La lectura externa

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Por Mariano Bello

Juan Ramírez Biedermann lleva publicados ya tres libros. El primero fue Nobis, un libro de cuentos editado en 2007 por el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes del Paraguay (FONDEC). Las novelas que le siguen, El fondo de nadie (2010) y Plegaria de penumbras (2011), se publicaron en Perú bajo el sello Altazor. El dato no es casual, es sintomático tanto de la situación editorial en el Paraguay como de la voluntad de sus jóvenes escritores de ser leídos en otros países.

¿Cómo fue que tomaste contacto con la editorial Altazor?

En Nobis hay un cuento, el primero, que se llama “Los pasares”. Yo tuve la invitación de un escritor y editor peruano que vive en Estados Unidos que se llama Salvador Raggio. Él me había dicho que iba a editar una antología que se llamó Asamblea portátil, en donde casi la totalidad de los escritores son menores a cuarenta años, de Argentina estuvo Samanta Schweblin. Entonces en Asamblea portátil apareció “Los pasares” y el editor de Altazor me preguntó si tenía una novela terminada porque él quería publicar una colección de novelas latinoamericanas y conocía poco y nada de Paraguay. Yo tenía un montón de material escrito y le envié El fondo de nadie y le gustó y aceptó.  A partir de ahí se inicia una relación buenísima y completamente fuera de lo común con Altazor porque la editorial tiene ideas innovadoras y mucha creatividad. Por ejemplo, con esa colección en la que está El fondo de nadie él resolvió hacer una gira por diez ciudades del Perú con escritores de distintos países. Me fui yo, se fue de acá de Argentina Oliverio Coelho, fue de Cuba José Enrique Lage, fue gente de Chile, de Uruguay, y estuvimos recorriendo durante casi un mes Perú, diez ciudades, hicimos de punta a punta, casi seis mil kilómetros. Y ahí nos conocimos, hicimos buena relación. Después me preguntó “¿vos tenés más cosas?” y bueno, yo tenía bien avanzada Plegaria, se la envié al año siguiente y la publicó en octubre del 2011.

Tuviste un mayor alcance.

Principalmente en Lima que es un mercado grande, Perú es un mercado grande. Es un mercado exigente, tiene una feria importante, tiene mucho peso literario, sobre todo del Pacífico para arriba. Nosotros hacia el sur no tenemos tanto contacto con ellos, pero Perú está muy involucrado con Colombia, muy involucrado con México, y me dio otra perspectiva. Al punto que el año pasado, gracias a ese libro, Altazor organizó una gira por Europa y estuvimos en la feria de Frankfurt, estuvimos en París, en Madrid. Fuimos un escritor de Altazor que se llama Carlos Rengifo, peruano, y yo, y nos acompañó Willy del Pozo que es el editor. Tuve suerte porque me encontré con una editorial bien dinámica, que está apostando por los artistas.

¿Cómo ves la situación de la edición de libros en Paraguay?

 En Paraguay la situación es dificilísima. Las posibilidades de edición son casi nulas. Casi todas las ediciones son ediciones de autor y las editoriales lo que hacen es publicarlas bajo su sello, pero no hay un trabajo de gestión editorial en el sentido de seleccionar con un criterio estético y también comercial, qué autores publicar y qué no, ¿verdad? Paraguay tiene muchísimos problemas de edición y mayores problemas de distribución. Lo que se publica en el Paraguay no tiene canales de distribución, no hay posibilidades de insertar en algún tipo de flujo de libros lo que se está publicando.

¿Eso es hacia afuera de Paraguay o hacia adentro la distribución también es complicada?

También es complicada. Las editoriales son de Asunción y los libros se venden en las librerías de las editoriales. Tienen una distribución mínima, es muy complicado el tema. Quizás inclusive no llegan a las otras ciudades más importantes fuera de Asunción, las editoriales se centran en Asunción, y la gente que publica de otras ciudades tiene que llevar su libro a Asunción. Hay eventos en otras ciudades como Encarnación o Ciudad del Este pero en general todo pasa por Asunción. Y las ediciones son ediciones de autor, salvo contados ejemplos de escritores de vasta trayectoria.

¿Cómo resuelven entonces, en este contexto, la difusión de su obra los escritores no consagrados?

Para los escritores nuevos resulta más difícil. Lo que se están haciendo son algunos esfuerzos conjuntos de organizar eventos en los que participan varios escritores y se convocan a universidades o centros de estudiantes y de esa manera se va creando un circuito, ¿verdad? Pero sigue siendo autogestión, no hay una promoción estatal de la Secretaría de Cultura ni de las editoriales, siempre pasa por la autogestión. Lo que sí hay ahora, creo yo que a diferencia de años anteriores, es una conciencia y una voluntad de salir de Paraguay, de que tu obra salga de Paraguay. A diferencia de otras generaciones hay una conciencia de que tenemos que ser leídos afuera. Entonces hay algunos esfuerzos de escritores que estamos tratando de participar de la mayor cantidad de conferencias, congresos, ferias del libro, saliendo. Hay un esfuerzo orientado a difundir nuestro trabajo.

Entre los escritores paraguayos que están haciendo cosas interesantes Biedermann destaca a Verónica Rojas Scheffer, Rolando Duarte Mussi, José Pérez Reyes y Mónica Bustos, miembros de una generación que escribe respetando el castellano paraguayo, su tono coloquial y su estética formal, pero con la intención de escribir para que los lea el mundo y no para los amigos y conocidos. Este tono coloquial lo encontramos también en los libros de Biedermann y establece con el rioplatense mucha más cercanía que distancia. Sus tres libros tienen como escenario el barrio asunceno de Las Mercedes, pero sobre ese fondo se recortan tramas y personajes diversos. A las miserias cotidianas de Nobis y el cruce de la corrupción y el drama amoroso de El fondo de nadie le siguen, en Plegaria de penumbras, el trasfondo gótico religioso del presente y las reminiscencias a la guerra del Paraguay como cifra del mal.

En tus libros aparece un tipo de narración que es muy descriptiva, minimalista, con una progresión lenta de lo narrativo, con mucho trasfondo.

Yo nací y me crié en el barrio de Las Mercedes que es donde transcurre toda mi obra. El pilar fundamental de la literatura es el verosímil. Yo escribo desde el Paraguay que yo vivo, hay un Paraguay rural también pero yo vivo el Paraguay de Asunción, el de determinada parte de Asunción, que es como un órgano del Paraguay total. Entonces había tomado ciertas decisiones cuando estaba escribiendo Nobis. Yo sabía que Nobis era el punto de partida de muchos libros. Entonces si uno al leer Plegaria quiere saber más sobre el lugar, agarra Nobis que es como una información de lo que está en Plegaria, se desarrolla más el lugar, las costumbres, la arquitectura, la comida, la gente. Incluso siendo un barrio de clase media y uno de los más tradicionales de allá, un barrio que tiene sus costumbres, un barrio tranquilo con muchos jubilados. Se está convirtiendo en algo como lo que es acá Palermo, aunque Palermo es más movido, ¿verdad? Entonces era la manera de desplegar un contexto en el que sucediesen todas las historias. Justamente por eso lo del primer cuento de Nobis, del tipo que se sienta en la vereda. Es una tradición asuncena, sentarte en tu vereda y mirar la calle.

 En Nobis y El fondo de nadie está la percepción de una decadencia, de la caída como un destino más que posible, la precariedad del momento que se vive y la cercanía de ese futuro no muy alentador.

Nobis está contado en un momento clave de la historia de Paraguay, que coincide con mi adolescencia. Porque la dictadura que tuvo el Paraguay duró treinta y cinco años y termina a finales de los 80’s. Y a mí me toca vivir la adolescencia, ese despertar que tiene uno, a comienzos de los 90’s, en los primeros años post dictadura. Y todo el libro trata de eso, de esa confrontación que nosotros teníamos con esa gente que vivió esa dictadura que nosotros no vivimos. Ellos te contaban una cosa pero vos ya estabas viviendo otra. Cuando cayó la dictadura el Paraguay pasó de ser un país ultraconservador a tener unos cinco o diez años de casi libertinaje. Al encontrar una apertura se fue al otro extremo y es un poquito esa confrontación lo que está ahí. 

¿Cómo funciona para vos el barrio de Las Mercedes dentro de tu obra?

Las Mercedes lo que hace, yo creo, es dejar un testimonio de un pedazo del Paraguay, de la gente que está viviendo ahí que probablemente sea la clase media del Paraguay. Es una clase media que hoy en día funciona como un puente entre los niveles de pobreza que están creciendo y las cúpulas de poder que hoy están imperando ya sea a través de la clase política como de la económica. Esta clase media está resistiendo para que la más baja siga teniendo oportunidades y la más alta no esté dictando los principios.

Además de escritor (y abogado), Biedermann es músico. Integra Sabaoth, banda paraguaya pionera del black metal en Sudamérica formada en la década del ’90. Les Illuminations, su último álbum, se constituye seguramente para Biedermann en un nexo entre música y literatura, al inspirarse las canciones que lo componen en la obra de los simbolistas franceses.

 ¿Cómo surgió Sabaoth?

A Sabaoth la fundamos con un amigo cuando teníamos como quince años y fue siempre para mí una actividad bien intensa porque nosotros tuvimos una particularidad. En los 90’s, no sé si se dio acá, hubo un fenómeno que se llamó tape trading, cuando no existía internet, el material que vos tenías de Latinoamérica o de tu país lo enviabas a Europa, intercambiabas discos o grabaciones con ellos. Entonces nosotros empezamos a intercambiar material, era por correo. Ibas al correo, enviabas la carta y tenías que esperar un mes para que te vuelva, ¿verdad? Entonces nosotros intercambiamos cartas y pegamos buena relación con una escena underground que era la de Noruega. Eran gente de nuestra misma edad. Un día nos dijeron “nosotros estamos armando también bandas, estamos arrancando con un género, escúchenlo a ver qué les parece” y nosotros recibimos los demos y nos gustó. Les dijimos “nos gustó, vamos a hacer algo similar” y tiempo después ellos denominaron al género “Black Metal”.

Participaron del nacimiento del género.

Esa misma gente que se escribía con nosotros por carta después formó los grupos que se hicieron mundialmente conocidos del género. Estuvieron en ese movimiento de la quema de iglesias. Hay un documental que se hizo hace poco. Esto pasó del 91’ al 93’, ellos tenían una idea de anticristianismo pero basado en odinismo, en recuperar sus creencias centrales, que fueron erradicadas por el cristianismo. Nosotros estábamos musicalmente en medio de eso y nos fue bastante bien, prácticamente fuimos los pioneros en Latinoamérica. Tocamos mucho, vinimos muchas veces a tocar acá. El sello que nos publicó los discos es de acá, se llama Icarus. Nos fue muy bien. Dentro de las posibilidades que te da el underground y el género nos internacionalizamos bastante bien. Tuvimos mucha distribución en Europa, en Estados Unidos. Eso fue un ejemplo para mí de que bueno, con los libros tenía que hacer lo mismo, tratar de salir, porque es la manera en que uno se agranda, ¿verdad?

Tratar de obtener una repercusión similar a la de los discos.

Nuestros discos tuvieron mucha distribución. Yo estoy escribiendo una ficción sobre el tema este de Noruega, tengo todas las cartas de aquella época. Antes de las cosas que iban a pasar yo estaba al tanto, porque ellos nos iban contando, yo vivía a la distancia lo que iba pasando. Escribí un libro sobre eso y el año pasado, aprovechando que fui a Europa me fui a Noruega quince días, aprovechando para visitar todos los lugares, tomando notas, documentación. Y la sorpresa con que me encontré, que para mí es una satisfacción personal, es que tan famoso es el Black Metal en Noruega que se formó un museo, el Noseblod en Oslo. En el museo hay piezas, fotos, una discografía del Black Metal y un disco de Sabaoth estaba ahí, a quince mil kilómetros de mi país me topé con un disco de Sabaoth.

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