“Falto al trabajo y me voy a caminar”

Captura de pantalla 2013-07-10 a la(s) 09.14.51Motivos particulares

Ana Ojeda

Editorial Pánico el Pánico

$ 60 / 59 Páginas

Por Leticia Martin // @leticiamartin

¿Cómo se camina una ciudad, un barrio, una vereda? ¿Cuál es el territorio de una escritora porteña? ¿Qué caminos transita, qué hay en el cajón de su escritorio, qué mira por la ventanilla del bondi, cómo sueña con el sexo opuesto? Ana Ojeda está escribiendo una novela y de pronto, como buena flaneur, la cuelga y empieza Motivos Particulares. Por qué lo hace no importa. Desvía su objetivo y se deja llevar por la inquietud, la curiosidad de la frondosa Buenos Aires, sus esquinas con sus vecinos, los recovecos escondidos, las calles nada transitadas. “Hay algo de realismo mágico en el cadente movimiento de esos muslos envaquerados, que comen vereda con natural tranquilidad”.

Ojeda inventa términos, se apropia el lenguaje sin pudores y abre una falla en el terreno de la lengua. “El jean conchero, encajado hasta los omóplatos, reventante de carne y humanidad, abre ojos, ensancha narices, despunta jadeos”. La ciudad se vuelve una ciudad determinada. La mirada que la recorta y la ensambla como en un collage escribe una reversión de Buenos Aires. Una ciudad nueva y femenina, en el mejor sentido de la palabra.

Hasta acá lo de siempre. Las Aguafuentes porteñas de Roberto Arlt, las Crónicas viajeras de Hebe Uhart. Pero Ojeda no copia, si bien se deja influenciar. Ojeda no espera ser fácilmente digerida. Sus párrafos, a mitad de camino entre el capítulo de una novela y la entrada diaria de un blog, producen la marca profunda de lo personal, caminan Boedo con la voz de Florida, eligen provocar con la elección de las palabras. Ojeda no se deja atrapar por un género, simplemente escribe. Como quien sigue el impulso de caminar Almagro y se pierde en sus veredas por mirar el sol. Como quien llega tarde a las obligaciones cotidianas por escribir teorías en el aire. El texto de Ojeda es un desvío en la rutina de nuestros claustros mentales. Una barriada infernal escrita con voces de otras épocas, con términos propios y un vocabulario enriquecido por la propia invención. Por momentos hay una narradora en tercera, mirándose a sí misma desde afuera, y por momentos lo hace en primera persona. “Yo me alimento. Es decir: me enseñoreo de mi instinto, lo busco, lo encuentro y lo ejerzo, para quitar la vida”.

También se percibe un empecinamiento con el punto final: “Va, va, va,” termina la frase en coma, inventa Ojeda un munulú, pinta a los asalariados, toma mate y da instrucciones. Sin errar Ojeda dibuja, tira los trazos de esa vecina de almita buena, alerta de sus malas intenciones, se autodefine como un avE majestuosa. Motivos particulares es un conjunto de aguafuentes femeninas, desprejuiciadas, porteñas, un viaje astral por los barrios del tango y el arrabal, un “falto al trabajo y me voy a caminar”.

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