Zombies argentinos

Entrevista a Walter Lezcano, por @leticiamartin

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El viernes 3 de mayo, Leonardo Oyola y Hernán Vanoli presentaron la colección George Romero, publicada por la Editorial Mancha de Aceite en un bar del barrio de Almagro. La misma reúne cuatro títulos de nuevos narradores y poetas: Crónicas zombis de Juan José Burzi, Vacaciones de Cecilia Díaz, Zombi de Lucio Greco, y Mi Novia de Luis Orani. Revista Tónica estuvo presente en el evento y entrevistó al responsable de la editorial.

¿Por qué Mancha de Aceite elegir salir con una colección de temática zombie?

Me parece que es una temática que conjuga muchos elementos. Para mí el zombie es un género bastante delimitado y a la vez bastante profundo.Por un lado desde el género es una literatura llena de morbo, acción, vértigo, terror, quiero decir, la cuestión genérica puede llegar a tener un montón de matices y las escenas pueden presentar dramas humanos, historias de amor, de soledad, historias donde se puede llegar a mostrar un gran caudal de emociones. Entonces me parece que, a diferencia del terror que es más direccionado, el género zombie, detrás de su apariencia sana y superficial, permite que a partir de un montón de resquicios uno pueda leer -en la profundidad del género- cómo se filtran cantidades de emociones que son vitales para la literatura.

¿Y cuáles son las historias que a vos, como editor, te interesan?

Me interesan las historia donde emerge la relación familiar, el amor, el miedo que es muy humano y que es vital para estas historias.

¿En qué sentido marcarías una diferencia entre el miedo y el terror?

El miedo es uno de los sentimientos más primarios de las personas, en cambio el terror es un producto de la industria, ya sea la periodística, la discográfica, la cinematográfica. Ahí establezco la diferencia. El miedo representa la fibra más propia de lo humano  -una sensación primal- mientras que el terror se ocupa de lo exterior, está más cerca de ser un “producto social”.

¿Cuál fue el criterio de selección de los autores que estás publicando hoy?¿Cómo hiciste el recorte para traer a estos y no a otros a la editorial?

Elegimos textos de autores que abordan temáticas zombies desde distintos lentes. El recorte fue muy consciente  como siempre en la editorial, y tubo que ver con mostrar la diversidad de miradas sobre un mismo tema. Me parece que lo que enriquece es siempre lo nuevo, y para la temática zombie, que a esta altura del 2013 ya es una temática vieja, la novedad está en los enfoques. Entonces dijimos: ¿qué podemos aportar desde Mancha de aceite a eso que ya es viejo? ¿Cómo podemos releer ese género? ¿Qué podemos aportar? Y ahí surgió la idea; publiquemos una colección que de el espacio a varios autores que vean la misma cuestión de una manera diferente.

¿Y cuáles serían esos enfoques?

Por un lado tenemos a Lucio Greco que hace poesía -si querés “política”- con zombies.; tenemos a Orani que reversiona una película de cine zombie, Cecilia Días escribe un cuento hecho y derecho donde lo que realmente sucede es una historia de amor, en su caso el zombie es algo que se desprende de las formas que puede revertir el amor, que se puede llegar a convertir en algo caníbal, de forma directa como metafórica. Por último tenemos a Juan José Bursi que trata de reversionar la biblia retomando el género de la crónica como posibilidad de abordar la realidad más cruda, más carnívora. Entonces ahí es donde nuestra editorial toca una tecla innovadora, que es lo que yo estoy notando que falta en cierto circuito literario.

¿Cuál? ¿A qué circuito te referís?

Cualquiera, porque todos nos movemos en el mismo gran circuito de lectores. Quiero decir, la gente que está acá en algún momento fue a la Feria del Libro y es la misma gente que lee textos o tiene conocimiento de lo que hacen las editoriales artesanales. Un día están acá, comprando un libro de una editorial artesanal como Campotraviesa, y después te los encontrás en una librería de Palermo comprando un texto de Mondadori.  Entonces, me parece que no se trata de que el mercado sea chico o sea grande sino de que en verdad somos pocos los lectores reales. Me parece que la palabra mercado está mal usada y que hay que hablar de lectores. Como dijo los otros días Gabriela Cabezón Cámara, si nos ponemos a contar realmente nos conocemos entre todos y podemos llegar a poner un número exacto de la cantidad de lectores que existen. En el 2013 éramos 12000 lectores, ponele, y hasta podemos decir cuántos somos en Capital, cuántos en el conurbanos, y cuántos por fuera de la provincia.

¿Pero creés que hay más lectores ahora que en los 90`s?

No, no me parece. Creo que el tiempo hace que ciertas movidas parezcan más grandes de lo que realmente son. Supongo que en los noventas había la misma cantidad de lectores que hay ahora, pero el paso del tiempo hizo que por ahí se arme un determinado mito de lo que fue ese movimiento artístico. Eso es muy humano también. Se habla de experiencias no vividas como si uno hubiera estado ahí. Pasa siempre. Me parece que el día de mañana la gente que nunca vino a las presentaciones de Funesiana, de Clase Turista, de Mancha de Aceite, o de Nudista, por decir algunas editoriales, va a tender a replicar o a mitologizar lo que pasaba ahí. Porque funciona el boca en boca pero también las personas que formaron parte de determinados movimiento tienden a agrandar, a acrecentar esa representación cuando la transmiten a otros. Una de las reglas para llamar la atención es agrandar las cosas. Si nos ponemos a pensar en los años noventa ¿qué había? ¿quince o veinte poetas medio en pedo, drogados, encerrados en una habitación? De golpe, lo que tenemos después, con el paso de los años, es todo un movimiento que influyó en las generaciones posteriores. Es verdad, hoy todos queremos ser Casas, Durand, todos queremos ser Desiderio, Villas, todos queremos eso. A lo que voy es: ¿lo que sucedió en el momento fue realmente explosivo o sólo nos llegan las ondas expansivas?

¿Te das cuenta que te estás poniendo en el lugar del pibe que lleva adelante una movida que va a marcar generaciones?

No. Para nada. Además uno nunca sabe qué puede pasar con lo que está haciendo; y no es importante tampoco.  Lo que yo tengo claro, lo que pienso, o el lugar donde trato de ponerme, es en el que debería ponerse cualquier persona que labura en el campo literario. Uno sabe que está trabajando a largo plazo. Lo fue para Aristóteles, para Miguel de Cervantes Saavedra, para Osvaldo Lamborghini, para Daniel Durand, para mí, para un chico de 2026. La literatura no le importa a nadie, pero le cambia la vida a todo el mundo. Uno sabe como lector que está repercutiendo siempre en algún corazón, que está laburando para que le pase al otro lo mismo que le pasó a uno cuando leía. Uno busca replicar todo el tiempo eso. Yo transito eso a mis alumnos, a Patri [socia de la editorial] a vos, cuando hablamos, siempre lo digo. Es más, en el último twitt que tiré  recomendé a Juan José Burzi, te lo recomendé a vos ¿entendés? Es nuestra vida, lo que hacemos no un plan para la posteridad. Es parte del flujo de vida que estamos haciendo circular. Yo no pienso en otra cosa.

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