulmón” como Eloísa Cartonera, Funesiana, Mancha de Aceite y tantos otros. Al mismo tiempo surgió el blog, que fue una plataforma de publicación virtual; y más adelante las redes sociales, que posibilitaron la interconexión entre toda esta gente excluida del mercado editorial (desde un sentido comercial, pero también entendiendo la publicación de la obra como un modo de legitimar la labor literaria de cada uno). Entonces tenemos diez años de personas que –sin lugar en las editoriales tradicionales– comienzan a construir su propio espacio. Esa agrupación de personas se empieza a reunir y le da forma a la FLIA, a las lecturas, y a la novedosa forma de participación política o activismo cultural de las redes sociales. Entre toda esa gente (es decir, entre todos esos escritores y editoriales) hay algunos que son militantes de la marginalidad y otros que fueron marginales por obligación: porque no los publicaron Planeta, Mondadori o Alfaguara pese a que tenían obras que merecían ser publicadas pero no tenían los amigos correctos, o no estaban escribiendo según la tendencia de moda. Lo que pasó fue que aquellos jóvenes ya no lo eran tanto (no me refiero a la edad sino a la actitud que tenían frente al mundo cultural) y que, por otro lado, había muchos jóvenes que todavía querían participar y estaban aislados.

¿Cómo se relaciona esto con la “generación Kung Fu”?
A fines de 2011 nos juntamos Gonzalo Unamuno, Nicolás Correa, Juan Marcos Almada y yo para plantear de algún modo la necesidad de reunir a todos los que todavía éramos o nos sentíamos jóvenes. No éramos pocos los que sentíamos la necesidad común de empujarnos hacia adentro del campo cultural “territorial”. Muchos teníamos obras escritas anteriormente, otros no, y también sabíamos que contaríamos con las obras que nuestros colegas estaban gestando. Es verdad que esa cantidad impresionante de obras y autores ya era conocida hacia adentro, en pequeños circuitos o entre nosotros mismos, pero también es verdad que el trabajo no llegaba al público en general. Ahí surgió el germen de lo que hoy se conoce como “generación Kung Fu” (gracias a José María Marcos, que acuñó el concepto) y que al principio llamábamos Nueva Nueva Narrativa: un grupo de tipos y tipas que participamos activamente en la cultura, tenemos cierta trayectoria desde los márgenes y creemos que es el momento de luchar por sentar las bases de otra literatura, más cercana a los cambios políticos y sociales que estamos viviendo, con la mira puesta en terminar de reconstruir el puente con el lector. Algo bastante cercano a lo que hizo Hernán Casciari desde España, con la Revista Orsai.

¿Y cómo encuentran su lugar los escritores de la Generación Kung Fu en la mesa de Galerna?
La idea de agitar una etiqueta como es la idea de la Nueva Literatura Argentina tiene que ver con integrar a los distintos colectivos de jóvenes autores. Los Kung Fu somos un grupo, pero hay otros. La idea es que todos los grupos emergentes encuentren una mayor participación en las librerías. Todos sabemos que Entropía tiene un catálogo rico, variado y de autores nuevos. Eso lo sabemos hace rato. Lo mismo pasa con Eterna Cadencia o Interzona. Pero lo sabemos vos, yo, Terranova y un porcentaje discreto de los 800 amigos en común que tenemos con la gente del ambiente. Nadie más. Salgamos a la calle y preguntémosle a la señora que está leyendo a Larsson a qué escritores argentinos conoce. Es posible que pueda decir Borges, Cortázar, Sábato, y con muchos reparos podrá llegar a nombrar a Piglia o a Saer. Ni Manuel Puig. Ni Arlt. Lo que propone la mesa de la Nueva Literatura Argentina en Galerna no es algo realmente nuevo para los que escribimos o leemos literatura argentina contemporánea, sino que está destinado a los que no tienen ni idea de lo que se está produciendo en el país desde 2001 para acá. Es una forma de hacer visible un fenómeno en constante cambio y crecimiento, que todos, en el micromundo literario, experimentamos y sabemos real, pese a que todavía no hayamos terminado de construir. Queremos llegar a un porcentaje de la sociedad que también es lector, pero que consume literatura mainstream (entendiendo lo mainstream con todas las comillas del caso).

¿Qué editoriales integran la mesa?
Para empezar elegimos darle prioridad a editoriales muy nuevas o relativamente nuevas como son: Milena Caserola, Muerde Muertos, Wu Wei, Pánico el Pánico, Clase turista, Outsider, y algunas otras. También seleccionamos a aquellas editoriales que en estos diez años ocuparon un rol importante en la pesca de nuevos autores, como son: Interzona, Eterna Cadencia, Entropía, Gárgola, y unas cuantas más. Son diez años de autogestión y diez años de presentar una alternativa a la lógica del plan de negocios de las multinacionales en muchas formas posibles. La mesa que armé, según el pedido de Galerna, busca generar un espacio que dé visibilidad a lo que está pasando en los márgenes del mercado y pretende ser una síntesis de todo eso que estuvo pasando y que fue visible sólo para un sector del campo cultural. A diferencia de las operaciones de marketing tradicionales, esta vez había algo real y concreto: la FLIA existe, las lecturas existen, la gente que un jueves a la noche te llena tres lecturas simultáneas existe. La Joven Guardia y las antologías que armó Diego Grillo Trubba están ahí, y la muy buena venta de esos libros también. Es decir, tenemos referentes jóvenes de una literatura rica y variada (los que participaron de La Joven Guardia y las antologías posteriores).

¿Quiénes son estos jóvenes y agrupaciones nuevas?
Muchos de estos nuevos jóvenes participaron de las antologías Panorama (Interzona), 12 rounds (Lea), Cuentos Raros y Escribir después (Outsider), Cuaderno nuevo (Blatt & Ríos), también incluimos a la gente del CEC, a los pibes Kung Fu, a los narradores inéditos que publica La Balandra, o de la antología de poesía 2017 (Milena Caserola), sólo por nombrar algunos de los libros y etiquetas que usa el mercado para individualizarlos, porque hay mucho más y varios ya tienen novelas o volúmenes de cuentos publicados. Es un momento de confluencia de dos generaciones de jóvenes que nosotros no dividimos por edad. ¡Hay varios “nuevos” que superan en edad a algunos “viejos”! Sin embargo sí los congrega el momento en que se produjo el encuentro entre ellos: el mismo espacio temporal de militancia de la cultura, el momento de escritura y publicación y el contexto histórico permeable al ingreso de nuevas fuerzas.

¿Qué no entra en la mesa de “Nueva Literatura Argentina” de Galerna?
En principio, todo lo que haya nacido de la autogestión, como te decía antes, entra directo. Las editoriales independientes, sin dudas, pero también los autores que participan o participaron de esas movidas. Por eso está Leo Oyola, por ejemplo. Porque a pesar de publicar en Mondadori, que no entraría dentro de esa idea de marginalidad, fue uno de los emblemas de las lecturas de buena parte de estos diez años y todavía hoy sigue siendo parte de Carne Argentina, además de estar en contacto directo con todos nosotros. Por eso entra Selva Almada, que viene publicando hace rato pero es una activista actual y también es una persona que te encontrás, que está codo a codo con la generación más reciente y que también consideramos Kung Fu. No es una mesa sólo de editoriales independientes, sino también de autores de espíritu independiente, tipos que organizan lecturas, que tienen editoriales, que hacen programas de radio, que van a las lecturas y se preocupan en comprar el libro de un colega. Las palabras que nos inclun son “militancia” y “territorialidad”. Es decir, somos tipos que entendemos la participación en la literatura argentina no sólo como un ejercicio intelectual privado, sino como un espacio de solidaridad con una causa. Eso es mucho más grande que acariciar el propio ego.

¿Por qué te interesó darle visibilidad a estos grupos, autores y editoriales?
En principio porque es un momento en que la Argentina está recuperando una serie de valores y tradiciones que se dejaron de lado durante los noventa. Tardamos mucho tiempo en lograr que se volviera a escribir, a publicar… Fueron diez años de reconstrucción de los espacios, de permitirles a los escritores tener su lugar, de demostrar que no había que ser Fresán (en el mejor de los casos), Paulo Coelho o Bucay para tener un lugar en la literatura, en el mercado o en la biblioteca de tu tía. Diez años es un tiempo más que suficiente para multiplicar los espacios y las voces. Ahora es el momento de ver cuánto de todo eso puede servirle a la sociedad y de que intentemos ser un engranaje más en la reconstrucción del país. Es importante que encontremos cuáles de esos escritores pueden tomar el rol de intelectuales que necesita la sociedad contemporánea; cuáles de estos libros van a ser el próximo Martín Fierro o el próximo Boquitas pintadas de nuestro tiempo; cuáles de esas obras van a dejar de ser materia de discusión en revistas literarias y van a formar parte de la argentinidad, en el sentido más amplio y heterogéneo. La mesa de la Nueva Literatura Argentina en Galerna va en esa dirección. Tiene ese objetivo. Es un objetivo ambicioso, pero es el momento para intentarlo. Eso sentí cuando desde Galerna me invitaron a ser “curador” de la mesa. Muchas de las editoriales que están en la mesa son independientes y se las encuentra en la FLIA.

¿La siguen sosteniendo como un espacio de militancia o sólo de comercio?
Si una editorial de la FLIA está en Galerna puede seguir sosteniendo su espacio de militancia en la FLIA y pretender –con absoluta razón- que sus libros tengan un canal de venta y difusión por fuera de ese circuito en Galerna. No veo la contradicción. De todos modos, hubo algunas editoriales que prefirieron no ser incluidas por cuestiones de gestión de su capacidad productiva o por cuestiones ideológicas. Por otro lado, que en una mesa de San Telmo, en una librería llena de luces y con pretensiones de masividad, haya un libro de una editorial como Milena Caserola -que viene desde las entrañas mismas del under- es, sin dudas, un espacio de militancia. Es fácil militar para los compañeros; el asunto es salir a mostrar lo que están haciendo a quienes no tienen ni idea de qué se trata todo esto.

El libro independiente, ¿debe ser asimilado por las grandeseditoriales y/o cadenas de librerías si quiere sobrevivir o asegurarse su difusión?
El libro independiente tiene que multiplicarse y abrirse paso en todos los espacios posibles. Si un monstruo editorial o una cadena quieren llevárselo, se verá cómo sirve ese libro para terminar el puente que se empezó a construir en 2001 entre los que escribimos y la gente que tiene el hábito de leer pero desconoce de nuestra existencia. Yo quiero una sociedad con escritores argentinos en la lista de los más vendidos, porque los más vendidos son los más leídos. Y eso es lo que importa: que se lean autores nacionales. No es una posición chauvinista, sino una necesidad de toda sociedad: la relación de diálogo y retroalimentación con sus artistas. No se puede entender la Argentina contemporánea leyendo a Larsson, a Murakami o a Isabel Allende. O mejor al revés: que Larsson (y similares) estén al tope de lo más leído ya no es un síntoma de lo que está pasando en la sociedad. Hay un país nuevo en muchos aspectos y el mercado editorial parece no haber tomado nota. A eso vamos.

¿Cuál es el concepto que aglutina a la Nueva Literatura Argentina?
Lo que sea nuevo para el lector no especializado y que, al mismo tiempo, haga justicia con la idea de que en estos diez años cambió la escena cultural gracias a los tipos que generaron sus propios espacios. La mesa va a sumar nuevos títulos a medida que se vayan publicando y también va a rescatar otros que todavía no figuran pero merecen estar. Cucurto es un tipo que publicó en Planeta, pero es uno de los primeros que se puso al hombro generar espacios propios después de la crisis de 2001. Por supuesto que Cucurto merece estar. Si se quiere, como un modo de dejar establecida la génesis de esta concepción de una literatura activa, que sale a dar pelea. En ese sentido, me gustaría que en la mesa hubiera libros de Eloísa Cartonera, Funesiana, Milena Caserola. Todo no se puede y no todos quieren estar, pero ése es el espíritu. El concepto aglutinante es la militancia cultural. Más allá de lo literario o lo comercial, el fondo es –como siempre- político. En la mesa están los que pensamos que hay que reconstruir esel puente entre la Argentina y sus escritores. Hay tipos que no tienen esa preocupación y me parece perfecto. Ellos son los que se encargarán de decir qué es bueno y qué no, qué sirve literariamente hablando y qué no. Mientras tanto nosotros vamos a seguir poniendo ladrillos en el puente.

¿Qué le aportan al campo cultural vernáculo, además de la visibilidad de los nuevos autores?
Lo que hacemos es nuclear a editoriales y autores que tienen una concepción popular de la cultura. No es algo nuevo porque, como dije antes, eso siempre existió y cada vez existe con más fuerza (basta con ver la enorme cantidad de público que fue a la última FLIA en Parque Centenario o las casi doscientas personas que pasan por el Slam de poesía en cada edición). Lo que aportamos, en mi opinión, es que esos esfuerzos individuales o grupales que conviven hoy en día en todo el país se unifiquen en un concepto totalizador, heterogéneo y difícil de entender como el de “generación”. Creemos que ese rótulo permite ir en busca de una sociedad que necesita reencontrarse con sus artistas. Por eso reivindicamos una literatura que dialogue con la Argentina contemporánea: que escriba y entienda la escritura como un espacio para la pluralidad, la igualdad de género, la diversidad sexual, el fortalecimiento de lazos regionales, la interacción en redes sociales y la militancia, dándole forma a una generación que siga abriéndose camino sobre la base de la solidaridad, la camaradería y la predisposición para trabajar en equipo.//RT7

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