Escenas en las que terminás llorando

Por Florencia Blanca // florencia.blanca@yahoo.com

Ya que entre las prioridades del festival Romántica Buenos Aires se hallaba el encuentro entre escritores y lectores, asistimos a la mesa redonda La pasión en la novela romántica y damos cuenta de las preguntas que el público le dirigió a las autoras Ana María Cabrera, Claudia Barzana, Gabriela Exilart, Anabella Franco y Magalí Varela.

Charla

¿Cómo se vive la pasión cuando es agresión?

Gabriela Exilart: Es un desafío poder llegar a una escena violenta y transmitir lo que se quiere transmitir. Es la contracara del amor, de lo sensual. Es lo forzado, es lo oscuro, lo bajo, lo no querido. Esta novela [Tormentas del pasado] es una novela cargada con mucha violencia de género y mucho apuntado al tema sexual, al sometimiento de las mujeres. Se marca bastante la cuestión del abuso sexual y de la violencia que se ejerce sobre las mujeres porque fue un tema que yo quise resaltar, de todo eso que no se dice, de todo lo que se calla y que ocurre y definitivamente ocurre más de lo que uno quisiera. Es fuerte estar del otro lado y ponerse en la piel del otro personaje, en la piel del agresor.

Ana María Cabrera: Yo también hice escenas de violación en Cristián Demaría, por los derechos de la mujer. El capítulo se llama Violencia de toros. Es la violación de la nana de Cristián que después va a ser el defensor de la mujer y la comparación con la corrida de toros. Se muestra la brutalidad con que la penetran; y la brutalidad de la corrida de toros. Una escena y otra continuamente. Fue muy fuerte. Yo también trabajo con la violencia de género y realmente creo que es una misión, que nosotros tenemos que generar conciencia a través de la literatura. Si bien uno no escribe de modo terapéutico, sí hay que decir que la escritura ayuda.

Durante la charla, las escritoras dan cuenta de su proceso de escritura y la construcción de personajes. En lo que respecta a los encuentros entre ellos Gabriela Exilart dice: “es muy difícil ser sensual sin pasar el límite, sin caer en otro lado. Por más que uno describa una imagen, es muy difícil lograr que sea sensual. Una lectora me dijo de una escena  de Tormentas del pasado ‘Gabi, hay una escena que es sumamente sensual y nadie la comentó’. Es la escena del jardín de rosas cuando ella se pincha y él le chupa el dedo. Le chupa la sangre. Es cierto, es una escena súper sensual, pero no hay prácticamente más que eso. Es muy difícil lograrlo.”

 

¿Pueden explayarse sobre la delimitación entre lo sensual y lo pornográfico? ¿Cuál sería el peligro de llegar a algo muy sexual?

 Claudia Barzana: En mi caso pienso que no hay ningún problema. El límite lo pone la pluma del escritor. Yo creo que hay un tema de gusto, de estilo, tanto en el relato como en las descripciones de las escenas sexuales. Cada una tiene su estilo para contarlo y eso esta bárbaro.  Después no creo que exista una cuestión en cuanto a “si es pornográfico o no”.

Ana María Cabrera: A mí me sorprendió que al público masculino le gustara cuando yo hablo de esa primera noche entre Felicitas y Álzaga, donde muestro la desnudez del hombro izquierdo, el tobillo. Y todo eso nada tiene que ver con la pornografía que es explícita. Hay gente que ve cine pornográfico, y a la vez se emociona frente a esto. Es justamente lo que falta. La sugerencia. Esa pizca de sutileza que la pornografía no tiene.

Anabella Franco: Yo creo que, más allá de lo explícito, en lo pornográfico muchas veces no encontramos una trama que conduzca a la historia. En la novela romántico-erótica tiene que haber una trama de peso.

A la hora de escribir, ¿ponen en juego lo personal o se manejan como un director de cine?

Gabriela Exilart: Yo creo que ninguna de las escritoras que estamos acá podemos despersonalizar nada. Sea en una escena de sexo, en una escena de vínculo amistoso, o incluso en una escena de muerte o accidente, siempre uno quiere transmitir algo que está ahí guardado y que de alguna manera tiene que salir. Yo creo que todas de alguna manera dejamos algo personal y no estamos como un director viendo la escena de lejos.

Magalí Varela: Cuando uno escribe trabaja lo que no pasó, lo que pasa y lo que quiere que pase. Y la memoria emotiva también.

¿Se puede encontrar pasión en un personaje frío?

Anabella Franco: En el caso de Nada más que una noche, Nicolás es un personaje muy sensible. Se escuda en la imagen de una persona fría. ¿Cuántas personas en la realidad encontramos que son así? Que están escudados en una personalidad fría y su pasión está escondida, como si no fuera permitida. ¿Por qué no puede un hombre llorar? Eso también es un desafío. Ustedes a veces odian a tal personaje o aman a otro ¿Pero se imaginan lo que es para una cuando lo está escribiendo? Hay escenas que yo termino destrozada, llorando. De todos modos me parece que está muy bueno eso, porque yo considero que cuando escribo lo que volqué en el texto llega a ustedes a través de las páginas. De alguna manera llega al lector. Donde yo lloré a veces me sorprende porque las lectoras me cuentan “lloré como loca”. Con la pasión que una lo escribe, a pesar que pase por el editor, por la imprenta, por el librero, por el distribuidor, por todo el mundo, llega a los lectores. Entonces esa pasión que uno deposita, ya sea que lloré, ya sea que me reí, después va a llegar a ustedes.

Magalí Varela: Al frío siempre hay que encontrarle algo que lo derrita. Y ahí ya se escribieron otra novela chicas.

Claudia Barzana: No está mal tampoco. Porque en la vida también los hay. No todos viven con pasión o viven la vida de manera apasionada. Entonces me parece que está bien que haya un personaje así. Y no tendría porque mutar tampoco.

Anabella Franco: Hay una esencia del personaje que siempre se mantiene. Es el alma. El ser.

Ana María Cabrera: Pensando en la historia de la literatura clásica, hay un personaje en la literatura francesa, en Madame Bovary de Flaubert, que es Charles Bovary. El marido de ella no se da cuenta de nada y desde el principio hasta el final es un testigo mudo. El escritor, los críticos, los lectores, hemos visto que el autor inconscientemente pone a ese personaje que no se modifica frente a las turbulencias de esa mujer apasionada. Él es el testigo mudo del desastre de ella, pero no cambia. Él se da cuenta cuando ella se suicida. Y dice “Oh ¿Qué pasó?”. Es un personaje totalmente parejo. Y que también son necesarios porque hay personajes así en la vida. La literatura es espejo de la vida.

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