Periodismo y rosca

Por Mariano Zamorano// @zamoranoconz

 

 

Timerman. El periodista que quiso ser parte del poder, de Graciela Mochkofsky.

Espejo de la Argentina. Editorial Planeta , 2013. 503 páginas. $139.

 

A diez años de su aparición, si de algo sirve la reedición de Timerman. El periodista que quiso ser parte del poder es para confirmar al libro de Mochkofsky como la mejor biografía realizada en los últimos años sobre dueños/directores/CEO’s de medios gráficos, diferenciándose por calidad de fuentes y narración de aquellas en donde predominó la investigación (La Noble Ernestina, de Pablo Llonto, El enigma Perrotta, de María Seoane), de las biografías autorizadas (El hombre de Clarín, de José Ignacio López, y Guerra sucia, secretos sucios, de David Cox) y de las autobiografías (La culpa la tuve yo, de Héctor Ricardo García).

El título es el primer acierto y adelanta los anhelos de poder de Jacobo Timerman a partir de una precoz interpretación del periodismo como el arte de la rosca –entendiéndola como pactar, asociarse y pertenecer según conveniencia-.  Un Timerman que comenzó su carrera en ese periodismo cuando su jefe de France Press le presentó al diputado radical Arturo Frondizi  y desde ahí no paró de operar. Se reunió con los colorados del Ejército y, al ser considerado ruso, judío y sucio, se volvió incondicional a los azules. Socio de David Graiver en La Opinión, diario que tuvo al cura Carlos Mugica como columnista, apoyó el golpe a Isabel y el gobierno de facto de Videla; luego se atrevió a publicar habeas corpus, fue secuestrado y se declaró “sionista y anticomunista” bajo torturas de Ramón Camps. Tras dos años y medio de prisión, se exilió a Israel por presión internacional a la dictadura, escribió Preso sin nombre, celda sin número y se convirtió en símbolo de los derechos humanos y de la democracia, regresando al país y relatando su experiencia ante la CONADEP.

Director de Primera Plana, Confirmado y La Opinión Timerman intentó modernizar una prensa que consideró mediocre y atrasada, fue millonario a los 63 años, cuando el Estado indemnizó a la familia Graiver, y se exilió en Punta del Este tras un fallo de la Corte por injurias contra Carlos Menem. En la era del #findelperiodismo, Timerman es la biografía de uno de los barones del siglo XX de una prensa que nunca volverá a ser. “Estoy convencida de que el modelo de relación entre la prensa y el poder que está en su base y aquí se retrata en su germen ha entrado en colapso, en la Argentina y en el mundo, y está destinado a morir”, escribe Mochkofsky en el prólogo de la nueva edición.

Si el interés de la vida de Timerman se basa en sus años en el periodismo y el poder, otro de los aciertos es no ahondar en la primera infancia y la depresión de la vejez. Todas las contradicciones generadas quedan a la luz en la escena final cuando en el homenaje a un año de su muerte realizado en 2000, se reeditó Preso sin nombre, celda sin número con la presentación de Mariano Grondona, el abogado Luis Moreno Ocampo, Martín Granovsky y la actriz Cipe Lincovsky, ante los intentos de un público progresista de equiparar la figura de Timerman a la de un héroe defensor de los derechos humanos.//RT8

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s