Sadomayo

Sadomayo

Hace un mes, Ana, la amiga de mi novia, nos invitó a un evento sadomasoquista. Nos dijo que a ella le picó el bichito después de leer Cincuenta sombras de Grey. “Arrancamos hace ya casi un año y ahora ya es un estilo de vida para nosotros”, nos dice Ana mientras Noel, el marido, le da un pequeña nalgada en la cocina de su casa.

“Sadomayo. Te invitamos a pasar una noche caliente a puro fetiche”, decía la parte de atrás de la invitación. Lugar: Deviant Club. Hipólito Irigoyen y Saavedra, pleno Congreso. Sofi tardó un par de horas en vestirse; esta vez estuve más comprensivo. Cuando llegamos nos pidieron la contraseña. La entrada costaba 80 pesos y no se podía tomar más de dos consumisiones “porque la sensibilidad a los golpes puede empezar a fallar”. No se quería sangre, desmayos o muerte por asfixia. Nos dieron una credencial con nuestros nicknames y entramos.

Ni bien entramos vimos a Ana y Noel con toda su banda. Ella estaba bondage, acordonada y con las tetas al aire. Él estaba como yo, de pantalón y remera negra. Había un símil Juan Luis Guerra con una gordísima, un flacucho con colmillos postizos acompañado de otro tanquecito, un solitario con una bandana de los Guns, más gordas. Eso era el primer piso, un bar cualquiera con banquetas, sillones negros y piso de losa.

Abajo se sesionaba. En el guardarropa dejamos abrigos, cartera, nos liberamos las manos como quien se dispone a absorber algo con todos sus sentidos, en plenitud. Primero hice un paneo. Era un cuarto de apenas 50 metros cuadrados, techos bajos y dicroicas dispersas. Lo primero que vi fue una mina acostada boca arriba usando la fuck-machine y una mina haciendo un pete en vivo. Curiosamente, a mi lado había gente flaca que hacía cola para las cruces de San Andrés. En la Cruz de San Andrés, los sumisos son atados de pies y manos, y los dominantes hacen lo suyo. Me quedé mirando como una morochita azotaba fiero a un petiso que estaba de espaldas. Cuando se dio vuelta el petiso vi lo que se conoce como micro-pene. “¡Y eso que está parada!”, gritó uno y varios se rieron. El clima era amistoso, me sentí un poco decepcionado.

Luego vimos como Noel la azotaba a Ana con un flogger. El flogger necesita cierta práctica, es como una pequeña escoba con unas cintas de cuero en las terminaciones. Los amigos de Ana y Noel nos contaban cosas, nos explicaban, nos dieron mucha información. Nosotros queríamos ver si todo esto nos provocaba algo. Noel le pegaba a Ana, ella gozaba con alaridos contenidos; él le frotaba el culo con el flogger y le decía cosas al oído. Se movía con soltura y seguridad, no se sentía inhibido por ser más bajito que ella. Con Sofi nos mirábamos: ¿dónde estaban Kubrick, Tom Cruise y Nicole Kidman?

Luego vino el momento de los “vainillas”. Esos éramos nosotros, los virgos del lugar. Nos dieron una bolsa con látigos, azotes y floggers. Todo muy higiénico. Primero agarré una fusta, empujé a Sofi contra la pared. Ella apoyó las manos sobre la pared como esposada y sacó la cola. Se metió bastante rápido en el personaje, pensé. Me puse a cierta distancia y miré a mi alrededor. A todos se los veía entretenidos. Pegué una, dos, tres veces. Entre cada golpe le preguntaba a Sofi si se la bancaba y trataba de hacer algún chiste pero no me salía. El cuarto golpe lo erré y se lo pegué en la espalda. Ahí sí duele.

Subimos nuevamente y en la barra nos quedamos hablando con el chabón de la bandana, treinta años y director de la radio Mazmorra. Nos explico que todas se lo querían coger a Noel porque “es el que la tiene más grande en la comunidad”. Le contamos que estuvimos escuchando la radio y ahí arrancó a contarnos sobre sus ideas y proyectos, nos enumeró los programas que estaban al aire (“Dos caballeros desviados”, “Military Mode”, “Drag me to hell”, “Tiempo de azotes”), nos contó que estaba escribiendo radioteatro y que él mismo hacía las voces de todos los separadores. Ahí nos contó que cuando era playero en una estación de San Isidro, Fernando Peña pasaba con su auto y le decía “¿No me vas a llenar el tanque, puto?” y se iba. Aclaró que no le gustaba el periodismo no especializado. “Hace un año fui al programa de Andy (Kusnetzoff). Fui al pedo, obviamente. Las preguntas eran malísimas y Andy definitivamente es un oligofrénico”. Me cayó bien “Bandana”.

Cuando nos estábamos por ir, nos presentaron al dueño del bar, un hombre grandote con barba tupida y campera de cuero. Nos dijo que muchos miembros de Mazmorra nunca van a los eventos, no muestran la cara. Todo queda en el chat, los foros y el mundo virtual. “Que hayan venido ya es señal de que hay algo que les gusta. Van a volver, créanme”, dijo el dueño con una sonrisa.

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