Hay que dejar de escribir sobre Evita al menos por dos años

Por Mariano Zamorano // @zamoranoconz

La furia de Evita, de Marcos Aguinis
Editorial Sudamericana, 2013. 352 páginas. $139

 

Cuando finaliza la lectura de las casi 400 páginas de La furia de Evita la primera pregunta que surge es hasta cuándo habrá lugar en el mercado editorial para novelas y biografías de personajes del peronismo.  Envuelto en un círculo que parece no tener fin, todos los meses figura como novedad algún libro que promete develar “el secreto mejor guardado” de una vida que, en el caso de la propuesta del último libro de Marcos Aguinis, terminó hace más de 60 años.

El “desafío literario más riesgoso” de la carrera de Aguinis se encuentra en construir un relato utilizando la primera persona de una Evita post-mortem  que, desde algún lugar del más allá, observa en el peronismo la semilla de todos los males del país: “Argentina era una mina inagotable de riqueza. Así lo creía la mayoría del país y por eso la destruimos hasta bajarla al nivel de pobreza que ahora tiene”. El recurso de la primera persona cobra fuerza con la confesión del  fascismo de “Juan”,  la afirmación sobre su llegada como actriz a Buenos Aires (“en ese período me revolqué con muchos”), o el arrepentimiento por el “Estado paralelo” formado con la creación de la Fundación Eva Perón. Sin embargo, la originalidad queda trunca cuando la voz propuesta desde la narración no logra consolidarse y se genera un triple lenguaje que fluctúa  entre la Evita grasa-pobre, la Evita grasa-presidenta y el inconsciente del propio Aguinis-editorialista.

La mayor sorpresa figura en la inclusión de una violación sufrida a los 14 años por dos hijos de la oligarquía: “Uno de sus dedos empezó a frotarme la concha y súbitamente me penetró el caño de una escopeta. Sus municiones eran un líquido blancuzco que me embadurnó por dentro y por fuera”, describe la Evita de Aguinis. Por otra parte, luego de la noche en la que conoció a Perón cuenta que fue a su departamento “pero no se le produjo la erección”.

Promocionada por el propio Aguinis como una “novela histórica”, La furia de Evita no va más allá de un compendio básico y lleno de lugares comunes harto conocidos (origen pobre, encuentro con Perón, 17 de octubre, el cáncer y la renuncia a la vicepresidencia). Si Aguinis hubiera escrito este libro en 1955, podría habérselo considerado un escritor referente en la construcción del mito negro peronista,  pero lo hizo en 2013, dando lugar desde un principio a un libro caduco. “Necesito compartir una montaña de dulces y de basura”, anuncia Evita en el primer párrafo del libro. Quedan pendientes los dulces.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s