Intervenciones

Entrevista a Diego Rojas

Por Florencia Blanca // florencia.blanca@yahoo.com

A poco más de un mes del fallo que juzgó al sindicalista José Pedraza y del estreno de la película ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, dirigida por Alejandro Rath y Julián Morcillo y protagonizada por Martín Caparrós, hablamos con el periodista Diego Rojas, autor del libro homónimo (Norma, 2011) y Argentuits, pasiones políticas en 140 caracteres (Planeta, 2012).

 ¿Qué escritores contemporáneos te interesan?

Leonardo Padura, que justo está acá en Buenos Aires. Vino para la Feria del Libro. Siempre me gustaron mucho sus novelas policiales. Es un cubano. Hace un policial negro en un Estado donde hubo una revolución, lo cual plantea algunas cosas interesantes porque es muy crítico y está muy bueno. De repente después escribió una novela que está muy bien sobre el asesinato de Trotsky. Se llama El hombre que amaba a los perros. Me interesa mucho Padura. Ahora saca a mediados de año una novela sobre Rembrandt. Por ejemplo me interesa un autor argentino que se llama Nicolás Mavrakis que es muy interesante en el sentido de pensar lo contemporáneo y eso me parece que también es una de las cosas necesarias de la literatura. Yo no sé si la literatura de Mavrakis va a permanecer dentro de 15 años pero me parece que es muy interesante leerlo ahora, porque tiene esta virtud de pensar y  mostrar lo que sucede hoy de un modo bastante eficaz. Después, si bien puedo disfrutar y entender la literatura más vanguardista, me interesan las maquinas narrativas que tienen un efecto potente y que por eso funcionan de ese modo, como maquinas de narrar. En ese sentido por ejemplo Piñeiro me gusta muchísimo. Estoy leyendo la última novela suya, Un comunista en calzoncillos, y creo que funciona muy bien y es muy linda, emotiva, intima. Leo muchísimo y ahora no me imagino bien eligiendo un top 5 de escritores. A ver, sé que a veces la literatura de Kohan no me… Entre las varias novelas de Kohan hay algunas que me parece que son geniales. Los cautivos o Museo de la revolución son grandes novelas que estarían dentro de estas selecciones literarias.

¿Y qué relación tienen con lo político?    

Todas tienen una relación con lo político. Desde Mavrakis cuya intención es pensar el mundo actual, de lo contemporáneo y eso ya produce apariciones políticas interesantes. Por ejemplo, él piensa mucho el mundo de la web, la cuestión de lo virtual y de los movimientos críticos que se dan ahí adentro. Yo presenté su libro de narraciones y tiene un cuento que se llama Hay que matar a Tinelli me parece. Y yo pensaba que era eso… Entre los varios textos que hablan sobre lo contemporáneo, ese libro funcionaba no solamente como un texto literario sino también como un manifiesto, porque planteaba un programa de acción ¿entendés? Un programa de acción, no político en cuanto a las necesidades políticas de acción masiva, pero sí en cuanto a la necesidad de intervenir en el mundo actual y ese me parece que es un problema político muy interesante. En Padura lo político funciona completamente, todo el tiempo. La novela sobre el asesinato de Trotsky es muy potente. Narra la vida de Ramón Mercader. Hizo un trabajo de investigación muy fuerte para poder narrarla y se plantea un cierto dilema: lo presenta como el producto de la tragedia de la historia. Un hombre reclutado como agente del stalinismo para llevar a cabo las peores hazañas en el mundo… Y que pareciera no tener un rasgo de voluntad en esos actos, como el asesinar a Trotsky. Sin embargo se plantea esto ¿Hasta qué punto alguien decide o no decide por su propia voluntad este hecho? Es una maquina entrenada por la KGB, pero también es un ser humano y todo ser humano tiene la posibilidad de decir no. Yo creo que la literatura es un espacio de la discusión política porque se concentran ciertos lugares que dan cuenta del mundo de un modo muy potente. La literatura es ese lugar donde se puede pensar al mundo sin las urgencias del mundo más cotidiano, pero que también permite pensar una actualidad muy cercana de este mundo que vivimos.

¿Qué influencias tenés al escribir?

Ahí tengo mi biblioteca. Creo que todo lo que se escribe, todo lo que se lee, deja algún tipo de huella, ya sea positiva o negativa.

Argentuits ¿En relación a qué género lo pensás?

Argentuits es un libro de intervención editorial. Yo laburo con la editorial Planeta. Por esto de pensar lo contemporáneo, me parecía una barbaridad  que no existiera un libro o reflejo editorial de Twitter, que me parece que es un fenómeno muy actual, muy masivo y muy influyente. Decidimos hacer algo de divulgación, mostrar cómo funciona Twitter en la política, en sus aspectos divertidos e interesantes. Porque Twitter lo que tiene además es un uso muy pronunciado de una mirada irónica, que permite que funcione también el humor en las intervenciones. ¿Qué es Argentuits? Es una intervención editorial sobre un fenómeno muy actual que tenía la intención de mostrar ese fenómeno para quien lo conociera y pudiera verse reflejado ahí y para quien no lo conociera y quisiera ver de qué se trataba esa red social. Simplemente es eso.

¿Y Quién mató a Mariano Ferreyra?

Intenta inscribirse desde el título en la genealogía walshiana. No por una cuestión de soberbia de decir “Ahhh Walsh”. En Operación Masacre él escribe “yo quiero que este libro actúe” y se trata de eso. De un libro de periodismo de investigación cuyas intenciones son esas, las de intervenir en la realidad. Creo que lo logró en tanto y en cuanto yo fui testigo en el caso e incluso el juez menciona una parte de la entrevista que yo le hice a Pedraza como parte de la prueba incriminatoria. Entonces el libro en ese sentido funcionó y en ese sentido creo que le gustaría inscribirse como parte de una genealogía de libros, de investigaciones que intentan incidir sobre la realidad a la vez que mostrar los aspectos oscuros que dan cuenta de la sociedad en la que vivimos.

Y si no lo hubieses escrito vos ¿Quién pensás que lo hubiera escrito?

No lo sé. Lo que sí estoy seguro es que si no lo hubiera escrito yo habría sido escrito con una óptica ideológica distinta. Es decir, yo se que había periodistas que se habían planteado en un momento “yo quiero escribir el libro sobre Mariano Ferreyra” y estoy convencido de que hubiese sido muy distinta la intervención. Este libro está escrito desde una mirada… Parado sobre un lugar político, ideológico, muy concreto. A mí me parece que es esto: yo me reivindico del trotskismo, soy trotskista. Lo cual es interesante porque deja muy poco espacio a pensar que uno deba tener otras fidelidades que no sean aquellas que responden a la verdad. ¿Me entendés? Si el objetivo del periodismo es correr aquellos velos de la realidad que el poder quisiera ocultar, el trotskismo como es tan revulsivo pero a la vez tan minoritario y que no responde a intereses más que los suyos propios que son los de la revolución y ese tipo de cuestiones, no deja lugar para que haya fidelidades que pudieran distorsionar ese intento de acercamiento a la verdad, que sí podrían haber ocurrido si lo hacia una persona de alma progresista.

¿Qué diferencias, si es que las hay, encontrás entre el periodismo cultural y el periodismo político?

Yo me dediqué mucho tiempo al periodismo cultural, que está buenísimo. El periodismo cultural en un sentido amplio, porque escribía también acerca de pensamiento político. Por ejemplo, hay un librito de Laclau donde cita una entrevista que yo le hice a Žižek, una polémica donde Laclau dispara tremendo obuses contra Žižek. Entonces también hay intervenciones políticas del periodismo cultural, claro que las hay. La cultura también tiene miradas sobre el mundo y de ahí se puede intervenir de manera política. Sin embargo, la incidencia sobre la realidad es muy diferente. Acabo de venir de Formosa, hice varias notas sobre el tema, sobre el lugar;  y el enojo que causaron esas notas en sectores del gobierno, de la militancia, de Insfrán, de sus acólitos oficiales es muy virulento. Esa nota les molestó muchísimo, que yo estuviera ahí les molestó muchísimo. Estuve viendo el tema de Formosa, la intervención de Insfrán para quebrar la organización política de los Qom y ese tipo de cuestiones. Ahí se percibe claramente la incidencia que puede tener el periodismo político de manera concreta, inmediata, a la incidencia política que puede tener el periodismo cultural. Incluso la incidencia cultural que puede tener el periodismo cultural siempre es a más largo plazo. Las diferencias entre uno y otro son muchas y creo que ambas posibilidades tienen sus propias potencias y sus propias virtudes pero hoy a mí me gusta muchísimo la posibilidad de esto. No pertenezco a ningún espacio concreto editorial, ni nada por el estilo. Tengo muchísima libertad y escribo sobre lo que se me canta, con el punto de vista que yo quiero imprimirle a lo escrito. Eso me parece que eso es un privilegio muy fuerte en el periodismo. Y a la vez me gusta mucho hacerme el detective, entonces el periodismo político te permite hacer eso.

¿Cómo te involucrás en la película sobre Mariano Ferreyra?

El libro tiene una estructura que puede ser trasladada de manera adecuada a la cuestión fílmica. Entonces [una amiga] me dice que unos productores venezolanos están interesados, que porque no tenemos una reunión. Era esto otra vez… depende quién hiciera la translación del libro a la película podía tener resultados muy diferentes. Entonces les propuse a la gente del Ojo Obrero que son cineastas, documentalistas, ligados al Partido Obrero “mirá, tengo esto, pero me parece que no podría dejar de decirles a ustedes que si iban a hacer algo, charlemosló y veamos que se puede desarrollar”. Y ellos me dijeron que también habían pensado que el libro tenía una estructura cinematográfica y que lo lleváramos adelante. Entonces preferí esa opción. Estuvimos pensando varias estructural guionales para hacer un documental. Pero en cierto momento tuvieron una idea muy buena los directores que dijeron “bueno, no, hagamos una ficción” y ahí incorporaron un amigo suyo que incorporó la historia de un periodista que investiga el caso. Y creo que fue un acierto. El libro tiene una crónica  sobre que pasó el 20 de Octubre cuando mataron a Ferreyra. Y la peli muestra que pasó ese día, lo reconstruye. Tiene una calidad cinematográfica muy buena e inesperada para mis expectativas. Me daba muchísimo temor lo que podía resultar con esta película. El caso Ferreyra es un caso histórico. Incluso los resultados de este juicio. Es un caso que va a marcar algo en la historia de este país porque es la primera vez que se condena a los autores intelectuales de un crimen político. En ese marco de ser un hecho histórico, cuando dentro de 20 años se quiera ver qué pasó con el caso Ferreyra, yo creo que se va a remitir a la película o al libro. Entonces me parece que es interesante como quedan estos documentos para el futuro y creo que la película, en ese sentido, también va a cumplir el rol de explicar claramente, amablemente, de que se trato este caso, este crimen político.

¿Cuánto de lo que en la película le acontece al personaje de Caparrós [quien interpreta al periodista] te sucedió a vos?

Yo laburé en una revista oficialista, en la revista Veintitrés. Desde chico soy trotskista y nunca dejé de serlo. Yo no milito desde el 2004 pero nunca dejé de estar en contacto con la política y las agrupaciones trotskistas. Pero en el 2008 por ejemplo yo le propuse a la gente del PO, en un debate por escrito, que había que darle un apoyo crítico a la ley de medios. Fue un debate virulento. Me hicieron pelota. Textos que iban y textos que volvían y me derrotaron absolutamente. Pero quiero decir, uno decía “esto no me parece tan mal”. Con la cuestión del campo yo decía que no apoyaba al gobierno pero porque me parecían unos blanditos. Yo consideraba que había que expropiar cada sede de la Sociedad Rural y sacar de la ruta a esos sojeros horribles. Entonces estos son unos pelotudos, finalmente no están haciendo lo que tienen que hacer. Y de hecho no hicieron lo que tenían que hacer y perdieron. Pero esto da cuenta que en cierto momento hubo un acercamiento, si se quiere decir de este modo, a lo que estaba pasando en la vida política más general. Luego esto por suerte se diluyó y luego de lo de Ferreyra no solamente se diluyó sino que me provocó un enojo grandísimo con lo que sucedía, por lo menos en los medios kirchneristas que trataron el caso del peor modo. Yo estaba muy enojado con el lugar en el que debía trabajar. Es más, la investigación no se la conté a nadie. La hacía yo y era muy divertido porque iba a laburar a la tarde, de noche escribía, a la mañana investigaba, pero había días en los que directamente casi no dormía. Entonces surgió que finalmente ya se sabía que estaba escribiendo el libro sobre Ferreyra y que le había hecho la entrevista a Pedraza, la única que otorgó a un periodista, y ahí Spolski decidió que no se iba a publicar nada en sus medios, una porquería. Entonces yo dije bueno, me tomo todas las vacaciones que tengo, todos los francos que tengo acumulados  y me voy un rato de esta redacción a ver qué es lo que sucede. Fueron como dos meses que tenía acumulados. Yo era redactor en jefe de la parte de Cultura y Sociedad. Al volver me llama el secretario de redacción de la revista Me dice “bueno, a partir de ahora vos vas a escribir en la sección de vidriera” que es la sección de las fotos de los eventos de los famosos. Yo tenía que poner los epígrafes. Igual los escribía con onda. Yo creo que fueron grandes epígrafes. Pero sí, esto es lo que en la película le pasa al periodista, con esta variación: no fue por una investigación que estaba realizando sino por todo lo posterior que esta investigación produjo en todo caso.

¿Y creés que alguien de esa generación, que ya vivió la década del setenta, podría haber llevado a cabo la investigación que vos hiciste?

Claro. Me parece que se trata justamente del lugar ideológico en que uno se pare. Lo que más detesto en el universo son los setentistas. Gente decadente que vive anclada en el pasado y en una derrota. Y a partir de esa derrota hoy se conforma con migajas a las que llena de una pátina progresista que me parece que derrumba toda expectativa política, moral, intelectual. Dicho esto, creo que hay gente de esa generación que no son setentistas. Entonces creo que se trata de la claridad ideológica que uno pueda tener para poder mirar la realidad.

¿Y qué pensás del lugar que el caso Ferreyra tuvo en internet?

Todo pasa por internet, todo acontecimiento pasa por la web. Creo que es una de las extensiones de lo contemporáneo. Así que si algo no pasa por internet es que no está sucediendo en la realidad.

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