El sendero de Tao

¿Quién de nosotros escribirá la web?

Por Martín Felipe Castagnet // martinfelipecastagnet@gmail.com

tao lin 2

Una reseña negativa suele señalar lo peor de las novedades del mercado, pero también aquello que se anima a ser diferente. Es el caso de Tao Lin, cuyos libros sobre la juventud moderna han recibido críticas tan destructivas como extraordinarias. Mientras Estados Unidos espera la publicación de su novela Taipei, a la que ya apresuran en llamar su ópera magna, dos editoriales han vuelto posible empezar a leer en castellano la abundante obra de este neoyorquino de 29 años. La primera fue la española Alpha Decay; la segunda fue Dakota Editora, una recién fundada editorial argentina que eligió el primer ebook de cuentos de Lin para abrir su catálogo: hoy el cielo está azul y blanco con manchas azul brillante y una luna pálida y pequeña y voy a destruir nuestra relación hoy.

 

Generación i

Hijo de padres taiwaneses, Tao Lin es el resultado de la multiculturalidad de los Estados Unidos, donde los escritores de origen asiático están empezando a conformar una tradición propia, como ya lo hicieron antes la anglosajona, la afroamericana y la chicana. Procedente de los talleres de literatura de la Universidad de Nueva York, su primera colección de cuentos fue ofrecida a decenas de editores, pero a ninguno le pareció atractivo el estilo de Lin, desprovisto de adjetivos o metáforas. Sí al editor de Melville House, quien descubrió el blog de Lin, un espacio activo tanto de creación y de promoción, y le envió un mail para contactarlo.

Desde entonces no es posible mencionar la obra de Tao Lin sin mencionar internet. Él mismo ha dicho que cuando mira una montaña no tiene ni un décimo del entusiasmo que siente cuando chequea su mail. ¿Significa que las supercomputadoras son ubicuas en sus libros? Para nada. Así como Borges señalaba la ausencia de camellos en el Corán, en las novelas de Lin no hay distinción entre conversaciones que tienen lugar por mail, chat, teléfono o a la cara. Sí se reproduce la dinámica de las redes digitales, y no sólo mediante la mera inclusión de los aparatos que las soportan; las diferencias entre los distintos medios son sutiles y permiten centrarse en lo que realmente comunican sus usuarios.

Primer ejemplo: el eje central de su primera nouvelle, Robar en American Apparel, se basa en las experiencias del propio Lin, quien hurtaba de forma sistemática pilas y cuadernos Moleskine para después venderlos por eBay, con ganancias de diez mil dólares al año. El hurto no se construye como la manía de un cleptómano sino como el vandalismo resignado de una generación que no encuentra donde concentrar sus expectativas. Cuando le preguntaron a Lin cómo reaccionaría si fueran sus libros los objetos hurtados, respondió que le parecería bien, si eso colaborara a la lectura de sus libros.

Segundo ejemplo: los protagonistas de Richard Yates, su segunda novela publicada por Alpha Decay, son un escritor de veintidós y una chica bulímica de dieciséis que establecen una relación vía chat. El encuentro personal es traumático, pero en adelante intercalan la convivencia con la comunicación virtual. De vez en cuando expresan las ganas que tienen de morir, pero lo que parecería depresivo se transforma en una canalización transparente de su necesidad de estar bien y del crecimiento personal que sufren, como individuos pero también como pareja. Al igual que el protagonista de Robar en American Apparel, ellos también son veganos y roban a las grandes corporaciones. Además de comida orgánica, hurtan una novela del escritor Richard Yates. El título del libro es parte del non sequitur que gobierna la estructura de la novela, pero también la vida de los personajes.

Claro que, con los años, Lin dejó de vender pilas de contrabando para dedicarse a la especulación editorial. “Voy a trabajar mejor si no tengo obligaciones”, se dijo Lin, y ofreció a la venta porcentajes de las regalías de Richard Yates. La movida repercutió en los grandes diarios y, una semana después, había recaudado lo suficiente como para renunciar a su trabajo en un restaurant y mantenerse por tres o cuatro meses, cuando un acuerdo editorial tradicional le hubiera permitido un único mes. “Soy confiable”, había posteado, “miren mi rating en eBay”.

 

Un estilo propio

Auriculares, energizantes y delfines suicidas conviven dentro del aislamiento minimalista de los personajes, hasta conformar un estilo absurdo, dolorosamente realista y, sobre todo, reconocible. Miranda July, un emblema del indie desde su película Me and you and everyone we know, expresó que “Tao Lin escribe desde ciertos ánimos que otros autores menos radicales dejarían pasar: la vagancia, la vacuidad y el aburrimiento. Resulta que su relato desde esas atmósferas es conmovedor y necesario, para no decir frecuentemente hilarante”.

El contenido y forma de Lin se hace sentir, y junto a otros autores conforma lo que se ha dado en llamar la alt lit, una corriente que explota todos los recursos de la web y las posibilidades fructíferas del autobombo digital. En el 2008, luego de sus primeras publicaciones, fundó Muumuu House, donde se editan libros con títulos que parecen provenir de sus poemas: algunas veces mi corazón empuja mis costillas, durante mi ataque de nervios quiero tener a mi biógrafo presente, antología de entradas inéditas del blog un empleado mexicano de panda express; éste último, escrito por Megan Boyle, fue publicado por Dakota Editora en tándem con el libro de Lin. Los discípulos del Tao se multiplican y, por supuesto, internet ayuda a esparcir las semillas.//RT8

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