Hacer hablar al suelo

Por Sebastián Leonangeli // sleonangeli@gmail.com

La tierra perdurable de Eugenio Previgliano y Oratorio Morante de Osvaldo Aguirre

Editorial Municipal de Rosario, 2012. 80 páginas (c/u)/ $30 (c/u)

Previgliano nos lleva a un loteo en Oliveros, donde se construirán residencias. Aguirre nos traslada a Oratorio Morante, un pueblo declarado “en riesgo de desaparición” debido al descenso sostenido de habitantes (noventa, a la fecha de edición). Uno nos muestra lo que va a venir, el otro, lo que fue y permanece, que se diluye de a poco.

Desde este punto, las dos crónicas publicadas a fin del año pasado por la Editorial Municipal de Rosario para su colección naranja, se diferencian entre sí y se presentan como únicas, antagónicas y a la vez complementarias.

El libro de Aguirre, con un estilo despojado y preciso nos invita a un pueblo olvidado por casi todos, donde el cementerio es simbólico porque no hay nadie enterrado allí, a pesar de estar a pocos kilómetros de donde se llevó a cabo la batalla de Pavón. Donde las tres calles que forman el pueblo, pueden ser encontradas, de desaparecer el mojón “por las emanaciones de la bosta, los orines y la tierra abonada”. Donde el paisaje “asocia un conjunto reducido de elementos, y cualquier desplazamiento es inmediatamente perceptible”. Donde el museo de la ciudad cuenta con “una balanza-reloj (…) una máquina de escribir Remington (…) canastos, fuentones, piedras tipo boleadoras y un gato montés embalsamado, en el que llaman la atención los ojos desorbitados y que le falta algo de pelo y una oreja.”

Si en todos estos elementos otros encontrarían un festín para el absurdo, Aguirre relata con mesura y sin cinismo, haciendo que podamos sentir en las hojas que pasamos en nuestros dedos el polvo que recubre cada objeto de Oratorio Morante.

El volumen de Previgliano presenta una prosa más fluida, donde pueden convivir pasajes que describen con maestría la vera del río: “Desde donde ahora me encuentro, no se ve la desembocadura del río Carcarañá, pero el último tramo del Coronda asoma bordeando las islas que bien cerca de la tierra firme parecen dialogar con la abrupta barranca, respondiendo, desde su enanismo tapizado de arbustos leñosos, las inquisiciones de lo alto” para luego pasar al detalle técnico geográfico: “El río Coronda constituye el desagüe natural de las lagunas El Capón o San Pedro”.

Haciendo su camino por las comunidades a orillas del Carcarañá y el Paraná (Serodino, La Ribiera, San Lorenzo, Iriondo, Andino, Timbues), Previgliano, agrimensor y docente investigador, acompaña su texto con notas, mapas y dibujos, logrando un libro más que interesante.

Al concluir la lectura, La tierra perdurable nos deja con la génesis de un posible “Al caer, los árboles arrastran tras de sí toda serie de promesas. Las que no fueron cumplidas, nunca lo serán”, mientras que Oratorio Morante nos va acercando al epílogo de una historia de resistencia al tiempo, “(…)el sentido etimológico del nombre Morante. El que mora. El que se detiene. El que queda y permanece”.

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